El cansancio es el enemigo mortal de la productividad. Lo obvio de estas palabras no les quita validez. Sin embargo, parece que esta verdad tan básica es un misterio que no se ha podido resolver. Por alguna extraña razón, hay cierto remordimiento en sentirse cansado y una gran resistencia a expresar la necesidad de tomar un tiempo para descansar. Pero el cuerpo habla y la mente se expresa. Cuando las pausas de todos los días y el sueño por las noches son insuficientes, si en la mañana el esfuerzo por dejar la cama es cada día más rudo y al llegar la hora de acostarse el insomnio no deja dormir, hay que hacer una pausa.

La falta de potencia después de un esfuerzo continuado, el trabajo arduo y la consistente merma de las capacidades físicas e intelectuales son signos que se deben atender y el descanso se convierte en algo necesario.

Cuando estamos cansados, en forma casi imperceptible entramos en círculos de somnolencia y aburrimiento que desencadenan hastío, tensión emocional, falta de energía y nos lleva a aproximarnos a la desilusión y la infelicidad. De un momento a otro se desencadenan círculos viciosos. Las cosas empiezan a salir mal o cuesta mucho realizarlas, y no entendemos por qué. La fatiga es sigilosa, es un síntoma que afecta a muchos que se niegan a reconocer que la padecen. La maravilla es que todos estos síntomas desaparecen después de un buen periodo de descanso.

La relación que existe entre el cansancio y el descanso es directamente proporcional a la efectividad que mostramos al desempeñar nuestras tareas cotidianas. Y, aunque es evidente, pocas veces ponemos atención en esas señales que nos alertan sobre la falta de vigor y entusiasmo.

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Tenemos una gran tolerancia al agotamiento y nos negamos a ver cómo nuestro tanque de energía se va acabando. Peor aún, evitamos reconocer que necesitamos descansar, como si eso fuera una debilidad y no una necesidad humana. Lo curioso es que la efectividad tiene una relación inversamente proporcional a la extenuación.

Al estar cansados, las musas vuelan y la inspiración falta. Los errores que antes eran raros, hoy se convierten en algo de diario, y el mal humor se hace presente con mayor frecuencia. Los olvidos y los descuidos, que antes no sucedían, ahora pasan cada vez más seguido. En fin, el cansancio y el desempeño se llevan mal.

El descanso trae frescura a la mente y prepara el terreno para que la creatividad germine. Hacer cambios en la rutina, salir de vacaciones propicia quietud, y un cambio de aires quita el polvo mental que se ha acumulado gracias a la fatiga.

Resistirse a salir de vacaciones es un error. Un cambio de escenario obra maravillas en formas prodigiosas. Salir y ver cosas diferentes nos hace dejar la caja que encierra la visión y nos ayuda a adquirir otro punto de vista. Así, desde otra perspectiva, el cerebro encuentra conexiones que antes no alcanzaba a procesar por estar ensimismado. El descanso abre puertas y ventanas a la imaginación y al criterio.

Un cuerpo que ha recibido sus horas de descanso es casa perfecta para una mente creativa. Una mente que ha tenido la oportunidad de refrescarse es fuente de nuevas ideas. Al salir de la cotidianidad se escuchan armonías distintas, se satisface un impulso de curiosidad y se abren posibilidades al ver algo diferente. Incluso, una pequeña alteración a las costumbres, como caminar a diferente hora por el mismo lugar o sentarse a tomar un café y platicar con un viejo amigo, puede obrar maravillas. Descansar es importante para la salud física, mental y laboral. Una cabeza fresca es mucho más productiva.

No obstante, falta ejercer adecuadamente una cultura alrededor del descanso. Pedir vacaciones al jefe, en muchas ocasiones, parece tan difícil como solicitar un aumento de sueldo. Avisar a nuestro equipo de trabajo que nos vamos a ausentar para tomar nuevos aires resulta muy complicado. Es necesario darle un carácter natural al tiempo que requerimos para recuperarnos y estar listos para lo que sigue.

La confusión alrededor de las bondades que se generan con el descanso va en ambos sentidos de la línea jerárquica. Hay jefes a los que les encanta tener a su gente sentada y en sus puestos, cumpliendo horarios, en vez de concentrarse en los objetivos. Dejan de entender que después de cierto tiempo la creatividad desfallece y muere a causa de la fatiga. La irritabilidad, la indiferencia, el aburrimiento y el resentimiento van ganando espacios y, consecuentemente, la productividad decrece.

Hay personas que sienten que estar ahí sentado, ocupando un lugar, haciendo presencia, es lo adecuado. Dejan transcurrir las horas, tal vez jugando con el teléfono, leyendo el periódico, consultando redes sociales, comiendo en el escritorio o dormitando sin hacerse cargo de la terrible falta de productividad que eso representa. Salir de vacaciones trae la oportunidad de sacudirse las moscas y regresar con nuevos bríos.

¿Cuántas empresas prefieren pagar las vacaciones en lugar de mandar a su gente a disfrutarlas? ¿Cuántos empleados piden el pago de sus días de descanso en vez de salir de la oficina? Así, una mala práctica se convierte en lo común, y las consecuencias se ven en el entusiasmo del equipo de trabajo. Dejar de lado las vacaciones es tan inteligente como pegarse un balazo en una pierna.

El cansancio es caldo de cultivo de estrés, de emociones negativas y de empeoramiento de la salud. La resistencia a darnos cuenta de que necesitamos una pausa tiene que ver, unas veces, con el miedo a ser mal percibido, y otras, con un ego que nos dice que si no estamos pegados a la computadora, contestando mensajes o al pendiente de la oficina, todo se vendrá abajo. Nada se desmorona mientras tomamos vacaciones y la mejor forma de estar listo para lo que sigue es teniendo el vigor necesario.

Las mejores ideas llegan a las mentes que están relajadas. Arquímedes gritó “¡Eureka!” mientras estaba tomando un baño de tina. Isaac Newton entendió la gravedad mientras estaba sentado bajo un manzano, leyendo. Herman Miller escribió Trópico de Cáncer gracias a lo que observó mientras caminaba por las calles de París. Michel de Montaigne pasó horas sentado en cafés de Burdeos, viendo gente pasar, y así escribió sus mejores ensayos.

Insisto, el cansancio es el enemigo mortal de la productividad. Lo obvio de estas palabras no les quita validez. No es algo tan espinoso. Si por alguna extraña razón hay cierto remordimiento en sentirse cansado y una gran resistencia a expresar la necesidad de tomar un tiempo para descansar, toma una raqueta, mete el traje de baño a la maleta y sal a tomar vacaciones. Verás cómo, al regreso, ese problema irresoluble, ese obstáculo insalvable, ese tema imposible de tratar tienen una dimensión diferente y todo toma su lugar.

 

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