Si no hubieran vivido un caos, los millonarios no hubieran aprendido ciertos valores ni fraguado ideas que hoy los hacen exitosos, al menos económicamente.

 

(Para una mejor experiencia y maridaje, el chef autor recomienda leer este artículo mientas se escucha la canción Madness del grupo Muse).

Mi padre seguido recuerda sus clases de termodinámica, y a sus 74 años aún conserva su cuaderno de la materia. Por el trauma de tener un profesor exigente, dice que a veces tiene pesadillas; sueña que está en clase y lo pasan al pizarrón a calcular la entropía de algo. De ahí conocí por primera vez el término con que aquí uno a los millonarios.

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La entropía es, en términos profanos y entendibles para un servidor, la energía que no se puede utilizar en un sistema cerrado. Por ejemplo, una planta hidroeléctrica convierte el movimiento del agua en electricidad. No todo el movimiento se aprovecha, así como no todo el calor de una estufa se utiliza para hervir un pocillo de agua. La entropía es la medida de esa energía no utilizada. En un sistema cerrado, la entropía tiende a crecer; eso significa que cada vez menos energía es utilizable.

Un reloj de cuerda deja de funcionar gradualmente porque la energía latente en su muelle se utiliza para mover las manecillas del reloj, y parte de esta energía se convierte en calor irrecuperable. Debido a que el calor no se puede reconstituir en energía utilizable, esta energía se pierde irremediablemente, y el reloj no puede darse cuerda por sí mismo. Eso que se “pierde” se debe a la entropía.

Muchos irreverentes e ignorantes iconoclastas (me incluyo) han relacionado directamente esto con la teoría del caos, entendiendo a la entropía como una medida de lo que no está ordenado, y a la teoría del caos como una tendencia irremediable de los sistemas a caer en el desorden.

Pero como los físicos, químicos y otros científicos se enojan cuando uno utiliza este concepto para cuestiones ajenas a la termodinámica, diré que sólo lo usaré de buen pretexto para presentar situaciones realmente caóticas que han vivido personas que hoy gozan de grandes fortunas y empresas exitosas. Mi teoría es que si no hubieran vivido ese caos, ellas no hubieran aprendido ciertos valores ni fraguado ideas que hoy los hacen exitosos, al menos económicamente.

El desorden en grado de caos es muchas veces necesario para ver la realidad, es el esclarecedor de que existe “algo más”, y sólo entonces se encuentra esa verdad detrás de una idea propia en la que nadie cree al principio porque no la pueden ver. El confort de un sistema que se cree de baja entropía hace que las personas no necesiten ver o hacer algo diferente. (Lee también: El mejor consejo: vislumbra oportunidad y abundancia.)

Lo curioso con este símil de entropía-caos-oportunidad es que existen varios escenarios que, aunque parecen dilemas, son en realidad perfectamente compatibles:

  • Una persona que vive en la certidumbre vive en un orden sólo aparente, y tiende a creer que no se está deteriorando el sistema al que pertenece, sistema donde él es una pieza de un subsistema que se deteriora a pasos agigantados cada día. Un empleado dura 20 años en una empresa en su mismo puesto, con su mismo salario, con su misma carga de trabajo. ¡PUM! Lo corren. Viene el caos instantáneo, y muchas veces la desmoralización es tal que es imposible crear otro sistema.
  • Una persona que vive en la incertidumbre, percibida a partir de su inconformidad, está más dispuesta a cambiarse de sistema e intentar cosas diferentes. Válgase el pecado nuevamente de usar la analogía con termodinámica, la alta entropía hace que la cantidad de energía utilizable para el trabajo sea baja; es energía poco utilizable para ese subsistema al que pertenece. Esta persona lo percibe y se cambia de sistema.
  • Una persona no vive en la certidumbre ni en la incertidumbre. Aunque no lo note, el sistema en que esté, el que sea, tiende a deteriorarse. Mejor sería que lo notara para poder ELEGIR un sistema que le permita subsistir con energía de calidad y utilizable por el mayor tiempo posible (ideal que durara más que su propio sistema corporal humano).

Digamos que tu sistema cerrado se descompone, tu viejo despertador ya no funciona, tu auto del 98 ya no camina. Cuando esto sucede tendemos a reparar el daño, y esto es como reparar un viejo amor: no sale bien… es un perro zombi salido de Cementerio de mascotas. Parece más sencillo, o al menos más cómodo, pero la “entropía” se encarga de que el caos aumente si te quedas ahí viendo. Tienes que crear otro sistema, salir de esa caja cerrada para crear lo impensable, un universo alterno:

Howard Schultz, el billonario dueño-CEO de Starbucks, vivía en un complejo habitacional para pobres. Dice que un día se dio cuenta que “del otro lado” había más recursos, más dinero, familias felices, y que por alguna razón, que no sabe cuál es (yo si sé), decidió cambiarse de lado. Quería hacer cosas por encima de lo que la gente creía posibles. Así pasó de ser vendedor de Xerox a otros puestos. Sus jefes no creyeron en su idea de crear un ambiente, más que vender café, y eventualmente terminó comprándoles el negocio. Hoy es curioso ver cómo es muy fancy llevar un café de 50 pesos en la mano cuando la idea la tuvo una persona muy sencilla que era pobre y que no ha olvidado sus orígenes.

Do Won Chang, fundador de la marca Forever 21, atendía gasolineras, una cafetería y también fue personal de limpieza. Tenía tres trabajos para salir al paso cuando llegó a Estados Unidos en 1981. En 1984 ya tenía su propia tienda de ropa.

Ralph Laurent atendía en una tienda de Brooks Brothers y se preguntaba por qué las corbatas eran tan aburridas. Decidió crear sus propias corbatas. Su apellido no era Laurent; él se lo inventó para que sonara más cool. Hoy es casi un noble y su apellido es sinónimo de hiper hype (¡oh! que lámpara tan fina… es que es Ralf Loooraann… se pronuncia como en francés, amiga).

Larry Ellison, creador de Oracle, abandonó la universidad después de que su madre adoptiva murió. Durante ocho años tuvo trabajos poco remunerados, ocasionales y de baja responsabilidad. Entre otras muchas cosas, IBM no creía que sus productos se vendieran. Larry dice que nunca ha cesado de cuestionar la sabiduría convencional. Pobre Larry, ¿cuántos millones vende Oracle al año?

Juan Antonio Hernández, mexicano multimillonario dueño de Autofin, vendía autos usados, no sin antes haber pasado por todos los puestos de una empresa automotriz desde los 16 años (cajero, valuador, entre otros). Un buen día vio a su jefe de aquel entonces y se dijo: “en siete años no me gustaría verme como él”. Su esposa fue parte importante de su éxito, pues confiaba exageradamente en él, según sus propias palabras. La crisis, su mejor aliada: inflación alta y pocos créditos son el paraíso del autofinanciamiento (que no es otra cosa que una gran tanda muy bien organizada). Hoy puede gastar 3,000 millones de pesos en un desarrollo en Acapulco… ¿Cuánto, perdón..? ¿Me toma mi Jetta a cambio?

A J. K. Rowling, la creadora de Harry Potter, la corrieron de su puesto de secretaria en Amnistía Internacional, por estar soñando despierta más de la cuenta… pensaba demasiado en Potteee. Escribió el cuento con todo y que tenía depresión clínica (incluso pensó en suicidarse), divorciada, sin dinero y con una hija muy pequeña que cuidar llamada Jessica.

Bueno, la lista de ejemplos podría seguir, pero a mí me urge derivar de esto algunos principios que observo:

El caos provoca el fin de un sistema de trabajo. Puedes quedarte en el sistema hasta que revientes: en Brooks Brothers, en la VW, en la gasolinera, o vendiendo Xerox. Hazlo si quieres. Pero también puedes crear tu propio sistema.

El caos es necesario para despertar. Si hoy te sientes mal, deprimido, insatisfecho. Tal vez te duele la cabeza, no tienes auto, algún familiar está enfermo, te pagan mal. Tranquilo, puedes cambiarlo. Nota este extraño hecho: para despertar es indispensable estar dormido. Hoy vives una pesadilla; sin esa pesadilla no querrías despertar. Estarías a gusto, dormido, siendo ordeñado de tu energía por máquinas como en la película Matrix.

Afortunadamente, el caos es el principio del cosmos (del griego κόσμος, orden) y viceversa.

Imagina el espacio y el principio del Universo:

Nada y silencio… ¡Bum!, Big Bang, caos… una explosión que arroja materia a todos lados… Calma nuevamente, sistemas planetarios… Vida, orden.

¿Quieres orden y una vida? Aprovecha ese caos, tu propio Big Bang para crear un nuevo universo.

De postre, el chef recomienda escuchar el concierto “Emperador”, de Beethoven.

Nota del autor: Agradezco las recomendaciones profesionales sobre física de Rebecca Melgar Casarrubias y las referencias biográficas obtenidas de Business Insider.

 

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