Una nueva ola de escándalos sexuales brotó a inicios de este otoño. Desde personalidades del mundo del espectáculo, gente poderosa en posiciones gubernamentales, personajes vigorosos que pensaron que ya sus fechorías habían quedado en el olvido, hoy reciben el llamado del pasado. Harvey Weinstein, Kevin Spacey, el candidato republicano Roy Moore, el mismísimo presidente Trump y tantos otros que nos llegan a la mente, son sólo la punta de una hebra larguísima que se extiende a lo largo de la historia. Más allá de la noticia picante, estos bullicios nos recuerdan un problema persistente que no se ha podido erradicar del ambiente laboral: algunos poderosos sienten fascinación por abusar de sus subordinados.

Las preguntas que quedan en el tintero es: ¿Qué causa este comportamiento y qué podemos hacer para evitarlo?  Sabemos que casi cada empleador que estime la cordura tiene políticas que buscan prevenir conductas inapropiadas en la oficina y que cada vez son más duras las sanciones a quien moleste sexualmente a alguien en el ambiente laboral. A pesar de ello, no ha habido grandes avances en la prevención. Seguimos enterándonos de este tipo de casos y peor aún, no nos sorprendemos. Hay una especie de conocimiento que no tolera, pero que prefiere mirar a otro lado. Los acosadores lo saben, no cuentan con la aprobación y tal vez tampoco con la complicidad, pero tienen al disimulo y al miedo de su lado.

Tristemente, cuando sale a la luz alguno de estos escándalos, también suceden dos cosas: hay más víctimas que se atreven a denunciar y hay quienes empiezan a declarar que ellos ya lo sabían. Sí, y no hicieron nada más que guardar silencio. ¿Por qué? Porque el miedo se contagia y porque no se sabe qué hacer. Para ello, el mejor antídoto es el método y la capacitación. Debemos de tener un procedimiento claro y accesible de denuncia y debemos entrenar a nuestro personal a levantar la mano y dar a conocer estos casos sin temer represalias.

Según Scientific American, la capacitación contra el abuso sexual hace que el tema se eleve a un grado de seriedad que nadie toma a la ligera. Asimismo, el entrenamiento promueve una cultura organizacional que inhibe este tipo de prácticas. Por lo tanto, debemos hacer conciencia en nuestro equipo de trabajo de tres aspectos primordiales:

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  1. El ámbito laboral es un espacio donde se practica la ética.
  2. El lenguaje inapropiado, las actitudes cínicas, las conductas abusivas deben ser desterradas del lugar de trabajo. Es preciso tener cero tolerancia a bromas que ofendan en cualquier sentido.
  3. La rigidez en estos temas abona a la seriedad de trato entre el equipo de trabajo y esto lo lleva a un nivel más profesional.

Para Bingham y Scherer, autores de Los efectos inesperados del entrenamiento contra abuso sexual,  la intolerancia frente al tema es sólo el primer escalón. El método de denuncia debe de ir acompañado por tres áreas de mejora en las organizaciones:

  1. Se necesita una cultura organizacional que promueva el trato profesional y que aliente el trato respetuoso. Los niveles de alta dirección deben estar muy atentos y deben dar ejemplo. Tendrán que acudir a los cursos de capacitación contra el abuso sexual y verificar los datos sobre el ambiente que se reporten. También deberán ser muy claros en torno al compromiso que tienen frente al tema.
  2. Los directivos deben implementar herramientas de evaluación del ambiente de trabajo que les den información sobre los límites y fronteras que existen entre un ambiente cordial y uno abusivo.
  3. Los detalles deben ser cuidados, es decir, el lenguaje ha de ser profesional, los códigos de vestimenta han de ser concordantes con el trabajo que se desempeña, el trato debe ser cordial, amable cuidando el respeto como el valor que se defiende siempre.

Para Bingham y Scherer la adopción de este tipo de políticas da un mensaje muy adecuado que tiene un efecto multiplicador. El equipo de trabajo tiene claro cuáles son los límites y las fronteras adecuadas para la convivencia y el mercado acusa recibo de que a la organización le interesa cumplir con las reglas de probidad mínimas en términos de avenencia.

Precisamente por ello, la claridad en los términos y la transparencia en los procedimientos se deben premiar. Los integrantes del equipo de trabajo deben ser capaces de evaluar con objetividad los avances que se van alcanzando. La importancia de esta iniciativa es que sirve como indicador de que la empresa tiene un compromiso sincero por apuntalar una cultura organizacional en la que hombres y mujeres serán tratados con respeto en el lugar de trabajo.

Es importante resaltar que el abuso de toda índole y con más énfasis el abuso sexual crece, como la hierba, entre las grietas. Es como esa planta venenosa que se abre camino entre el asfalto, así el despotismo, la exigencia malsana, las conductas inapropiadas brotan si la organización tiene fisuras, inconsistencias, incoherencias y contradicciones.

En esta condición, la tolerancia cero es el remedio. Es decir, adoptar un enfoque de seguridad laboral que se basa en castigar severamente cualquier infracción y abuso sin importar la gravedad de la falta cometida, reduciendo al máximo el retardo entre la comisión del abuso y la respuesta punitiva. La tolerancia a la falta es eliminada, por lo que no se tienen en cuenta circunstancias atenuantes a la hora de castigar delitos o faltas.

Si la denuncia no ha tenido tan buenos resultados -en veinte años los casos han aumentado en vez de disminuir-, es porque las consecuencias son a toro pasado. En cambio, si empleadores, emprendedores, ejecutivos, alta dirección se compromete a profesionalizar la cultura organizacional y a tener cero tolerancia frente al tema, se conseguirán mejores resultados. Es mejor prevenir que lamentar.

 

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Blog: Las ventanas de Cecilia Durán Mena

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