El desarrollo turístico de Mukul es el inicio de un amplio proyecto del presidente de Grupo Pellas para hacer de Nicaragua un destino obligado, aunque sus planes de negocio en este sector traspasan fronteras.

 

Por Auxiliadora Rosales y Uriel Naum Ávila

 

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El sector turístico tiene muy entusiasmado a Carlos Pellas. Y junto con el Ron Flor de Caña –por lo que éste ha significado en la historia de la empresa desde 1937– son dos de los nichos de negocio que más le apasionan entre las casi 30 compañías que conforman el grupo que preside.

En su oficina del Centro Pellas, en Managua, desde cuyo balcón se observa prácticamente toda la ciudad, Carlos, de 61 años, puede, incluso, romper con su rutina laboral para seguir hablando hasta pasada la tarde de sus dos negocios preferidos.

Carlos dice haber encontrado en el turismo el plan perfecto para reponerse después de haber tenido que vender BAC Credomatic –la venta del banco fue obligada; eran años de crisis global y Wall Street exigió a GE vender su participación (tenía 49.9% y Grupo Pellas 50.1%)–, toda vez que los proyectos que se construyen son de largo aliento y el crecimiento en la economía local y los empleos generados de alto impacto.

Pero ¿por qué tener fe en un negocio como éste en un país que se ubica en la posición 95 entre los 140 que conforman el índice de competitividad turística del Foro Económico Mundial? Posiblemente porque es el mismo país en que a los 26 años tomó la dirección del grupo con tan sólo tres empresas, después del despojo sandinista de varias de sus unidades de negocio, a finales de los setenta —le confiscaron una institución financiera, un banco, una inmobiliaria, un centro comercial y 10,000 cabezas de ganado, entre otros—, hasta convertirlo en uno de los consorcios más importantes de Centroamérica; porque de un ron que tomaban los trabajadores de su ingenio azucarero hizo una bebida internacional que se ubica en 40 países y compite en precio con marcas como Johnnie Walker, y porque cuenta con una herramienta que no tenían sus antepasados navieros: las redes sociales, con las que intenta difundir a nivel mundial la Costa Esmeralda de Latinoamérica.

También porque tratar con los líderes del sandinismo durante varios años le despertó un instinto negociador que hoy le permite hacer alianzas en la región con empresarios de la talla del panameño Stanley Motta o el costarricense Francis Durman, asegura, con quienes ya explora proyectos turísticos fuera de su país.

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Foto: Gretta Hernández.

 

El gran proyecto

“¿Por qué Michael Douglas (@KDouglasMichael) y Morgan Freeman (@Morgan_Freeman) se están reuniendo en Nicaragua? #mukul lo explica, se lee en uno de los tuits que estuvieron circulando hace algunos meses durante la visita de ambos actores de Hollywood al país centroamericano. Pero no son los únicos personajes que han visitado Mukul; también lo han hecho otros como Catherine Zeta-Jones, Scarlett Johanson, miembros de la realeza europea, millonarios rusos y altos directivos de la famosa firma de fondos BlackRock.

“Esta gente sale de Nicaragua y empieza a tuitear a millones de fans lo bueno que sucede aquí. Da una nueva imagen al país, sobre todo a aquella gente educada, con títulos universitarios, que piensa que a esta altura seguimos en guerra como en los ochenta”, dice Carlos Pellas.

Si no fuera por Mukul y la larga lista de ricos y famosos que ha atraído, probablemente el nombre de Nicaragua no sonaría, por lo menos no en este momento, considera Lucy Valenti, impulsora del turismo en Nicaragua y representante de la firma Turismo e Inversiones. “Esta promoción directa contribuye a mejorar la imagen del país y lo posiciona como destino de alta calidad, y probablemente también atraerá inversión porque es posible que a alguno de ellos (los visitantes) le guste tanto el sitio que desee poner un hotel aquí.”

En esta primera fase del proyecto, Carlos Pellas ha invertido 100 mdd de los 300 mdd del costo total del proyecto. Mukul Beach, Golf & Spa se ubica en Tola, Rivas, a unos 124 kilómetros de Managua, la capital del país.

El lujoso resort —que cuenta con unas 650 hectáreas— se inauguró el 12 de enero de 2013, aunque empezó a operar el 1 de febrero del mismo año.

A decir de Carlos, el objetivo de este resort es uno: ser la chispa que haga de Nicaragua uno de los próximos destinos turísticos obligados de Centroamérica.

“(El proyecto turístico de Grupo Pellas) es un claro ejemplo de que Nicaragua tiene un tremendo potencial para desarrollar un producto de calidad mundial, como lo ha hecho Costa Rica, más aún cuando nuestro país cuenta con mucho más recursos naturales y culturales, pero se necesita inversión”, menciona Valenti.

“Una de las grandes frustraciones de quienes hemos luchado desde hace años para impulsar el desarrollo del turismo nicaragüense era que ningún empresario de gran capital se había decidido a invertir en este sector. La gran mayoría de las empresas turísticas en Nicaragua son pequeñas y medianas (Pymes) y los grandes hoteles son inversiones extranjeras.”

A su corta edad, Mukul acuña premios y distinciones por su lujo, confort y calidez. El más reciente es el World Travel Awards 2014, que lo ubica como el Mejor Hotel Líder, un premio al que aspiran lo más sobresaliente del turismo de Centro y Sudamérica. La piscina del club de playa ha sido catalogada como una de las 10 mejores del mundo, según publicó el Huffington Post en su sección de viajes. Su spa, diseñado por el consultor Ángel Vezine Stewart, fue merecedor del premio The Best of the Best 2013, otorgado por la Red Internacional de Viajes de Lujo Virtuoso, que lo calificó como “excepcional” en la categoría de mejor spa por su conjunto de seis casas que ofrecen una variedad de terapias de relajación.

Pero Mukul no sólo es un megaproyecto turístico de mucho beneficio para la promoción internacional del destino de Nicaragua, sino de responsabilidad social empresarial. “El año pasado fue merecedor del galardón Güegüense de Oro a la Excelencia Turística en la categoría de responsabilidad social empresarial que entrega la Cámara Nacional de Turismo (Canatur)”, recuerda Sylvia de Levy, presidenta de ese organismo.

El destino no es un producto terminado. Grupo Pellas trabaja en una segunda etapa, que consiste en la construcción de una marina, aeropuerto para jets y más área residencial, cuya inversión ronda los 150 mdd.

El desarrollo de infraestructura que menciona el presidente de Grupo Pellas no es una cosa menor. De acuerdo con el Plan de Desarrollo Turístico Nacional, para el año 2020 Nicaragua deberá tener aproximadamente 22,000 habitaciones, el doble de las 11,000 con que se cuentan en la actualidad y que en su mayoría están por debajo de las cinco estrellas.

“Esto sólo puede hacerse con una estrategia de promoción muy agresiva para captar la inversión que el país necesita”, considera la presidenta de Turismo e Inversiones.

Sylvia de Levy, presidenta de Canatur, señala que la infraestructura del país es uno de los mayores retos: “Se necesitan más habitaciones de hoteles, carreteras, acceso a sitios de interés y seguir trabajando en la prevención y el mantenimiento de la seguridad. No podemos descuidar que somos el país más seguro de la región. Por eso insistimos con la policía para que sus efectivos estén debidamente entrenados, que puedan atender a los turistas y prevenir cualquier incidente.”

 

El otro turismo

Un nicho donde pocos o ningún otro empresario nicaragüense ha apostado su capital es la medicina, una área en que Carlos ve oportunidades. Por eso, desde la inauguración del Hospital Metropolitano Vivian Pellas (HMVP), en mayo de 2004, este empresario ha alcanzado también un producto premium que se extiende al desarrollo de las células madres.

“No era solamente crear un hospital, sino crear uno que levantara el estándar de los servicios de salud en Nicaragua. Por ello nuestra primera meta es que tuviera la certificación internacional, hasta lograr convertirlo en el primer hospital de clase mundial en Nicaragua y uno de los primeros certificados en Centroamérica. Ésa es nuestra carta de presentación”, expresa el empresario.

La acreditación por la Joint Commission International coloca al HMVP como el único competidor en Nicaragua para conquistar el turismo médico en el país, con servicios de odontología, operaciones bariátricas y medicina celular que revoluciona la ciencia con investigaciones.

En 2012, Grupo Pellas invirtió cerca de 750,000 dólares para equipar a la Unidad de Turismo Médico del HMVP y ofrecer servicios a extranjeros. “El costo de la salud en Estados Unidos tiene precios ‘astronómicos’. Creemos que en ese sentido hay una gran oportunidad para este negocio. También pensamos en campos innovadores para probar nuevas tecnologías y nuevas drogas. Invertí en una compañía que está en Colorado, EU, con el objetivo de desarrollar una máquina que pudiera desarrollar las células madres extraídas de la grasa. Luego nos fuimos a Mallorca, España, y montamos un laboratorio. Nos aprobaron el procedimiento y protocolo en más de 30 países europeos y ahora decidimos venirnos a Nicaragua”, indica Pellas.

Posiblemente el mayor legado de Carlos Pellas tiene que ver con esto, considera el cirujano plástico Arturo Gómez, del Centro de Medicina Nuclear del HMVP. “Está contribuyendo a la vida, a mitigar el dolor humano.”

El médico explica que las células madres son una fábrica que en su interior tiene todos los organelos capaces de producir moléculas bioactivas, que tienen efectos antibióticos, analgésicos, antiinflamatorios y regenerativos, capaces de restaurar tejidos. Éstas se descubrieron en los años sesenta y se extraían de la médula ósea, el cordón umbilical y la piel, pero estas fuentes generan muy pocas células. “Se descubrió que en la grasa se encuentran células madres en cantidades 1,000 veces más que en las primeras fuentes.”

El método por liposucción logra extraer la célula madre; dura una hora y se inyecta inmediatamente al paciente. En Nicaragua se aplica a pacientes que tienen osteoartritis (desgaste en las articulaciones), problemas de insuficiencia arterial por diabetes, reconstrucción de las mamas después del cáncer, y pacientes con quemaduras cuyas manos quedaron atrapadas en forma de garras, que logran ser liberadas.

“Esta inversión en biotecnología que ha hecho Carlos Pellas es un tratamiento renovador de la medicina porque pasamos de usar la medicina tradicional con químicos tomados o inyectados a utilizar la propia célula del organismo del paciente, que no provocará ninguna reacción en el organismo”, precisa Gómez.

Un tratamiento con células madres en Nicaragua tiene un costo aproximado a 6,000 dólares, mientras que fuera del país su precio oscila entre 10,000 y 12,000 dólares.

De acuerdo con el empresario, la mayoría de los visitantes extranjeros que buscan atenderse en su hospital son de origen estadounidense.

“El año que viene también se contará con el nuevo Hospital Militar, que se espera sea uno de los mejores hospitales de Centroamérica, con el plus de la calidez que sólo los nicaragüenses sabemos dar al visitante. Por eso desde ya Nicaragua debe ir pensando en una estrategia que permita el posicionamiento del país en este nuevo segmento”, comenta Lucy Valenti.

La más reciente inversión del Grupo Pellas en el HMVP fue de 18 mdd, destinada a la construcción de una torre de cinco plantas, que se espera esté lista para 2015. Este nuevo edificio albergará consultorios, dos nuevos quirófanos, el Centro de Neurociencias y espacios modernos para atender a pacientes del extranjero.

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Se expande

Pese a que todo le va muy bien dentro de Nicaragua. Carlos Pellas es un empresario con visión de expansión. “Cada vez fluyen más bienes y servicios –asegura– y cada vez hay más inversiones cruzadas. Los empresarios vamos mucho más acelerados en el proceso de integración regional que los propios gobiernos.”

Es por eso que en Costa Rica capitales como el nicaragüense Grupo Pellas, el costarricense Durman Esquivel y el panameño Motta se han unido para hacer realidad un proyecto hotelero en la zona de Santa Elena, en una extensión de 1,200 hectáreas, previsto a inaugurarse en noviembre próximo. “La idea es crear otro polo de desarrollo turístico en esta zona”, dice Carlos.

Para el presidente de Grupo Pellas, poder realizar inversiones junto con empresarios tan poderosos de la región no sólo ayuda a amortiguar la inversión, sino que le da mayor fortaleza a los planes de negocio.

Muestra de esto es que apenas el pasado julio, por medio de la afiliada Pelmot Investments las compañías Pellas y Motta adquirieron una participación mayoritaria de Rivara Holding, sociedad tenedora-controladora de TicoFrut, ubicada en Costa Rica.

TicoFruit es la productora de naranjas más grande de la región centroamericana, principal empleador de la zona fronteriza entre Costa Rica y Nicaragua, con 800 empleos permanentes y más de 2,000 adicionales durante la temporada de cosecha; procesa 1,500 millones de naranjas por año, provenientes de sus propias plantaciones en Costa Rica, de productores independientes y de fincas en Nicaragua en las riberas del río San Juan.

“El 28% de las naranjas sale de Nicaragua, el resto de Costa Rica. Es una actividad que tiene un potencial enorme y creo que puede generar mucho bienestar en la zona. Me metí en ese proyecto porque es integracional”, asegura Pellas.

Con esta transacción, Stanley Motta, de Panamá, y Carlos Pellas adquieren cada uno 30% de la costarricense, mientras que su fundador, Carlos Odio, se queda con el 40% restante. “Veremos qué hacer en el futuro”, dice Stanley. Ahora mismo, TicoFruit tiene diversos retos para ir creciendo a futuro. Su principal cliente es Coca-Cola (por Tropicana) y obviamente queremos seguir esa relación y proveerle más fruta de la que hoy en día.”

La alianza del Grupo Pellas y Motta está también en GBM, que tiene la distribución de bienes y servicios de IBM desde 1991, y en un proyecto de desarrollo inmobiliario en Santa María, Panamá.

“Los empresarios centroamericanos están dando muy buenos pasos con la unión de sus capitales. Eso ayuda a formar una región más productiva, pero la integración de la región necesita institucionalizarce, entrar en un proceso de ceder ciudadanía y de firmar acuerdos”, indica Ricardo Jaime Bonilla, catedrático de la Universidad de Ciencias Comerciales de Nicaragua.

El economista señala que también hace falta la integración del ciudadano común y que se sienta identificado con la región. “Ya deberíamos de decir que somos centroamericanos y no localizar nuestra nacionalidad. Utilizando ese lenguaje y tomando conciencia de eso podríamos exigir derechos centroamericanos.”

 

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