En París entreviste a Jorge Carpizo. Eran sus últimas semanas como embajador de México en Francia. Hablamos, entre otros temas, de Luis Donaldo Colosio y de José Francisco Ruiz Massieu.

La llegada a la misión diplomática había partido de una necesidad de seguridad, ya que se descubrió que policías corruptos, al servicio del narcotráfico, le habían puesto precio a su cabeza.

Carpizo no tenía una buena relación con el presidente Ernesto Zedillo, pero ambos llegaron al acuerdo de que el traslado a Europa era la forma más adecuada de protegerlo, ya que en esos momentos su integridad no podía ser asegurada en nuestro país.

El presidente Zedillo no podía permitir que le ocurriera algo a quien había sido Secretario de Gobernación, pero que sobre todo era uno de los intelectuales más prestigiados del país y un referente en el tema de los derechos humanos.

Para quienes pertenecieron al círculo cercano al ex presidente Carlos Salinas la situación no era sencilla, porque el mandato de Zedillo inició con un rompimiento rotundo con su antecesor.

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Semanas y meses oscuros en los que la degradación política, producto de los homicidios de Luis Donaldo Colosio y de José Francisco Ruiz Massieu, avanzaba.

Carpizo era el responsable de la política interior cuando Colosio recibió los dos disparos en Lomas Taurinas y tuvo que operar para garantizar la gobernabilidad.

Se inclinaba por retrasar la elección algunos meses, para permitir abrir la baraja de posibles relevos de Colosio. La Constitución especifica que para ser candidato presidencial hay que separase de los cargos públicos con seis meses de anticipación a la elección.

No obtuvo el respaldo del PAN y del PRD y en Los Pinos no estaban muy convencidos de que aquello fuera una buena idea.

Lo intentó porque intuía, demás, que la decisión se estaba orientando hacia Zedillo, el coordinador de la campaña, y consideraba que eso se traduciría en un error político de altas proporciones. El tiempo y las opciones podían derivar en determinaciones mejor ponderadas.

Seis meses después de la muerte de Colosio, la violencia hizo otra irrupción. Carpizo se encontraba en el Instituto Federal Electoral, que presidía en su calidad de titular de Gobernación.

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No era una reunión cualquiera del Consejo General, ya que se tenía previsto un debate con Porfirio Muñoz Ledo, en ese momento representante del PRD.

Acababa de iniciar la reunión, cuando Carpizo fue informado que Ruiz Massieu, quien era coordinador de los diputados del PRI y representante ante el IFE, había sido herido y en esos momentos lo estaban trasladando al sanatorio Español, donde unas horas después fallecería.

Fue el secretario general, Arturo Núñez, quien anunció que el encuentro se suspendía.

El golpe resultó seco para Carpizo, porque el legislador era un amigo de muchos años y un factor de apoyo y solidaridad en el convulso y difícil ambiente de la política.

Tiempos duros, sostenía Carpizo, y experiencias límites en uno de los años más difíciles de nuestra historia reciente.

Caminando por París le pregunté:
–¿Extrañas el poder?
–Extraño el tiempo, lo que faltó, lo que no se pudo hacer.

 

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