El robo de una significativa cantidad de Cobalto 60 invita a una reflexión sobre la postura de la sociedad mexicana respecto a la ciencia y tecnología contemporáneas.

 

 

 

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Por Alfredo Sandoval Villalbazo, director del Departamento de Física y Matemáticas de la Ibero.

 

El robo de una significativa cantidad de  Cobalto 60 reportado recientemente por los medios de comunicación invita a realizar una seria reflexión referente a la postura  que la sociedad mexicana guarda con respecto a la ciencia y tecnología contemporáneas.

El incidente de estos días no es el primero que ocurre en México con relación al Cobalto 60, el cual es un isótopo radiactivo empleado en tratamientos médicos que emite radiación Beta (electrones) y radiación Gamma (fotones de muy alta energía).

En diciembre de 1983, una cadena de imprudencias causó que más de 4000 personas estuvieran expuestas a  estos tipos de radiación, y casi 80 de estas 4000 personas recibieran dosis alarmantemente altas por un periodo mayor a dos meses.

Estos hechos ocurrieron en Ciudad Juárez, y se produjeron a partir del desconocimiento absoluto del fenómeno de la radiactividad por parte de un técnico de mantenimiento que buscó obtener una ganancia económica a partir de “algo de fierro viejo para vender”, dado que  la fuente de Cobalto 60  se encontraba blindada con casi cien kilos de partes metálicas.

Si se revisa el precio de un Kg de plomo, el lector  podrá percatarse de que la ganancia  obtenida a partir de la venta del contenedor del cobalto no resulta atractiva, sobre todo si se compara con los enormes riesgos a la salud generados por la exposición directa al material radiactivo. Es interesante que observar que el caso de 1983 se encuentra muy lejos de ocupar un lugar de privilegio en la memoria de la población, a pesar de su gravedad.

En el caso que nos ocupa, una fuente de Cobalto 60 con mayor actividad que su contraparte  de 1983, se transportaba a un “cementerio nuclear” ubicado  en el Estado de México.  Durante el traslado ésta fue sustraída por la fuerza del camión que la transportaba. Es relevante mencionar que  blindaje en este caso también era de un peso cercano a los 100 kg.

En el imaginario popular, la expresión “peligroso material radiactivo ha sido robado” generó muy diversas reacciones.  En un país donde los resultados de ejercicios internacionales  de conocimiento en ciencias nos sitúan en lugares muy poco deseables, es muy improbable que los términos “isótopo”, “emisión Gamma”, “Curies”  o “MeV” adquieran un significado preciso.  En contraste, los términos “explosión nuclear”, “terrorismo”, “envenenamiento radiactivo” o “Fukushima” están arraigados en el ciudadano promedio.

La dimensión del evento no pudo ser correctamente apreciada, ni siquiera por los imprudentes infractores de la ley, debido al abismo que separa a nuestra sociedad del conocimiento científico contemporáneo. Tras una intensa movilización de las autoridades el  transporte  en cuestión se encontró abandonado, el blindaje fue removido y  el Cobalto 60 fue encontrado a poca distancia.

Es un hecho científicamente comprobado que la exposición a altas dosis de Cobalto 60 provocan cáncer.  Los datos reportados muestran que los aproximadamente 60 gramos del isótopo que transportaba el camión hubieran sido suficientes para que terroristas expertos pudieran realizar un ataque con intensos efectos mediáticos. La frase “energía nuclear”  causa una mezcla de fascinación, misterio y medio en la sociedad.

Únicamente por medio de mayor estudio, y con un verdadero acercamiento de la ciencia a la población, se logrará formar una verdadera cultura de prevención para afrontar situaciones de emergencia derivadas de los fenómenos naturales. En este contexto, es necesario un profundo cambio en la manera en que los medios de comunicación masiva nacionales de mayor audiencia se manejan ante el desarrollo de la ciencia contemporánea.

 

 

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*Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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