El momento de la tercera llamada, cuando se apagan las luces y las primeras notas escapan de la orquesta, se traduce en la mejor parte del día para Gerardo Quiroz. Con su producción número 66, este empresario del teatro está convencido de que México ha alcanzado el más alto nivel para las puestas en escena.

 

Fotos y realización de video: Julio Hernández

 

Tres horas antes de que dé inicio la función, las 157 personas que trabajan en Cats ya han llegado al teatro San Rafael.  Todos forman parte de una serie de pequeños rituales que comienzan con el ensayo de la orquesta, las pruebas de voz con cada uno de los actores, el maquillaje, peinado y el último ensayo coral. El teatro se convierte en guarida de un grupo de gatos sigilosos que calientan voz, estiramientos y ademanes.

El resultado es una puesta en escena que da presencia  a México en la lista de los países con más alto nivel en producción teatral.

No es la primera vez que Cats se presenta en México. Hace 22 años, un elenco encabezado por María del Sol elevó  la talla del teatro musical nacional. La puesta en escena de Cats se convirtió en la cuna de grandes proyectos para actores, productores y espectadores.

Se trata de un musical icono en su género, creado por Andrew Lloyd Webber, basado en la colección de poemas de T. S. Eliot Old Possum’s Book of Practical Cats. La obra relata una noche en una tribu de gatos. Uno de ellos será elegido para renacer, y cada gato tiene una personalidad y atributos definidos.

En la temporada en el teatro Silvia Pinal, en 1992, Gerardo Quiroz era uno de los espectadores que quedó cautivado. Justo en ese año, Quiroz había empezado con producciones teatrales en pequeña escala.  Cats sembró el deseo de alguna vez encabezar esa producción; ahora está cumplido, pero no ha sido una tarea fácil.

 

Fiesta Jelical

Cats reportó  lleno total las primeras 26 semanas después del estreno en mayo de 2013; ahora, en las celebraciones del primer año en escena, preparan una gira por el interior de la República que podría iniciar en septiembre.

“Estamos por cumplir un año en cartelera; más de 280,000 personas han visto la obra. El mayor reto es  demostrar que después de 20 años se pueden mostrar avances en las artes escénicas y en la tecnología. Debe haber un escenario espectacular.”

La puesta en escena de Gerardo Quiroz tiene adiciones tecnológicas que difícilmente podrían haberse concebido hace 20 años. La escenografía tiene estructuras móviles, como una gran reja, un firmamento de estrellas cuyo brillo varía dependiendo de la escena y la luna, que se convierte en otra protagonista, pues tiene movimiento y cambia de color. La atmósfera queda completada con el toque de magia: la orquesta en vivo, un elemento que no existía en la primera puesta en escena en México. “El objetivo es hacer un gran Cats; afortunadamente, la oficina que se encarga de los derechos nos ha comentado que el nivel es sobresaliente”, comenta Quiroz.

Esta puesta en escena es uno de los grandes logros del productor mexicano, quien fue reconocido por la UNESCO con  la medalla Mi Vida en el Teatro, y la Asociación de Críticos y Periodistas Teatrales le otorgó el premio como Mejor Productor por Cats en 2013, aunque Quiroz afirma que el mejor premio es el reconocimiento del público en las 22 ciudades en que se han presentado.

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Tras bambalinas

El trabajo para que la primera función ocurriera en mayo de 2013 empezó un año antes, con la obtención de los derechos.

“Es un proceso largo, con muchos filtros. Hay una oficina que representa los derechos de la obra en Nueva York y es la encargada de avalar la posición del productor en México. Hacen un análisis de las experiencias –en mi caso, el montaje de otros musicales, como Amor sin barreras y Anita la Huerfanita–; así saben que pueden confiar. De ahí empieza la negociación de los derechos”, relata.

Ocho meses antes del estreno vino la tarea de conseguir el financiamiento necesario para el montaje. “En general, producir estos proyectos es tan costoso que implica buscar financiamiento y patrocinios; los busqué ocho meses antes de estrenar, con la convicción de que aunque fuera difícil, lo tenía que lograr, porque ya tenía yo los derechos en la mano.”

El siguiente reto fue reunir el elenco. Durante 45 días, los coreógrafos y directores acompañaron a Gerardo en las audiciones de 2,000 profesionales teatrales; de ahí se realizó la selección de los 50 histriones que han participado. No es una tarea fácil encontrar actores con habilidades para el canto y el baile; sin embargo, el montaje ha logrado ostentar nombres como el de Filipppa Giordano, Ana Cirré, Lila Deneken, Ovilia Bucio, Lisset, Manuel Landeta y Juan Carlos Casasola.

“Mi primer acercamiento fue hace 22 años; mi padre era director musical, y vi la obra 45 veces. No estoy bromeando; me encantaba. El público ha sido muy generoso en los ocho meses que llevo en el elenco. Es un placer trabajar con buenos artistas, que hacen que la función sea memorable”, afirma Lisset, mientras se caracteriza en su camerino como Bombonachona, la gatita que baila tap.

Para Manuel Landeta, la historia con Cats también habla de un arraigo personal fortísimo.

“Hace 24 años audicioné para el gato rockero; canté 15 segundos y me dieron las gracias. Yo pensé que estaba fuera, pero lo que pasó es que ya me habían visto para otro personaje. Entonces me fui a Nueva York, a ver qué me había tocado. No era como ahora, que puedes consultar todo por Internet. El papel no era lo que yo quería , pero Cats era una obra valiosa en el currículo de cualquier actor. Decidí aceptar y fue bastante interesante la experiencia, ahora es muy gozosa”, afirma.

El papel de Landeta es el de Gatusalén, un personaje pasivo que se mueve lento y muy poco. “Con este personaje he tenido la oportunidad de disfrutar la actuación  de mis compañeros. Soy un espectador constante y permanente que disfruta la función”, dice.

Justo se trata todo de disfrutar. Gerardo Quiroz está convencido de que el teatro en México ha alcanzado un nivel que le permite competir con los escenarios más representativos en Londres o Broadway; sin embargo, afirma que todavía queda trabajo conjunto por hacer para lograr que los montajes de alto nivel lleguen a todo el público.

“Falta público y promoción. Después de atender las necesidades básicas de una población, el gobierno debe voltear a ver al teatro como una actividad no sólo de cultura y arte, sino como actividad social, que es necesaria para la población, que necesita distraerse y aprender de escritores, directores, actores, intérpretes… una válvula interesante para que el público explore algo nuevo y se mantenga entretenido.”

final
 

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