Como efecto colateral del acuerdo alcanzado con el gobierno de Estados Unidos para suspender la imposición arancelaria extemporánea, se ha dado inicio a la operación del Plan de Desarrollo para Centroamérica con una inversión del gobierno de México de 600 millones de pesos focalizados en el programa Sembrando Vida.

Desde el momento en que se terminaron las negociaciones en Washington, el gobierno de México fue muy reservado en compartir las especificaciones del programa que se dio a conocer en Tapachula, Chiapas.

Con una contundente afirmación, el canciller mexicano, Marcelo Ebrard, aseguró que los fondos que México destina al programa ya estaban disponibles para el gobierno de El Salvador y que con ellos se beneficiará a 20 mil familias que trabajarán las 50 mil hectáreas en las que se realizarán actividades de reforestación.

Aunque la iniciativa tiene dispuestas actividades del lado mexicano de la frontera Sur, es evidente que los alcances del programa no son más que un paliativo a la verdadera realidad migratoria que ha agravado la problemática en el Triángulo Norte de América central.

Ante la negativa del gobierno estadounidense de fondear este programa y ante el apoyo técnico, pero no financiero expresado por el Secretario General de las Naciones Unidas o de la canciller alemana y algunos miembros de la Unión Europea, como era de esperarse, México va solo en este programa.

La presencia del recién electo premier salvadoreño no fue más que una aparente muestra de cooperación, pero en ningún momento se expresó el compromiso concreto de aquel país para la operación de este mecanismo de cooperación regional.

Tanto el desplazamiento de los efectivos de la Marina y el Ejército mexicanos como miembros de la Guardia Nacional como Sembrando Vida buscan que en un lapso de tan solo 45 días se revierta de manera contundente el flujo migratorio del que por años las comunidades más vulnerables han participado.

Al no ser consideradas las verdaderas raíces de la expulsión de migrantes en países como Honduras, El Salvador, Guatemala y Nicaragua el ciclo de expulsión se recrudece.

Factores intrínsecos como lo son la inestabilidad política, el crimen organizado, la corrupción y la pobreza extrema siguen sin ser temas de atención prioritaria mientras que, por otro lado, se sigue esperando que el asistencialismo exterior rescate temporalmente a los más necesitados.

Como la mayoría de los programas del catálogo en el actual gobierno de México, Sembrando Vida se estrena sin reglas de operación y con frágiles lineamientos para la aplicación de los recursos fuera de las fronteras nacionales.

Con una creciente tasa de desempleo, bajas expectativas de crecimiento económico, una latente amenaza de imposición arancelaria, una crisis del sistema de partidos en todo su esplendor y una agenda nacional aún definición parece que nuestro país debería estar fondeando programas de atención a grupos prioritarios nacionales e impulsando una verdadera agenda de cooperación internacional, no de asistencialismo al exterior.

 

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