Más de 200 beisbolistas latinoamericanos participan en la actualidad en las Grandes Ligas, siendo los de Centroamérica y el Caribe los que destacan en el semillero de la región.

 

Por Ivan Pérez

El George M. Steinbrenner Field, en Florida, es el estadio de beisbol más grande que tienen los campamentos de primavera de las Grandes Ligas. Allí acuden los Yankees de Nueva York a preparar el inicio de sus temporadas; es un inmueble con todas las comodidades, que vale 45 millones de dólares (mdd) y al cual le caben más de 11,000 espectadores.

En aquel sitio hizo su debut un joven moreno, delgado, de 1.80 metros que nació en San Francisco de Macorís, una provincia de República Dominicana donde al menos 24% vive en pobreza y el beisbol es una forma de ganarse la vida.

Pero Leonardo Molina hace tiempo que significa esperanza en su tierra; sin cumplir los 20 años ya tiene un contrato de 1.4 mdd por ser jugador del equipo de Manhattan, y esa cifra es impensable para alguien que trabaja en aquella la isla del Caribe, porque necesitaría más de 200 años (con el salario promedio) para conseguirla. El beisbol es una opción para ser millonario.

Leonardo Molina es uno de los peloteros jóvenes que aspiran a ser de las próximas estrellas de beisbol de Grandes Ligas y lo han seleccionado los Yankees, el equipo más rico de toda la liga como uno de sus prospectos y apenas cumplidos los 16 años le ofreció un contrato para estar ligado con ellos y explotar su talento.

Todos los equipos de la Major League Baseball (MLB) se han instalado en el Caribe y tienen lagunas visorias en Centroamérica para fichar, a bajo costo, por cierto, y crear a los peloteros del futuro. República Dominicana, Venezuela, Puerto Rico, Nicaragua y Panamá son las naciones que visitan constantemente para reclutar las promesas, en sitios como Dominicana o Venezuela se han instalado permanentemente con academias para trabajar sus jugadores que brillarán en los próximos años.

El camino de Leonardo no ha sido sencillo. En 2013, cuando Yankees lo firmó, estaba entre uno de los cinco mejores prospectos del equipo; para este año el medio especializado Baseball America lo instala en el sitio 35.

No es para menos, de acuerdo con la página de las Ligas Menores, Molina tuvo el segundo peor promedio de bateo (.193) de toda la Gulf Coast League (liga de desarrollo).

Ahora nada tiene que ver con su natal San Francisco de Macorís ni con los maravillosos atardeceres naranjas, azules y morados de Boca Chica, el lugar donde está la academia de los Mulos de Manhattan en República Dominicana. No, en Estados Unidos las cosas no son fáciles, pero la garantía de tener 1.4 mdd le ha permitido tener un mejor segundo año con un promedio de bateo de .248.

Éxitos y fracasos, esa es la regla no escrita de las academias de los equipos de Grandes Ligas que entre las 30 franquicias invierten, según datos de la MLB, al menos 25 mdd anuales para mantenerlas, pese a tener resultados diferentes en el semillero.

“Al año pasan al menos 300 peloteros, de los cuales a lo mejor firmamos a 10”, comenta Emilio Carresquel, coordinador de Operaciones de la academia de Marineros de Seattle.

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Línea de producción

Para la presente temporada de Grandes Ligas, República Dominicana es la nación (fuera de los locales Estados Unidos) que más peloteros aporta a la MLB, 83 en total, seguido de Venezuela con 65; y otros latinoamericanos como Cuba con 18, Puerto Rico 13, México 9, Colombia, Curazao y Panamá cuatro, Nicaragua y Brasil con dos.

Y no sólo eso, en las Ligas Menores, que son los torneos donde se foguea a los talentos de cada franquicia, al menos el 25% de ellos son dominicanos.

Leonardo Molina forma parte de esa estadística. El pelotero, que juega en el jardín central, es uno de los privilegiados en buscar un sueño que si se concreta podrá asegurarle como mínimo 4 mdd anuales (monto del salario promedio anual del torneo). Según un conteo realizado por la consultora de datos Mxsports, cada año al menos 3,180 jóvenes entre República Dominicana y Venezuela buscan seducir a los 30 equipos de la MLB para que les ofrezcan un contrato y con ello mantenerse con la esperanza de participar en la liga de béisbol más grande del planeta, pero de esa cifra, apenas 300 lo consigue y este dato se reduce a la hora de debutar en alguno de los equipos.

“No todos pueden llegar a ser profesionales, pero además de ser una academia para buscar talento, tratamos de enseñar una manera de vivir”, reflexiona Joel Lithgow, director de Operaciones de la academia de Yankees en Dominicana.

Las academias, que cuesta construir una entre 5 y 7.5 mdd, tienen todos los servicios: habitaciones, alimentación, gimnasio, clases de inglés, fomento al ahorro, capacitación para la toma de decisiones.

República Dominicana es el edén de las academias. Firmar a cuatro peloteros puede costarle 400,000 dólares a una franquicia (en algunos casos, como Molina que es considerado un gran prospecto se le ofrece el triple de esa cantidad).

Son peloteros de “bajo costo” que en un futuro pueden hacerles ganar millones a los equipos en temas de marketing o entradas. Venezuela era muy parecida a Dominicana, pero las condiciones financieras y políticas del país han orillado, según reportó el diario El Caribe, al cierre de más de 20 sucursales en la nación de Nicolás Maduro. Hasta ahora únicamente Filis, Tigres, Cachorros y Mantarrayas son los que siguen allí. De esas filiales, por ejemplo, salió Félix Hernández, quien ganó el Cy Young (premio al mejor pitcher) en 2010 y lanzó un Juego Perfecto ante Tampa Bay en el 2012.

En otros sitios, como en Puerto Rico, las Grandes Ligas realiza clínicas que les llama “Programa de desarrollo de beisbol de verano” para chicos entre 14 y 18 años.

“Poco a poco el programa crece y así podemos seguir ayudando al beisbol en Puerto Rico. Nuestro próximo paso es llevar este mismo programa a Nicaragua”, comentó Joel Araujo, director internacional del desarrollo de talentos de la MLB.

Incluso el año pasado, las Grandes Ligas abrieron una academia en Israel. De acuerdo con datos de la organización, cada año se becarán al menos a 10 peloteros de entre 14 y 21 años para entrar a un programa intensivo de un año de detección de talento.

“Abrirá muchas puertas para nuestros jugadores. Ellos tendrán la oportunidad de ir a Estados Unidos, probar suerte en el mejor beisbol del mundo o incluso conseguir una beca en alguna universidad de allá”, relató Nate Fish, director del programa, al diario The Jerusalem Post.

La inversión de las Grandes Ligas entre 2010 y 2015 en sus academias y programas de desarrollo de peloteros, fue de al menos 120 mdd. Buscar talento cuesta.

 

Beneficios compartidos

Pero los beneficios económicos no sólo se quedan con los peloteros que cumplen sus expectativas y se ganan un sitio en alguna de las franquicias de Las Mayores. Las economías locales también son parte de esta industria.

El estudio MLB in Dominican Republic detalló que los jugadores de la isla en el año 2013 reinvirtieron en su país 88 mdd. Si se mantiene esa cifra durante cinco años, hablamos que la economía de aquella nación recibió entre 2010 y 2014 por parte de sus peloteros al menos 440 mdd.

El documento detalla que la inversión va para negocios familiares, academias para nuevos peloteros y casas de beneficencia, entre otros.

No se trata de un dato menor el que los peloteros inviertan lo obtenido en su profesión en sus países de origen, pues es sabido que tanto en el box como en el futbol hay muchas historias de deportistas que despilfarraron su riqueza en aspectos que nada tenían que ver con emprendimientos y mucho menos con apoyar las condiciones sociales de su país.

Además, según datos de la MLB, entre 2008 y 2013 la participación de los peloteros latinoamericanos creció considerablemente. Por ejemplo entre 2004 y 2008 aumentó 8.8% y tan sólo entre 2009 y 2013 se elevó 10%.

En América Latina, el béisbol así como el futbol, son las principales actividades deportivas que mejores beneficios económicos tienen para los deportistas que logran ubicarse en algunas de las ligas más importantes del mundo.

Para este año son 205 peloteros de América Latina quienes participan en la llamada Gran Carpa. Estos beneficios se ven traducidos en las economías y familias de sus países de origen en 217 mdd anuales, según un cálculo realizado por Mxsports.

Nuestra región es la que más aporta a las Grandes Ligas y también es la zona; por consecuencia, la que más beneficiada se ve en temas de salarios para sus peloteros.

En 2015 tres de los 10 mejores pagados de toda la liga son latinoamericanos: Félix Hernández (24.8 mdd), Albert Pujols (24 mdd) y Robinson Cano (24 mdd). El número uno en este departamento es el pitcher estadounidense de los Dodgers de los Ángeles Clayton Kershaw con 32.1 mdd. La distancia no es abismal.

Nuestra joven promesa, Leonardo Molina, hace dos años entrenaba en un campo de beisbol rodeado de árboles y palmeras, con más de 30 grados centígrados y la humedad que quemaba las fosas nasales, se le miraba los estragos del acné y sabía que si pegaba un batazo sólido era probable que no volviera a ver la bola porque se perdía entre los arbustos. “Me siento orgulloso de ser Yankee”, dijo recién firmó contrato con Nueva York. Hasta ahora su carrera sigue siendo un sueño, es un prospecto más. Ya el futuro dirá.

Mientras tanto, la gran incognita es si los países con vocación beisbolista como Venezuela, República Dominicana, Puerto Rico o Panamá seguirán incubando a los futuros millonarios del besibol o virarán hacia otro tipo de deportes como el fútbol, que tanto espacio ha ganado en espacios de entretenimiento en El Caribe, Centro y Sudamérica.

Por supuesto que el ecosistema de la infraestructura de este deporte también juega un papel relevante en el desarrollo de jóvenes promesas del beisbol. También es cierto que hoy que Latinoamérica no pasa por su mejor momento en cuanto a disponibilidad de recursos, el deporte suele ser uno de los rubros más castigados en los presupuestos de los gobiernos de la región.

 

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