Los orígenes del champagne Taittinger parecen leyenda y presumen de un sabor inigualable gracias a la denominada “cepa noble”. Ayer, hoy y siempre, obsesión de reyes.

La historia de esta firma comienza en 1240. Teobaldo IV Conde de Champagne, Rey de Navarra, regresa de las cruzadas con dos tesoros provenientes de Chipre; la rosa más bella del mundo –la Damasquina- y la planta de vid predecesora de la cepa Chardonnay, alma del champán Taittinger.

760 años después, la elegancia y el exquisito espíritu permanecen. “Preferimos producir menos botellas para que cada una de ellas, desde su descorche, envuelva en su encanto al comensal, le maraville y le demuestre que la excelencia no es un mito, sino una realidad”, aseveró en una ocasión Pierre-Emmanuel Taittinger.

Por ello, es el nectar que se degusta en celebraciones, nuevas adquisiciones y cierres de negocios triunfales. Hoy, su hijo Clovis es el encargado de conservar la tradición y el linaje familiar fungiendo como director de representación internacional y cuidando exhaustivamente la selección de uvas y cultivadores. Después de conversar brevemente con él, aseguramos que al champagne predilecto de la Reina Isabel II le queda todavía mucha historia por contar.

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