The Chemours Company, empresa química que naciera a partir de DuPont, analiza la instalación de una nueva planta en México. El trabajo de su director general en el país será decisivo para lograr la inversión a la que aspiran otras regiones. 

 

Antes de ingresar como supervisor de turnos en la planta de DuPont en Tlalnepantla, Estado de México, un joven ingeniero químico –que aspiraba al puesto– recibió una pregunta inesperada de la persona de Recursos Humanos que le atendía: “¿Cómo se ve en los próximos 15 o 20 años?” Después de meditar por unos segundos, respondió que quería prepararse para que en los próximos 30 años pudiera competir para ser presidente de la firma en México. El entrevistador asomó una sonrisa por lo que parecía una broma. Cerca de 26 años después, el comentario hecho por Luis Rebollar se hizo realidad.

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Hoy, es director general de The Chemours Company en México y encargado de la región de Canadá, Estados Unidos y Latinoamérica para el negocio de dióxido de titanio, después de que DuPont separó este año la división química de su negocio, y se prepara para ganar las inversiones del corporativo estadounidense en México.

“Estamos evaluando de manera seria si se puede y conviene hacer una inversión en México para construir una planta que nos permita dar un mejor servicio al incremento de demanda que vemos en los siguientes años”, dice Luis Rebollar en entrevista con Forbes México.

La última inversión de la compañía en la República Mexicana fue por un monto de 580 millones de dólares (mdd) en su planta de Altamira, Tamaulipas, para ampliar su capacidad de producción de dióxido de  titanio. De ese tamaño es el potencial de inversión de la empresa estadounidense.

En la actualidad,  la firma cuenta en su portafolio con productos para la elaboración de pinturas, gases refrigerantes y desinfectantes.

El tamaño de la compañía se puede medir por sus ingresos. A nivel global, las ventas de Chemours el año pasado fueron de 6,400 mdd, y México representa cerca de 400 mdd, mientras que la planta de Altamira representa exportaciones por 700 mdd.

La demanda de pinturas y la producción de químicos utilizados en sistemas de aire acondicionado en la industria automotriz, así como la necesidad de materiales en la minería, son los factores que impulsan los planes de la firma en México.

Esta es la fórmula de negocios de The Chemours Company y la historia del hombre que quiere traer las inversiones al país.

 

Química del negocio

A Luis Rebollar lo persigue una especie de herencia profesional. Él es un ingeniero químico que nació en Tampico, Tamaulipas. Su padre, uno de sus hermanos y dos tíos estudiaron ingeniería química, al igual que sus tres hijos y su esposa.

“Las comidas en familia son una cosa divertida”, bromea Luis.

El trabajo de su padre lo llevaría al inicio de una larga trayectoria profesional. En 1959, DuPont realizaba inversiones en México, y la planta de dióxido de titanio se construía en Altamira. Así fue como su padre logró encontrar trabajo en la compañía y se llevó a la madre de Luis, junto con sus cinco hermanos, a radicar en el nuevo destino.

En el corredor industrial de Altamira, la planta de DuPont era la única en 1965. “Era un campo abierto, y recuerdo que me llevaba mi padre los sábados, cuando yo era un niño. Ese tipo de cosas se van quedando en la gente.”

Al terminar su carrera en la Universidad Iberoamericana, ingresó a la planta de DuPont en Tlalnepantla, Estado de México, adonde entró como supervisor de turnos. “Yo iba en las noches a trabajar, a doblar turnos, y los sábados y domingos, en las tardes y en las mañanas. En las plantas se aprende mucho.”

Su etapa de aprendizaje en la producción química se prolongó durante 14 años, pero había una inquietud en la mente del ingeniero: probar sus conocimientos del lado de los negocios. “Ahí fue cuando tuve la oportunidad de moverme a un área comercial en 1998, en contacto con temas de mercadotecnia y ventas.”

Para 2002, el director de la división dióxido de titanio para México, Centroamérica y el Caribe de DuPont se jubiló, y el conocimiento de Rebollar en el área de pintura lo llevó a asumir el puesto vacante.

“Uno de los mercados más importantes del dióxido de carbono es la aplicación en pinturas, y eso me permitió conectar muy rápido con un industria que se mueve con una dinámica diferente, con clientes diferentes”, asegura.

Durante cinco años, Luis estuvo al frente del negocio para Latinoamérica, y después surgió la oportunidad de ir a Europa como director de la división de dióxido de titanio para Europa, Medio Oriente y África. “Iba por seis años que se convirtieron en 20, y regresé hasta 2007 como presidente de DuPont México y como director de la división de dióxido de titanio para Latinoamérica.”

El directivo está dentro de una industria que tuvo una participación de 1.4% en el Producto Interno Bruto (PIB) nacional en 2013, mientras que su aportación a las industrias manufactureras fue de 8.7%, de acuerdo con datos de la Asociación Nacional de la Industria Química (ANIQ).

Cuatro décadas más tarde, Luis Rebollar estaba de vuelta en la industria que pisó su padre: la planta de dióxido de titanio de Altamira.  Pero una nueva historia estaba por escribirse.

Foto: Forbes Staff.

 

La separación

Luis Rebollar tiene claro que todo principio tiene su final. En febrero de 2015, el directivo se separó de DuPont junto con la nueva entidad legal que inició operaciones en junio pasado: Chemours.

“El proceso fue bastante suave. Bien pensado y bien trabajado por mucha gente en todo el mundo. Estamos muy contentos y siempre nos acordaremos con mucho cariño de DuPont, pero la emoción y la motivación de la gente de Chemours está muy en alto”, asegura el ingeniero.

El portafolio de la compañía se compone de tres divisiones a nivel mundial: pigmentos de dióxido de titanio (con 60% de participación de mercado nacional), el negocio de fluoroproductos enfocado a la producción de gases refrigerantes (con 60 y 70% de participación en el mercado mexicano) y soluciones químicas, con una gama de productos que van desde los de limpieza y desinfectantes hasta la industria de minería.

En el caso de la tecnología refrigerante, la industria visualiza una oportunidad de negocio frente a la reducción que se hará en los próximos años de Freon por una nueva tecnología que se llama Opteon, nombre comercial del producto.

“Es importante la mejora que ofrece esta nueva partícula, porque los gases refrigerantes tienen un impacto en la destrucción de la capa de ozono”, dice Rebollar.

El Freon contribuye en una escala de 12 a 22% en un índice de aportación de gases al calentamiento global, y Opteon tiene 0.12. “Es cientos de veces menor para evitar el calentamiento global.”

La industria automotriz tiene la promesa de traer buenas cifras para la firma en México. La llegada de las principales armadoras a México es un aliciente para el negocio, sobre todo en el caso de las firmas europeas, que tienen un camino recorrido en el cumplimiento de compromisos ambientales.

“Ya estamos empezando a vender este producto entre las armadoras trasnacionales instaladas en México. Ésta es una tendencia que no se va a parar”, comenta el empresario.

Asimismo, el uso del dióxido de carbono que se ocupa en la elaboración de pinturas dirigidas a la industria automotriz contribuye a sumar al negocio de la compañía.

En la actualidad, Chemours suministra sus productos a empresas como Axalta o PPG en la proveeduría de la materia prima.

“Vamos a ver una mejora en la demanda del mercado local”, afirma.

Por otro lado, el regreso de las cifras positivas en el mercado del oro hace un guiño a una de sus divisiones. “La minería en México es una industria muy importante, y ahí somos el proveedor más importante de producción de sodio, que forma compuestos con metales para facilitar la extracción de minerales.”

Hace unos años, la empresa, cuando aún era parte de DuPont, tuvo una planta de este tipo en Puebla, la cual se cerró por la dramática caída en los precios del oro.

Foto: Forbes Staff.

 

Nuevas inversiones                                                                                                                     

El crecimiento del poder adquisitivo de la población hará que en los próximos 40 años la clase media pueda alcanzar hasta 5,000 millones personas.

Un incremento de casi 3,000 millones de personas en el mundo beneficia a toda la industria.

“En general, creemos que el panorama es interesante para tres negocios que han sido líderes en México, y creemos que podemos seguir siéndolo, en donde estamos pensando en inversiones, y eso se traduce en tener un ambiente de mucho optimismo”, dice Rebollar.

La industria química muestra cifras crecientes en sus niveles de producción. En 2013, el volumen de producción fue de 669,000 toneladas, lo que representó un crecimiento de 2.9% respecto a lo producido el año previo. Las cifras muestran que el consumo nacional aparente creció 1,043 toneladas, es decir, 4.2%.

Sin embargo, las importaciones crecieron 1% y las exportaciones decrecieron 5.1%. El reto para la industria química nacional es disminuir la importación, para abastecer el mercado con productos elaborados en México, y así aumentar la exportación de insumos a otras latitudes.

El déficit de la balanza comercial del sector se incrementó 6.5% durante el primer trimestre de este año, lo que se traduce en 4,728 mdd. En comparación con el mismo periodo de 2014 representa un alza de 287 mdd, de acuerdo con cifras de la ANIQ.

Durante el primer trimestre del año las importaciones de productos químicos realizadas por México alcanzaron los 6,858 mdd,  y las exportaciones se ubicaron en 2,130 mdd, es decir, menos 21.7% comparado con el mismo periodo de 2014.

Luis sabe que las nuevas inversiones que puede traer al país con una nueva planta serán decisivas para Chemours y la industria química nacional.

El año pasado, las ventas de Chemours a nivel global fueron de 6,400 mdd, y este año será un poco menor en valor, porque los precios del dióxido de carbono han caído. El monto podría mantenerse.

“En volumen vamos a vender más por el crecimiento de la demanda, pero en término de ventas será un poco menor.”

Hoy, si Luis Rebollar tuviera de nuevo enfrente a la misma persona de Recursos Humanos que le preguntó por su futuro, no sabría responderle. Ha llegado tan lejos que el camino que tomará su vida en Chemours es algo difícil de prever. “Una responsabilidad distinta que me implique moverme tendría que ser algo muy interesante. Algo que he aprendido en esta vida es que existen carreras de largo plazo que se hacen en equipo, porque uno siempre tiene que ver un futuro construido en equipo.”

Foto: Chemours.

 

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