Del rotundo “si” a una nueva Constitución, la nación chilena ha pasado al rotundo “no” al texto elaborado por la Convención Constitucional. A través de un plebiscito, el 62% rechazó la propuesta, mientras que en noviembre de 2020, el 78% se expresó a favor de tener una nueva Constitución.
La alternativa de dotar a Chile de una nueva Constitución fue la salida política propuesta por la élite gobernante ante las protestas de 2019, en un ambiente de intensa movilización social. Con un abrumador respaldo, prácticamente ocho de cada 10 ciudadanos apoyaron esta salida institucional a la crisis, con la cual, una nueva Carta Magna reemplazaría a la de 1980, aprobada durante el régimen de Pinochet.
Entre todos los factores involucrados en un proceso constituyente, el tema de la Convención en el caso chileno es crucial para entender por qué el borrador constitucional puesta a escrutinio popular, el pasado 4 de septiembre, fue rechazado por una contundente mayoría.
La forma en que se integró la Convención Constitucional despertó un importante respaldo popular y también elevó las expectativas sobre el contenido de la nueva Carta Magna. Sus 155 integrantes fueron electos a través de las urnas, con una composición paritaria entre hombres y mujeres, y se pretendía alcanzar una representación política que reflejara una agenda progresista y feminista. Quienes se identificaban a la izquierda lograron más de dos terceras partes de los escaños de la Convención, con lo que prácticamente ganaron el control de todo el proceso.
En poco más de un año el apoyo ciudadano a la Convención se fue diluyendo al grado que el rechazo al nuevo texto constitucional se asomaba ya con claridad en diversas encuestas meses atrás, en una tendencia sostenida. Más de una centena de derechos, la supresión del Senado y su sustitución por un Consejo Territorial, o la definición de un Estado chileno plurinacional, son algunos temas cuyo abordaje por parte de la Convención exhibió una radicalidad que hizo todavía más compleja la redacción del borrador.
Otro aspecto importante es el peso de la identificación partidista. Según algunas encuestas, la decisión plebiscitaria del pasado domingo tuvo una orientación ideológica y partidista, es decir, según la ideología declarada por los encuestados, la izquierda se pronunciaba por el “apruebo”, la derecha por el “rechazo” y el centro dividido entre ambas opciones. La obligatoriedad del voto el pasado domingo introdujo un elemento novedoso y puede decirse que fue decisivo en el resultado del referéndum.
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La contundencia del mandato de las y los chilenos que votaron por el rechazo contrasta con la incertidumbre sobre lo que sigue. Mientras que es claro que una nueva ruta constituyente es la preferencia del presidente Boric, la ciudadanía chilena podría tener otra opinión.
Suponiendo que el apoyo popular para una nueva Constitución se sostiene, el resultado del referéndum podría alentar otras opciones de cómo hacerlo realidad. En el escenario de “rechazo”, algunas encuestas indicaban que una tercera parte estaría a favor de que inicie un nuevo proceso constituyente y la idea de que un comité de expertos se haga cargo de redactar una nueva propuesta de Carta Magna, parece estar ganando fuerza.
Mientras que Boric hace llamados a todas las fuerzas políticas representadas en Congreso fragmentado para respaldar la continuidad del proceso constituyente, queda incierto si una nueva Convención Constitucional, eventualmente con una integración diferente, será capaz de despojar del halo partidista a la nueva Carta Magna.
Contacto:
Maestra en Políticas Públicas por la Universidad de Oxford y Licenciada en Ciencia Políticas y Relaciones Internacionales, por el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE).
Twitter: @palmiratapia
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