China, al igual que la Ciudad de México, tiene algunos años desarrollando una extensa red de cámaras de vigilancia.

 

Con la reciente visita del presidente chino a nuestro país, se puso de moda en medios y en las redes sociales las bondades del sistema económico de aquella nación. Calificado como “el milagro chino”, el crecimiento del país asiático ha dado a lo largo de la última década chorros de tinta de los analistas y especialistas que buscan descifrar y replicar la fórmula de éxito en sus respectivos países.

Luego, hace cinco años, la misma nación estuvo en el ojo del mundo por haber sido sede de los Juegos Olímpicos del 2008, donde se destacó el potencial deportivo y tecnológico de los ahora renovados aliados comerciales de nuestro país México.

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Pero, ¿realmente China es un paraíso, en lo social y político, del que México deba aprender? Tal vez sí, y este tema se lo dejo a los estudiosos. Pero hay un aspecto que China y México comparten de forma importante y tiene que ver con los ojos tecnológicos con que se vigilan a sus ciudadanos. China, al igual que el Distrito Federal y algunas capitales de la República como Chilpancigo y Acapulco, en el estado de Guerrero, ha desplegado una amplia red de Cámaras de Circuito Cerrado de Televisión (CCTV) para vigilar a sus habitantes.

En el caso de México es más por cuestiones de seguridad. En el caso de China el proyecto llamado “Escudo Dorado”, consistente en al menos dos millones de cámaras de CCTV en localidades como Shenzhen, es para inhibir la influencia del exterior en la sociedad china.

El “Escudo Dorado” será a mediano plazo todo un entramado de espionaje del gobierno hacia sus ciudadanos: intervención de llamadas telefónicas, seguimiento de personajes “incómodos” a través de cartillas de identidad, y, como se ha documentado, la restricción a la Internet libre, es parte del menú represivo hacia los habitantes de las principales urbes de China.

Se estima que en China hay al menos 510 millones de internautas que son limitados en sus accesos a internet gracias a uno de los tentáculos del “Escudo dorado”, famoso entre los internautas como “El gran firewall de China”: entre sus filtros están palabras como democracia, dictadura, genocidio, opresión. También parte de las palabras prohibidas tienen que ver con la masacre de Tiananmen y los derechos humanos.

Y por supuesto sitios tan populares en Europa y América son bloqueados en el gran país de la Muralla China: Dacebook, Flickr, Twitter, BBC, YouTube y un largo etcétera. ¿Cómo logran acceder a esos sitios los contados atrevidos que evaden los filtros del régimen? A través de direcciones de Internet piratas, por puertos de acceso públicos, como lo hacen muchos empleados en México que en sus respectivos centros de trabajo les prohíben la navegación libre por la web.

Detrás del Escudo dorado se han tejido en occidente todo tipo de historias. No han dudado en comparar ese avanzado sistema con los regímenes represores de mediados del Siglo XX y con los pasajes más oscuros de represión gubernamental.

Los foros y páginas especializadas en seguridad informática se llenan de adjetivos hacia el régimen chino, llegando a afirmar que todas las computadoras personales que utilizan los chinos deben tener instalado un pequeño software llamado “Green Dam Youth Escort”, programa desarrollado por el gobierno chino para monitorear la actividad de los usuarios de PC. Aunque según algunas informaciones, actualmente los usuarios de aquel país no están obligados a ejecutar ese software. Quién sabe.

Tal vez una de las víctimas más mediatizadas de esta censura sea el artista Ai Weiwei, quien ha sido multado por el régimen por sus actos subversivos. Por dos y medio millones de dólares fue una de las multas que el Gobierno Chino le hizo pagar. Y todo porque Ai Weiwei se ha empeñado en romper la “Muralla Virtual” e informar al mundo de la represión del sistema, de los problemas con la educación y con la situación de la región del Tibet. Todos estos temas delicados para el régimen. Eso sin contar con que el mismo Ai Weiwei es vigilado, según, las 24 horas del día.

Un país que limita la información a sus ciudadanos, quienes tienen que recurrir a versiones genéricas de Youtube, Twitter o Facebook para no quedarse fuera de la tendencia mundial de la conectividad, y que invierte millones de dólares para frenar las libertades, puede ser puesto en duda las veces que se deseen.

Pero que a ese gran proyecto —Escudo dorado— se sumen empresas norteamericanas como Google (fabricante de un buscador chino que bloquea información), Microsoft (aliado de este plan al dar de baja blogs y foros políticos), Cisco (desarrollador de parte de la tecnología del “Escudo”) o Yahoo (quien proporcionó información privada de usuarios de su servicio de correos con la que el Gobierno logró la detención de periodistas, escritores, intelectuales…), es cuando uno se pregunta si los aliados comerciales de China saben con quién se están metiendo y si aquellas naciones aprenderán de ese juego sucio.

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