El ser humano abre y cierra ciclos todo el tiempo. Nos mudamos de una casa a otra, de una ciudad a otra, iniciamos y terminamos relaciones de pareja, salimos de una escuela y entramos a otra, emprendemos un negocio y lo vendemos o dejamos una posición profesional para irnos a otra en una organización distinta.

Sin embargo, poco se nos entrena o enseña desde niños y jóvenes a abrir y cerrar ciclos apropiadamente. Miles de personas cambian de trabajo todos los días, es algo muy natural y común; por eso, en las próximas líneas me enfocaré en el cierre de ciclos de la parte profesional, en dejar o salir de una empresa, tanto por despido como por motivos propios.

El cambio de trabajo le implica a una persona dejar de ver a muchos compañeros, soltar ciertas actividades y responsabilidades, entregar una oficina, activos y documentos, y acordar un finiquito y/o una liquidación. Es muy común que esto implique emociones negativas, genere tentaciones, provoque molestias e incertidumbre en otros, y conlleve una pequeña o gran revolución en la vida de la persona e incluso de la organización. Muchas personas no entregan toda la información que tenían, incluso la desaparecen, no se despiden de sus compañeros como es correcto, no terminan algunas actividades vitales que estaban realizando, ni capacitan a alguien más para continuarlas, y en el extremo de los casos la persona demanda a la empresa, se roba clientes o extrae información o activos que no le corresponden. Todo esto no sólo perjudica a los que se quedan y a la organización; también afecta a la persona que sale, y a su familia potencialmente, por las emociones negativas que esto genera: culpas, miedos, tristezas, inseguridades y corajes.

En realidad, esto de “cerrar ciclos” es casi imposible. No podemos utilizar este concepto como algo absoluto, porque no es posible borrar la experiencia vivida en tu anterior organización; siempre se quedará un vínculo emocional, intelectual o energético abierto. Desde que tienes contacto con otra persona, aunque sea por un periodo corto, se abre un ciclo de interacción que jamás termina, ya que él o ella se mantendrán siempre en tu memoria, y en algo habrán impactado en tu vida.

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Es por ello que sugiero mejor hablar de “purificar ciclos laborales”, más que “cerrarlos”, ya que éstos siempre vivirán en ti y serán parte de ti. Para purificar un ciclo laboral que termina, y no cargar emociones negativas y “karma”, te hago varias recomendaciones.

  1. Entrega absolutamente todo lo que le corresponde a la organización o a otros individuos al interior. No te lleves nada que no sea tuyo. En el futuro esto te podría generar culpas y miedos que no necesitas; esto te impedirá ser realmente libre en tu próximo ciclo.
  2. Haz un recuento de todo lo aprendido y agradece explícitamente a cada persona que algo te haya enseñado. No lo dejes al tiempo ni a la deriva.
  3. Sé justo en la negociación que establezcas por tu finiquito o liquidación. No hagas uso de trucos legales, de la posesión de cierta información valiosa o de amenazas para forzar una cantidad monetaria mayor a la que realmente te corresponde.
  4. Capacita a la persona que ocupará tu puesto, y si aún no ha llegado, abre la puerta para que te busquen cuando la tengan.
  5. Sé explícito en las razones por las que sales del trabajo. Cuando la salida tenga que ver con motivos propios y no un despido, hablando con honestidad ofrecerás una buena retroalimentación que a la postre le ayudará a otras personas y a la organización que dejas.
  6. Si eres despedido, busca obtener las mayores explicaciones y retroalimentación posible. Escucha con humildad estas opiniones; busca aprender de ellas lo más pronto posible.

Estar en paz y en gratitud con tu pasado y las personas de tu pasado es una gran plataforma de desarrollo hacia el futuro. Abre con tranquilidad, paz y libertad tu nuevo ciclo laboral, habiendo purificado tu ciclo anterior. Siempre habrá algo por lo que puedas estarle agradecido a tu pasado. Sé capaz de extraer sólo lo mejor de tu experiencia anterior.

Un maestro de temas espirituales me dijo un día: “En tu subida a la cima nunca cortes las ramas que puedan salvar tu vida en la bajada.”

 

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