A casi dos años de publicar Cómo casarse tipo bien y con la reciente aparición de Cómo ser una niña tipo bien, Ricardo Cucamonga —seudónimo de Ricardo Ariel Velderrain Castro— ha logrado recuperar nuestro derecho al humor negro, cáustico y cruel, como asistente y casi esclavo de Cindy la Regia, el personaje que ha puesto a discusión qué tan «oportuno» es el «lenguaje políticamente correcto» en un país donde las graves diferencias económicas son las auténticas fuentes de discriminación y clasismo.

 

“Nada más difícil de explicar que el humor.”

Milán Kundera

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En diciembre de 2004 salió la primera caricatura de Cindy la Regia en la revista alternativa de cómics Ponx; después Cucamonga la empezó a publicar en su blog, pero el fenómeno social del personaje se disparó cuando abrió su cuenta en Twitter hace 4 años: @CindyLaRegia tiene casi 300 mil seguidores y, hasta la fecha, ha vendido más de 60 mil ejemplares —sin incluir el mercado pirata.

Más que «un retrato de la clase alta», Cindy la Regia es una reflexión de las aspiraciones de la clase media y sus frustraciones: una antítesis del maniqueísmo de los mitos de las clases sociales que repite el esquema de Nosotros los pobres a la menor provocación.

Ricardo Cucamonga forma parte de los creadores artísticos que están rompiendo esquemas por medio de las herramientas digitales —Internet, Twitter y Facebook— han logrado que trasnacionales como Penguin Random House les den cabida dentro de sus publicaciones y cambien sus métodos de selección de contenidos. En pocas palabras: que regresen a los intereses de la sociedad por medio de lo que la misma sociedad demanda.

En esta plática, Ricardo Cucamonga revela sus orígenes, cómo surgió Cindy la Regia y por qué ante el clasismo cínico de nuestra sociedad no queda más que reírse.

Feminismo talla cero

Si tan sólo el resto del mundo fuera tan bello como lo que veo en el espejo.
Cindy la Regia

 

CBR. —¿Cómo fue que de ser «creativo» de una agencia de publicidad diste el salto a ilustrador humorístico?

RC. —No estudié arte ni diseño ni nada similar, pero desde chico me gustaba hacer garabatos. Me fascinaban Quino, Schulz, todos estos cómics como La pequeña Lulú… Imagínate: nací en Sonora en mi familia de agricultores y cualquier «manifestación artística» era vista con mucha sospecha. Los cómics, de alguna forma, me decían: «Esta es la forma de crear un mundo, de hacer algo distinto». Y eso se me quedó ahí. Estudié mercadotecnia, luego hice una maestría en humanidades, pero no me sentía satisfecho. Cuando tienes 20 años hay un enorme grado de frustración porque, a esa edad, sabes que tienes algo qué decir pero no tienes idea de qué ni cómo. Eso, aunado a una serie de malos trabajos, me tenía abatido. Entonces en los años 90 empecé a diseñar un sitio en Internet que se llamaba El Patíbulo, y de pronto fue nominado en algo llamado «El Oscar del Internet» —más como burla, porque en ese entonces había como 5 sitios en la web— a un lado del sitio de Trino, y eso me animó mucho a seguir con mis monos. Tenía tres personajes: El Diablito, Sinforosa Cucamonga y El Verdugo.

CBR. —Creo que de ese sí me acuerdo: ¿era uno que asesinaba a las celebridades odiosas?

RC. —Exacto. Seguí haciendo mis cómics porque veía que varios lo hacían en web en otros países. Así que hacía mis monos y los pegaba en la pared de donde trabajaba. Un día, en la última agencia de publicidad para la que trabajé, el director creativo me llamó la atención: «Me dijo el jefe que van a redecorar y que ya no vas a poder pegar tus dibujos porque van en contra de la imagen de la empresa». Me enojé tanto que renuncié a la siguiente semana y me arriesgué a trabajar de «independiente» con un pánico atroz. Esos dos años fueron muy difíciles porque no ganaba ni para cubrir la renta. Un día estuve a punto de regresarme a Sonora y poner un puesto de tacos y no batallar más, pero un cuate me convenció de resistir un poco más.

CBR. —¿En esa época nació Cindy la Regia?

RC. —Sí, justo por ese entonces conocí a la chava que inspiró al personaje: no se parece en nada físicamente, pero sus anécdotas de citas con chavos y de sus cada vez más lejanas posibilidades de «casarse bien», fueron definiendo el carácter y el tono de Cindy…

CBR. —Y supongo que la sociedad regiomontana también ayudó mucho…

RC. —Es una amalgama de gente que he conocido durante toda la vida, porque «Cindys» las encuentras en Obregón, en Puerta de Hierro, en las Lomas, pero estar viviendo cerca de San Pedro, al que se considera el municipio más opulento de Latinoamérica, era inevitable.

CBR. —Lo que me parece increíble es que, algo que parece muy local de México, sea también algo cotidiano del resto de Latinoamérica: he visto resonancia de lo que haces en Colombia, Perú, Argentina… Cuéntame de estas chavas que apartan el salón, la iglesia, el anillo, el grupo musical… ¡pero aún no tienen novio para la boda!

RC. —Yo pensé que era una broma, pero al llegar a Monterrey conocí varios casos así. Imagínate: cómo desarrollas una relación «sentimental» con alguien, cuando ya de por medio tienes planeada toda esa parafernalia de la boda. Debe ser terrorífico vivir así.

CBR. —¿Por eso tus personajes parecen asustados?

RC. —Tal vez, me lo han dicho varias veces: aunque mis monos aparezcan sonriendo, su gesto refleja un ataque de pánico constante.

CBR. —¿No será que como sociedad vivimos aterrados ante la incertidumbre de todo?

RC. —Y también esta demanda altísima de cubrir expectativas sociales, de apariencia perpetua: la idea que tengan los demás sobre uno. Tal vez por eso escribir este segundo libro fue muy complicado para porque me entró un ataque de ansiedad terrible. Tuve un bloqueo creativo de dos meses. A pesar de que se trata de un libro ligero, de entretenimiento, siempre he tenido una relación difícil con los temas de fondo: el subdesarrollo nacional, la constante demanda de seguir o imitar lo que se hace en otros países, la discriminación, ya sea por miseria o preferencia sexual… y todo desde la perspectiva de un personaje como Cindy, que no tiene el menor empacho de ostentar sus fijaciones. Por ejemplo, la palabra «naco» yo la empleo con mucho pudor porque me parece equivalente en ofensa al nigger de los EE.UU. Por eso el capítulo más difícil de escribir fue ese, el de los «nacos», porque entro en conflicto con mis principios; pero al abordarlo, me di cuenta que el significado de una palabra es como la humedad: se filtra de forma muy diversa con significados distintos según el entorno; por eso se usa con tal desparpajo, que al final me reconcilié con la palabra.

Happy_independence_Day

CBR. —¿Qué opinas de la legislación contra «palabras de odio»?

RC. —Me gustó la forma en que se cuestionó el tema, pero no el modo en que lo legislaron, porque se restringe el uso del idioma: es una forma de «encadenar el pensamiento», y creo que es peor el remedio que la enfermedad.

CBR. —Pero hay que asimilar ese lenguaje para «hacer creíble» al personaje…

RC. —Sí, claro; un ejemplo es cuando Cindy repara en los nombres que les ponen a los niños: Christian Devanhi Alan Kevin García. Está tomado de un nombre real.

CBR. —Lo veo cada semana cuando las señoras llaman a sus hijos en el súper: Brandon, Dylan, Kevin…

RC. —Eso pasa cuando la gente se reproduce mientras ve Beverly Hills 90210… diría Cindy.

CBR. —¿De dónde viene lo de Cucamonga?

RC. —Mel Blanc, quien dio voz a los principales personajes de Looney Tunes, tenía un programa de radio y en él decía: «El tren sale de Anaheim a Azusa y Cucamonga». Mel Blanc lo decía porque los estudios Warner estaban cerca del Rancho Cucamonga y porque la palabra le sonaba graciosa. Luego escuché la frase: «Es la prima Sinforosa que ha llegado de Cucamonga», y desde entonces se me quedó muy grabada en la memoria.

CBR. —¿Y qué tal las personas que creen que lo que dices por medio de Cindy es en serio?

RC. —El otro día me lo escribió una chava: «Mira, ya vi que sacaste un segundo libro. No los he leído pero estoy seguro que se trata de ciberbulling como estás acostumbrado a lo que has hecho estos años. Te animo a que hagas un uso más positivo de tu creatividad». Lo que suelo hacer en esos casos es responder: «Qué bueno que pienses eso, porque justo esa es mi intención (muajajá)». Y hasta  llegan a contestar: «¿Es sarcasmo lo que me estás diciendo, verdad?». ¿Qué respondes a eso?

CBR. —¿Llegaremos a ver a Cindy Divorciada?

RC. —En el fondo Cindy es un personaje frustrado, de ahí que sea «humana» y que los lectores aguanten sus comentarios políticamente incorrectos.

CBR. —¿Qué es lo más estúpido que te han pedido en una entrevista?

RC. —Una vez me pidieron que hablara como Cindy y dijera: «Gooeeeeyy».

qué gusto verte

Ricardo Cucamonga presenta su libro más reciente Cómo ser una niña tipo bien, este sábado 7 de diciembre en la FIL de Guadalajara a las 4:30 pm (salón 1, planta baja) y, al término de la presentación, firmará libros en el stand de Penguin Random House. No se pierda la oportunidad de conocerlo en persona.

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*Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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