Cada deporte tiene ciertos récords, que debido a la complejidad para alcanzarlos son reservados a unos cuantos que –a través de carreras de alto desempeño y con la constancia como marca distintiva– forman selectos clubes.

En el beisbol, uno de éstos es el Club de los 3,000. El número hace referencia a los 3,000 hits alcanzados por un bateador a lo largo de su carrera en temporada regular.

¿Qué tan difícil es pertenecer a este club? Son 119 años desde el primer jugador que llegó a la marca, Cap Anson, en 1897, y apenas otros 28 jugadores habían logrado ingresar al club hasta el pasado domingo 7 de agosto, cuando los aficionados al beisbol presenciaron el ingreso del miembro número 30: el japonés Ichiro Suzuki.

 

¿Cómo medimos el éxito?

Antes de ir a su historia, la pregunta obvia: ¿por qué es tan complicado alcanzar la marca de los 3,000 hits para un bateador?

Bueno, si nunca te has parado a batear, te platico que es mucho más complicado de lo que se ve en la televisión. En el terreno todo sucede mucho más rápido: cuando el pitcher lanza la pelota a 145 km/hora (algunos alcanzan velocidades de 150 km/h), el bateador tiene apenas un cuarto de segundo para ver el lanzamiento, juzgar su velocidad y ubicación, decidir qué hacer y comenzar el movimiento del swing; entonces el bat debe encontrar a la pelota y darle dentro de un diámetro de 2.54 cm tomando el centro del bat como referencia. Para un cuadrangular debe de ser dentro de 1/8 de esos 2.54 cm.

Si batear se tratara nada más de reaccionar a lo que ves, sería casi imposible. Así que el bateador debe añadir la intuición para darse mejores probabilidades de éxito.

¿De dónde nace la intuición, tanto en el beisbol como en cualquier profesión? La intuición viene de la experiencia previa, de la atención, la conciencia y el aprendizaje hacia futuro. Para el bateador, la intuición viene de aprender de cada turno (experiencia), del estudio de videos, de incontables prácticas de bateo, de afinar cada día, cada semana, cada mes, cada temporada.

Cada evento te da información. El estudio de las tendencias de cada pitcher te ofrece probabilidades matemáticas para elegir qué hacer en cada lanzamiento que recibes, dependiendo de la situación del partido. Es un duelo tanto mental como de habilidades.

No todos tienen la disciplina ni el acercamiento al juego requeridos para ser exitosos en el arte del bateo.

Aun así, con todo ese trabajo, un buen bateador conectará de hit 3 veces de cada 10 intentos (un promedio de bateo de .300). Así de complicado es batear.

Clave: Cuando ves un resultado como un aprendizaje, y eres capaz de entender el contexto, tanto desde donde se tomaron las decisiones, lo ignorado, lo que ayudó y lo que no, y usarlo para en el futuro tener mayores posibilidades de éxito, estás trabajando desde una mentalidad de maestría.

 

Lo que te funcionó antes no te asegura que funcione hoy

Suzuki comenzó su carrera en Japón, donde jugó durante 7 años.

Cuando los Marineros de Seattle lo contrataron, había una gran expectación, sobre todo por el público en Japón. Suzuki tenía la opción de llegar como estrella o como un novato de 27 años. Optó por lo segundo y poner su energía en observar, aprender y adaptarse. Ichiro observó desde el inicio que los pitchers en Estados Unidos tenían un diferente acercamiento que los lanzadores en Japón. Era la pretemporada y comenzó entonces a trabajar, de manera metódica, en tareas específicas en la caja de bateo, con el fin de medir su estilo con los lanzadores de las Grandes Ligas. Muchos de sus batazos resultaban en rolas de poca fuerza hacia tercera base. Muchos comenzaron a dudar, y varios escritores criticaron a Seattle por haber contratado a un japonés de talla pequeña. Pero Ichiro observaba, aprendía y hacía ajustes. Su visión iba más allá del resultado inmediato.

Ese año (2001), Ichiro Suzuki bateó para un promedio de .350 y ganó el reconocimiento de Jugador Más Valioso en la Liga Americana de las Grandes Ligas. Tres años después, con un promedio de bateo de .372, rompió el récord de George Sisler, de 257 hits en una temporada, récord establecido en 1920 y que era una de las marcas más antiguas en el beisbol.

Ese aprendizaje constante le permitió durante 10 años batear arriba de 200 hits (otro récord de la liga).

Clave: Lo que te funcionó en el pasado, en otra empresa o en otro equipo, no te garantiza que funcione de nuevo. El análisis del contexto, de la gente a tu alrededor, es importante para un líder.

 

Autenticidad, enfoque, propósito y amor al juego

Suzuki siempre ha dicho que quiere jugar hasta que tenga 50 años. Hoy tiene 42 y sigue contribuyendo para los Marlins de Miami. Y a fin de mantenerse en una forma que le permita jugar, Suzuki se enfoca en dos cosas: su cuerpo y sus herramientas de juego.

En este escrito hablaré de las herramientas de juego, y de una en particular: sus bats.

La forma en que cuida sus bats es particularmente interesante, y necesitamos remontarnos a 1999, cuando aún jugaba en Japón, para comprender la filosofía y respeto que hay hacia la profesión.

En aquella ocasión, después de haber sido “ponchado”, y mientras caminaba de regreso al dugout, la frustración se convirtió en enojo llevándolo a romper su bat. Pocas horas después, ya con la mente más calmada, Ichiro Suzuki escribía una carta al artesano que elaboraba a mano sus bats. En la carta se disculpaba por haber destruido el producto de su trabajo, manifestando el respeto que tenía por el proceso y habilidad requerida en la elaboración de los bats.

El respeto hacia la profesión y el trabajo de otras persona lo manifiesta en la forma en que lleva sus bats de un lado a otro. Normalmente los jugadores los meten en bolsas cuando no los usan, pero Ichiro Suzuki los guarda dentro de un estuche a prueba de golpes, que además deja la humedad afuera.

Para un detallista como él, regular la humedad del bat es crucial, pues se nota en el tacto y en el impacto con la pelota. El mismo artesano que hacía sus bats en Japón, sigue fabricándoselos hoy en día, todos con las mismas dimensiones y peso.

Siempre tiene 4 disponibles, de forma que si uno ha absorbido demasiada humedad, lo regresa al estuche y saca otro para su siguiente turno.

Previo al juego lo puedes observar sintiendo cada uno de los bats, dándoles pequeños golpes y escuchando el tono que hacen, seleccionando cuidadosamente su herramienta.

Ichiro Suzuki tiene su muy particular estilo de bateo, y cada ritual refleja algo importante para él, y a la vez le da una autenticidad no forzada, que es celebrada por jugadores y fans.

 

Orientación de maestría

La marca de los 3,000 hits nunca ha sido su motivación detrás de la disciplina y entrenamiento que ha requerido para mantenerse en el beisbol.

Si trabajas desde una mentalidad de maestría, es una marca que no está en tu mente cuando inicias tu carrera. Tu enfoque está en el presente, en mejorar, en ajustar, en contribuir a tu equipo. Las marcas, los resultados, son consecuencia de ese trabajo, respeto y amor al deporte (profesión), así como de muchas pequeñas cosas sucediendo.

Ichiro Suzuki es un maestro en los pequeños detalles.

Cuando personas con estas características van alcanzando e imponiendo récords, la gente a su alrededor –sin importar si son jugadores de equipos rivales, aficionados o reporteros– lo celebra, pues entiende los valores y principios ligados al evento que enriquecen no sólo al deporte, sino a las personas asociadas a él.

 

El Club de los 4,000

Hay nada más 2 jugadores en el Club de los 4, 000 hits: Pete Rose (4,256) y Ty Cobb (4,191).

A diferencia de Ichiro Suzuki, ellos jugaron toda su vida en las Grandes Ligas.

Si uno considera los hits conseguidos en Japón, Ichiro sumaría 4,279… y contando.

Momento en que Ichiro Suzuki alcanza los 3,000 hits

Momento en que rompe la marca de George Sisler


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