El interés que Asia despierta en la imaginación occidental es indudable e invita a recorrer antiguas rutas, a forjar de nuevo esas viejas relaciones para reconstruir el sueño del Galeón de Manila, lo que se traduciría en beneficios para los mexicanos.

 

El Galeón de Manila —llamado así en honor a su puerto de salida en Manila, Filipinas— solía transportar mercancía que deslumbró a dos continentes: porcelana, seda y especias provenientes de Asia, y exquisita plata de América. Su destino: el puerto de Acapulco. Esta ruta, vibrante durante dos siglos, fortaleció las relaciones comerciales y culturales de las dos regiones, exóticas la una para la otra. El comercio llegó a ser tan preponderante que el “dólar de plata mexicano” fue aceptado como moneda oficial en el este de Asia por cuatro siglos. Pero, ¿qué ha sido de aquel vínculo con tan gran aliado?

Mucho escuchamos sobre la falta de diversidad en las relaciones comerciales de México. Un impresionante 82% de nuestras exportaciones se destinan a Estados Unidos y Canadá, mientras que apenas el 3.6% van al este de Asia y el Pacífico, y menos del 2% a China. Tampoco ignoramos el pregonado poder económico de Asia y su porvenir en la escena geopolítica mundial. Con el 60% de la población mundial habitando en la región Asia-Pacífico, recibiendo más de un tercio de la inversión global e invirtiendo fuera casi el 40% del total, se ha consolidado como la “región más dinámica del mundo”. México no puede desaprovechar la oportunidad de fortalecer su relación con un mercado tan atractivo.

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Valor en el comercio mundial

Como país hemos dejado atrás nuestra dependencia en exportar materias primas, excepto por el petróleo. Dichas exportaciones se caracterizan por brindar menores ganancias o “valor agregado”. A pesar de este avance, el valor agregado de nuestras exportaciones ha disminuido en los últimos seis años, de acuerdo con el Banco Interamericano de Desarrollo. Ante esta situación y con el mundo encaminado hacia la convergencia comercial y la fragmentación en la producción (por ejemplo, el dispositivo desde donde estás leyendo esto probablemente fue ensamblado en China con materiales europeos y japoneses), ¿cómo podemos aumentar el valor de nuestras exportaciones?

Comerciar con Asia es una labor costosa. Su ubicación geográfica constituye una carga incluso para los mexicanos más visionarios. Pero si hablamos solamente de comercio en servicios, estos costos pasan a un segundo plano y el valor agregado aumenta. Por ejemplo, las economías de Singapur y Hong Kong, célebres por su alto nivel de desarrollo económico, dependen de su comercio en servicios que realizan con países de todo el mundo. Es cierto que seguir su modelo requiere inversión en capital humano y un ambiente institucional propicio, pero para triunfar, México tiene que fomentar el intercambio de conocimiento con Asia. Además, la Organización Mundial del Comercio y la Organización de las Naciones Unidas han promovido en Asia la adopción de un sistema electrónico, llamado “comercio sin papel”, en busca de reducir costos de logística. Poco falta para que otras regiones del mundo, México incluido, implementen un enfoque similar.

 

Integración de México y Asia

Por el lado de los tratados comerciales, el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP, por sus siglas en inglés) es considerado como uno de los más grandes que se haya propuesto. Sus implicaciones son evidentes: las naciones que lo integran representan el 39% del PIB, el 11% de la población y 31% de las importaciones globales. A pesar de que México cuenta con tratados comerciales con varios miembros del TPP como Estados Unidos, Chile y Perú, nos beneficiaríamos de los convenios pactados con países como Singapur, Malasia y Japón.

Pero el TPP cubre también debates en innovación y pobreza. Por ejemplo, apela a imponer restricciones en propiedad intelectual, afectando a las millones de personas que utilizan medicamentos genéricos en todo el mundo. Compañías bien establecidas tendrían sus patentes protegidas, incentivando la investigación e innovación. Por el lado opuesto, países como Brasil, India y Sudáfrica, los grandes proveedores de medicamentos genéricos, dejarían de suplir a las personas que dependen de estas medicinas para sobrevivir. También se habla de cómo el TPP otorgaría mayor poder a las grandes empresas a costa de startups y de los gobiernos que carecen de recursos para hacer frente a litigios comerciales.

Desgraciadamente, el tratado se discute a puertas cerradas y con la máxima privacidad, por lo que se desconocen los matices de la negociación. La gran apuesta del TPP es robustecer el comercio entre naciones y hacer frente al poderío de China, el gran ausente en el tratado.

Con un vasto poder de compra y su apuesta por la investigación tecnológica, la región Asia-Pacífico está experimentando un cambio estructural notable, y consolidar nuestra relación con ellos se traduciría en beneficios para la población mexicana. El interés que Asia despierta en la imaginación occidental es indudable. Recorriendo antiguas rutas y forjando viejas relaciones habremos de reconstruir el sueño de aquel gran galeón.

 

Referencias
— Banco Mundial (2015). World Integrated Trade Solutions (WITS).
— Organización de las Naciones Unidas (2014). Asia-Pacific Trade and Investment Report 2014: Recent Trends and Developments.
— Blyde, Juan. (2013). The Participation of Mexico in Global Supply Chains: The Challenge of Adding Mexican Value. IDB Technical Note. Septiembre 2013.

 

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