El discurso antiinmigrante y antimexicano de Donald Trump, precandidato a la presidencia de Estados Unidos por el Partido Republicano, tiene impacto entre las empresas en México. La preocupación es qué pasará con la relación económica entre los dos países si Trump es nominado y gana las elecciones.

“Obviamente hay un marco institucional legal y para el que sea que gane (la presidencia de Estados Unidos) sería difícil cambiarlo”, indica Frederic García, presidente del Consejo Ejecutivo de Empresas Globales (CEEG), un organismo al que asisten los CEO de 47 compañías multinacionales presentes en la República Mexicana.

Para el ejecutivo francés, director en México del consorcio europeo Airbus, el desconocimiento que tienen las sociedades mexicana y estadounidense del valor económico de la relación bilateral ha contribuido a la aceptación que tiene el discurso de Trump en Estados Unidos.

Para contrarrestar ese discurso, empresarios, políticos y la sociedad en su conjunto deberían difundir mejor, de manera objetiva, los términos de la relación bilateral.

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―En México percibimos que hay un cambio en la importancia geoeconómica del país, pero ¿cómo es visto desde afuera, por las empresas multinacionales?

―El posicionamiento de México en el mundo hoy es bastante único. Vivimos una situación mundial (en lo económico y político, en las organizaciones, en todos los equilibrios) cada vez más compleja, inestable y de muy corto plazo. Hemos visto recientemente que los disturbios de la economía China han producido mucha volatilidad en los mercados, tanto en las bolsas de valo­res como en las monedas; hemos visto el estancamiento de la economía mundial, o sea, no hay los niveles de crecimiento que se podían esperar. Europa atraviesa una situación por lo menos compleja, desde el punto de vista del terrorismo, la migración y hasta eventualmente de lo económico; con el voto que va a haber en el Reino Unido (para decidir si el país se mantiene o sale de la Unión Europea) esto puede desmoronar muchas cosas.

El punto es que el mundo se ha vuelto sumamente inestable y complejo, y en lo económico no hay visiones de muy largo plazo que sean muy alentadoras en muchos lugares. Mé­xico es uno de los países donde sí (hay visión de largo plazo), en comparación con muchos más. Hay muchas razones para tener optimismo, o por lo menos para poner unas palomitas positivas. ¿Cuáles son?

Primero, México ha tomado decisiones desde hace más de 20 años con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), y vinieron varios más. De cierta forma, México es el campeón mundial de los tratados de comercio, no hay otro país que tenga la posibilidad de tener este tipo de acuerdos. Eso es fundamen­tal para tener una economía abierta, que se quiere hacer cada vez más competitiva y una con perspectiva global.

Segundo, después de las reformas estructurales que ha empezado a hacer este go­bierno, México tiene ventajas comparativas para buscar costos de energía y telecomunicaciones más bajos, y tiene posibilidad de volver a tener niveles de educación mucho más arriba de cómo están hoy. Las reformas estructurales están cambiando la perspectiva económica de México para mantenerla muy competitiva.

Por último, México es parte de Norteamérica y está cerca de la mayor economía del mundo. Sin embargo, no es sólo que esté cerca y en la frontera, es que las economías están entramadas de tal suerte que México, el mes que acaba de pasar (marzo), se ha vuel­to el segundo socio comercial de Estados Unidos, después de China y antes de Canadá.

Esos elementos dan la visión de cómo está México hoy en el mapa mundial y las razones por las que hay perspectivas muy positivas de las empresas globales con relación a este país.

 

―Como mercado, ¿qué significa México para las grandes compañías?

―Para las compañías globales, más que multinacionales, México es un mercado muy interesante porque es parte precisamente de los tratados de libre comercio. Estando basado y produciendo en México, hay acceso a varios mercados, esencialmente al estadounidense.

Lo que será interesante en un futuro es que México con­solide todavía más su mercado interno. Hoy, la economía mexi­cana, y esa es la gran ventaja que tiene el país, es exportado­ra de manufactura, en compa­ración con muchos países que son exportadores de materias primas, y eso definitivamente es una fortaleza.

Pero sí, también tiene un mercado interno que todavía tiene cancha para desarrollarse.

 

―Entonces, ¿cómo entender las valoraciones de un políti­co que aspira a la presidencia de Estados Unidos, Donald Trump?

―En todo el mundo hay gente que habla y da discursos políticos con aspectos populistas y que son muy bien percibidos por las poblaciones, pero que no tienen fundamentos en la realidad o en las cifras.

Sobre los discursos del señor Trump en Estados Unidos, si nos ponemos a mirar la realidad de las cosas, vemos que son radicalmente distintas a lo que él diga o pretenda. En las retóricas electorales, él ha decidido irse por un determinado camino, pero si lo que dice de México lo estuviera contrastando con la realidad, en términos de cuál es el comercio bilateral entre los dos países, los empleos que esa relación comercial pro­duce tanto aquí como en Estados Unidos, la dependencia de Es­tados Unidos de la economía mexicana, los flujos migra­torios, si estuviera atendiendo estas pre­guntas con hechos reales y datos duros, probablemen­te su discurso sería diferente.

 

―Como representante del CEEG y como alto ejecutivo tienes contacto con múlti­ples empresas de distinto origen, ¿per­cibes preocupación porque esa retórica se pueda convertir en una forma de gobierno y de conducción económica?

―La preocupación sí está, porque un discurso erróneo distorsiona la forma de ver las cosas.

Lo que es cierto es que en los tratados de libre comercio que tiene Estados Unidos con el mundo obviamente hay un marco institucional legal, y para quien sea que gane sería difícil cambiarlo.

Sin embargo, esto que ocurre llama la atención y tanto los políticos mexicanos como el sector privado mexica­no, el sector privado de Estados Unidos y algunos políticos de Estados Unidos, frente a este tipo de discurso, deben tener unas líneas discursivas mu­cho más centradas en la realidad, en los hechos, deben ser mucho más objetivas.

A fin de cuentas, si hay tantas personas que han considerado que las ideas del señor Trump pueden ser interesantes, eso refleja la falta de conocimiento de la realidad en la relación entre ambos países y esta realidad, si no es conocida, significa que hay un déficit de comunicación al respecto, tanto en México como en Estados Unidos.

 

―¿Cómo es vista Norteamérica por las compañías globales?

―Norteamérica, es decir Canadá, Estados Unidos y México, sigue siendo un gran polo de desarrollo económico e industrial, y lo va a seguir siendo durante varios años. El otro gran polo es Asia.

En esta materia, las iniciativas que se han tomado de esta negocia­ción del TTP (Acuerdo Transpacífi­co) es algo sumamente interesante, porque demuestra que se está construyendo alrededor de China un entorno de comercio basado en el libre comercio, en economías competitivas y, de cierta forma, el centro de esto es América del Nor­te, de la que México es una parte importante.

 

―¿Los flujos de inversión responden a este diagnóstico?

―Yo creo que sí. Si vemos únicamen­te los flujos de inversión del año pa­sado, por lo menos en términos de inversión extranjera, hemos anun­ciado en 2015 una inversión por parte de los miembros del CEEG de 11,500 millones de dólares (mdd), además de gastos operativos en el país de 13,000 mdd.

Por tanto, las empresas del CEEG en 2015 aportaron a la economía mexicana unos 24,500 mdd.

Si eso lo comparamos con los flujos de inversión extranjera directa (IED) que, según cifras de la Secretaría de Economía, fueron de 28,000 mdd, significa que las empresas del CEEG han representado 40% de la IED de este país. Y que entre inversión y gastos operativos hemos represen­tado 85% de la IED.

Esto da una tendencia sobre cómo se considera a México en la perspectiva de las empresas globales. Lo interesante de notar es que el aumento de la ied en 2015, comparado con 2014, fue de dos dí­gitos. Eso refleja la confianza entre los inversionistas internacionales en México.

 

―En términos de flujos comerciales, ¿el papel de Norteamérica está cambiando en comparación con Asia? ¿Qué pasa en Europa y en Norteamérica, como grandes polos de consumo?

―En el caso de México y de su inserción en Norteamérica es muy interesante observar que en los mecanismos de proveeduría representa un eje esencial para la industria de la región.

México exportaba no más de 15% en manufacturas hace 20 o 30 años. Hoy exporta más de 90% y esto esencialmente está desti­nado al mercado de Estados Unidos.

Eso es reflejo del papel que México juega hoy en la región y de una fortaleza tremenda.

Si lo comparamos con muchos otros países del sur, estos son esencialmente de exportación de materias primas; ahí no han desarrollado sus economías como lo ha hecho México, que está totalmente integrado en procesos industriales y productivos.

 

―¿Crees que el gobierno mexicano ha transmitido ese mensaje de realidad que comentas?

―Esto no es un tema del gobierno mexicano; sería demasiado simplis­ta (verlo así) y si Trump es simplista a la hora de expresar sus cosas, no queremos caer en esta trampa.

Podemos constatar que hay un profundo desconocimiento de lo que es la relación entre México y Estados Unidos y ese desconoci­miento no viene de un gobierno.

No podemos decir que hace tres o cuatro años la gente sabía muy bien (cómo era la relación bilateral) y que hoy lo desconozca.

Lo que sí podemos decir es que desde hace varias décadas no se ha dado, de cada lado de la frontera, la información suficiente a la gente de lo que representa esta relación. Ob­viamente, luego cada quien hubiera podido quizás hacer las cosas mucho mejor, pero no es un tema circuns­tancial de los últimos dos o tres años.

Es un tema que no sólo está vin­culado con autoridades, sino con la sociedad civil, empresarios, líderes de opinión y políticos.

 

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