Cada persona tiene una idea diferente de qué es el éxito, pero sea cual sea la tuya, seguir estos pasos te puede ayudar a conseguirlo.

La primera etapa del proceso debe iniciar con tres preguntas básicas: ¿Qué significa para mí el éxito? ¿Qué cosas son fáciles para mí, sobre qué materias tengo conocimiento y con qué disfruto profesionalmente? y por último ¿Qué estoy dispuesto a sacrificar?

Las respuestas a estas preguntas te harán descubrir los puntos críticos para llegar a la “Felicidad” profesional. Recordemos que el éxito no da la felicidad, sino que la felicidad da el éxito. El cerebro utiliza un 65% menos de energía realizando las tareas que nos gustan y somos capaces de focalizar nuestra atención por un periodo prolongado de tiempo sólo en los temas que nos atraen. Nunca llegaremos al éxito en una profesión o rol profesional si pensamos que no vale la pena lo que estamos sacrificando por estar allí.

Una vez que sabemos con claridad y siendo realistas, qué significa el éxito para nosotros, qué queremos lograr y con qué disfrutamos, la segunda etapa del proceso consiste es conocer y aplicar la fórmula del éxito profesional.

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El éxito profesional es una función de nuestras habilidades (h), valores (v), motivaciones (m), conocimiento (c) y actitud (a). Pero no todas las variables cuentan por igual:

  • Habilidades: nuestra inteligencia, capacidad creativa o nuestros rasgos físicos son herencias de nuestra genética. Seguramente Albert Einstein o Usain Bolt nacieron con rasgos determinados que les ayudaron en su éxito, pero ni mucho menos es el factor más determinante para llegar al éxito en nuestras carreras profesionales. Es un factor que influye, pero no determina.
  • Valores: los valores se adquieren en etapas tempranas de nuestra vida. La empatía, la orientación a resultados, las expectativas de uno mismo o el tipo de razonamiento (lógico o intuitivo) dependen de nuestras interacciones personales entre los 0 y los 12 años. Este factor es uno de los más importantes a la hora de determinar el éxito profesional. Es más probable que Jack Welch llegara a ser el directivo más valorado del mundo por su persistencia, orientación a resultados o altas expectativas de sí mismo que por su inteligencia o estudios.
  • Motivaciones: aquello que nos motiva o nos hace feliz nos mantiene con una alta capacidad de optimismo y atención. Por lo tanto, orientarnos a aquellas tareas o roles que nos motivan será clave para nuestro éxito profesional.
  • Conocimiento: los estudios cursados o el dominio de idiomas son parte importante del éxito, pero en la sociedad en la que vivimos se dan por hecho. Todo el mundo asume que un CEO debe tener una carrera universitaria, hablar inglés y tener conocimientos empresariales y financieros básicos. Estos son requisitos imprescindibles, pero tenerlos no nos asegura el éxito.
  • Actitud: junto con los valores, la actitud es el factor más importante a la hora de triunfar en el ámbito profesional. El optimismo, la persistencia o el compromiso son actitudes que se pueden adquirir, mejorar y trabajar. Si tenemos una actitud positiva ante los retos que enfrentamos, tenemos mayores probabilidades de éxito.

En esta segunda etapa, la clave está en ser conscientes de nuestras limitaciones y fortalezas, saber qué ámbitos no podemos modificar (habilidades y valores son los factores que difícilmente podremos modificar en nuestra edad adulta) y actuar en los ámbitos en los que sí podemos marcar una diferencia (motivaciones, conocimiento y actitud). Por importancia, deberemos trabajar con mucho mayor empeño en la actitud que en el conocimiento.

Es decir, si puedo elegir, es preferible dedicar diez horas de a mejorar la capacidad de compromiso, la persistencia, la habilidad para escuchar, el optimismo o el estado de ánimo que a estudiar finanzas o inglés. Aunque como todo en la vida, el equilibrio es importante y deberemos cuidar tanto nuestro conocimiento como nuestra actitud.

La tercera y última etapa es saber mantenernos en el éxito una vez allí. Valores como el de la humildad, actitudes como la del esfuerzo constante y comportamientos optimistas que fomenten nuestro liderazgo y nuestras motivaciones son muy relevantes.

Si trabajamos bien cada una de estas tres etapas, estaremos más cerca del éxito.

 

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