Nuestro cerebro optimista, con frecuencia, nos lleva a equivocarnos en nuestros análisis y, más, si el escenario probable puede dañarnos. Anticipar el futuro no nos sirve de mucho para cambiarlo, si nos rehusamos a anticipar eventos negativos.

 

 

Si les ofrecieran una bola de cristal que les permitiera ver el futuro, me imagino que la mayoría de ustedes brincaría ante la posibilidad de no sólo saber qué les espera, sino buscar cambiar el futuro.

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Sin embargo, a pesar de que el gran futurista y autor del libro Once Mentalidades para Prever el Futuro, John Naisbitt, señala que “el futuro está incrustado en el presente”, ¿por qué existe una alergia sistemática por predecir lo que va a suceder con base en la información que tenemos en nuestras manos? Y, en el caso de la cultura mexicana, hay algunos factores que incrementan la dificultad de hacer exactamente eso: predecir el futuro.

Optimismo desbordado vs. El mundo según Darth Vader. La dificultad de ver el futuro tiene que ver en parte con la misma naturaleza humana. Hay varios estudios que señalan que el cerebro humano es propenso a ser optimista. Aún cuando todas las evidencias señalan lo contrario, nuestro cerebro nos “engaña” a asumir que nada malo nos va a suceder. Esto es quizá herencia de nuestro antepasado salvaje, cuando nuestros ancestros temían a diario que podrían ser consumidos al salir de la cueva y, por lo tanto, desarrollamos mecanismos para no vivir con miedo o con pesimismo toda la vida.

Yo les pregunto a los empresarios que leen este espacio: si los expertos señalan que la posibilidad de un peligroso terremoto de nivel 8 o más en la escala de Richter es casi una certeza, ¿cuántos de ustedes han preparado a sus empresas y familias para enfrentar esta crisis? Me sigue sorprendiendo el número de personas que aún no toman los pasos mínimos para proteger su empresa y su familia.

Lo importante es reconocer que nuestro cerebro optimista, con frecuencia, nos lleva a equivocarnos en nuestros análisis y, más, si el escenario probable puede dañarnos. Anticipar el futuro no nos sirve de mucho para cambiarlo, si nos rehusamos a anticipar eventos negativos.

¡La Virgen nos protegerá! Hay un aspecto cultural único del mexicano que es un factor adicional que no nos permite ver el futuro con suficiente claridad para cambiarlo y tiene que ver con el fatalismo mexicano. Un funcionario de salud me decía que era tan alto el índice de muertes por accidentes en México porque tendemos a poner nuestro futuro en manos del destino o de una deidad religiosa. Es decir, es poco lo que podemos hacer para cambiar nuestro destino. Ante esta actitud, decía que los mexicanos son muy malos para tomar pasos para prevenir un accidente. ¿Por qué perder el tiempo y recursos si es “la virgencita” la que decide qué nos va a suceder el día de hoy? Otra forma de entender esta actitud sería: ¿Para qué intentar anticipar el futuro si nuestro destino está definido?

Motivaciones de Maquiavelo. Les ofrezco disculpas a los lectores, pero como analista de seguridad tiendo a ver el mundo como oscuro y peligroso, en donde las decisiones de los seres humanos generalmente se rigen por los aspectos infames de su personalidad. Pero si ustedes deciden creer en la nobleza y la lógica del Homo Sapiens, sugiero que por lo menos consideren cuáles son las motivaciones reales que mueven a una persona. ¿Añoranza de tener seguridad económica, codicia, reconocimiento de sus pares, miedo, lujuria, sexo o soledad? Son estos los sentimientos que mueven a las personas y definen cómo tomarán decisiones hacia el futuro, si es que no existen incentivos o mecanismos que los empujen a usar la lógica y la responsabilidad. En el caso de México, hay un factor adicional que facilita que una persona considere “portarse mal” en el futuro: la cultura de impunidad que se vive en el país. Temor a los padres, autoridades o, miedo de ir a la cárcel, antes creaban incentivos para que las personas tomaran las decisiones sabias y responsables. Esos incentivos dejaron de existir.

Por eso, cuando pretenda anticipar la toma de decisiones de otras personas, no dude en recordar la máxima de Maquiavelo: “La naturaleza de los hombres soberbios y viles es mostrarse insolentes en la prosperidad, y abyectos y humildes en la adversidad”.

Hasta los expertos se equivocan. Ante la lluvia de información que nos bombardea gracias a la tecnología, hoy tenemos que depender del análisis de los “expertos”. Nuestra capacidad de descifrar correctamente el futuro depende enormemente de análisis ajenos.

¿Pero qué sucede cuando los expertos se equivocan o, a propósito, nos proporcionan información equivocada? Nuestras predicciones también son erróneas Por eso, también es importante cuestionar las motivaciones de los “expertos” para evaluar con efectividad la credibilidad de su información. Eso rara vez sucede en México.

Todos tenemos una bola de cristal que muchos rehúsan usar para ver el futuro, ya sea por miedo o por factores inherentes a la cultura. Yo me pregunto: ¿Cómo cambiar el futuro si no entendemos el presente?

 

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