La última edición de este torneo que se organiza en Acapulco tuvo la mayor valuación de los de su tipo en América Latina (15 millones de dólares). Gracias a ello, pudimos observar a una contendiente de gran lujo: María Sharapova.

 

Por Ivan Pérez

María Sharapova no es cualquier chica, sino la mujer que más dinero gana en el deporte.

También es considerada una de las figuras mediáticas más hermo­sas del planeta; ya posó para las revistas Vogue y Glamour y hace un año modeló diseños de Jason Wu, el encargado de confeccionar la vestimenta de la primera dama de Estados Unidos, Michelle Obama, en la Fashion Week de Nueva York.

¿Cómo se le puede definir? Quizás la respuesta está en las 1.6 millones de referencias que hay en el buscador Google con la frase: “María Sharapova, la mujer perfecta”, pero ella misma se encarga de desmitifi­carse, de hacerse más real con frases que ha pronunciado en los últimos años: “No sé bailar muy bien ni tam­poco cocinar”.

Además de no ser “ideal”, no todos se rinden a sus pies a cual­quier precio, tal es el caso de Raúl Zurutuza, el director del Abierto Mexicano de Tenis y encargado di­recto de traer a la rusa para el torneo. “Tampoco nos tiramos a la lona, ni nos tiramos al piso… si quieres venir las circunstancias son estas”. ¿Por qué un torneo se atreve a poner condiciones a la deportista más bella del planeta?

El Abierto Mexicano de Tenis es el certamen más importante de América Latina y pocas cosas deslumbran a sus organizadores: han traído a Rafael Nadal, Andy Murray, David Ferrer, Venus Williams… “Na­die está por encima de las reglas del torneo”, enfatiza Zurutuza, quien ha dado forma, junto al dueño del cer­tamen Alejandro Burillo Azcárraga, a uno de los campeonatos más im­portantes del mundo, después de los Grand Slam y Masters (los de mayor prestigio en el planeta), y otorgar a la franquicia un valor de entre 10 y 15 millones de dólares (mdd).

“La instrucción siempre ha sido: ¿Quieres venir a jugar a nuestro torneo? Perfecto, estas son las con­diciones, ¿no te gusta?… No vengas”. Es probable que ésta sea una de las razones de que las negociaciones con María se llevaron tres años antes de llegar a un acuerdo para que la mayor celebrity del deporte –quien factura 24 mdd anuales- estuviera en Acapulco.

El Abierto Mexicano no es un torneo cualquiera. Sólo en América Latina se realizan siete certámenes (tanto de hombres como de mujeres) y ninguno de ellos tuvo en su lista de participantes a un tenista mejor ranqueado que María (hasta el cierre de esta edición, era la número dos del mundo, con posibilidades de ascender al primer sitio).

Sharapova fue una de las figuras en Acapulco, aunque también estuvieron Marin Cilic, campeón del US Open, y el japonés Kei Nishikori, sub­campeón del mismo torneo. Grupo Pegaso –que pertenece a Alejandro Burillo Azcárraga– ha consolidado al Abierto Mexicano como el certamen deportivo de nuestro país (de cual­quier deporte) con más contratos comerciales garantizados a futuro, hasta 2020 algunos de ellos.

“Los acuerdos de largo plazo nos permiten pensar en tener asegura­das las bolsas de premios económi­cos y también la posibilidad de traer y buscar a jugadores de renombre”, indica Javier Braun, director de operaciones de Grupo Pegaso.

De modo que el Abierto Mexicano trae para este año en una sola persona a una celebridad, una empresaria, una de las mejores tenistas del mundo y a una de las mujeres más bellas, ¿qué más se puede pedir?

 

El toma y daca

Para llegar a María primero se debió convencer a Max Eisenbud, su agente y con quien trabaja desde que ella tenía 12 años. Para resumir la historia entre ambos, podemos decir que él le ha ayudado a facturar en su carrera deportiva más de 120 mdd, por eso Sharapova no decide nada sin que él esté de acuerdo. Ahí comenzó todo con los directi­vos de Grupo Pegaso, tres años de conversaciones.

Como todos los grandes tenis­tas que han estado en Acapulco, la rusa tuvo un trato especial. No se hospedo en el hotel sede, estuvo en una zona apartada, con seguridad privada y, según Raúl Zurutuza y Ja­vier Braun, fueron los “únicos” tratos distinguidos que recibió.

Fichar a María no fue barato. Ga­rantizar su presencia en un torneo de tenis cuesta aproximadamente 650,000 dólares, poco menos de lo que se pagó a Rafael Nadal y Andy Murray los dos últimos años. “Ha sido una de las tenistas más caras que ha venido a Acapulco”, confir­ma el director de operaciones de Grupo Pegaso. No cualquier torneo se puede dar el lujo de fichar figuras. De los siete certámenes que este año se realizarán en América Latina, sólo Acapulco y Río de Janeiro podrán contar con superestrellas como Rafael Nadal, el mejor arcillista de todos los tiempos o María Sharapova o Marin Cilic, último campeón del US Open. Solo estos dos últimos estarán en México.

Acapulco pertenece a la serie de los Open 500. El tenis mundial se divide en categorías: Grand Slam, Masters 1,000, Open 500 y 250. “Puedo garantizarte que ningún torneo de nuestra división tiene a su patrocinador principal asegurado como nosotros, casi todos son por un año o máximo tres, pero aquí (en México) hay un contrato de cinco años (con Telcel)”.

El director del evento, Raúl Zuru­tuza, dice que el Abierto Mexicano tiene garantías y salud financiera gracias a los acuerdos de largo plazo que ha firmado; además del de Tel­cel, también otros de cinco años con HSBC y Mazda, y recientemente firmaron hasta 2018 con Tag Heuer, que por cierto, también es patroci­nador de María Sharapova.

Acapulco tiene más de 25 pa­trocinadores que divide comercial­mente en: oro, plata y bronce, donde estos últimos pueden alcanzar una cifra de 90,000 dólares anuales y en los últimos tres años ha superado el 90% del boletaje vendido.

Además, tiene impacto interna­cional gracias a la transmisión de ESPN a 67 países de 44 horas en vivo. Valentina Gómez, directora de Mercadotecnia Corporativa de Telcel, dice sobre la alianza a largo plazo con el Abierto Mexicano: “Ha sido un gran acierto para nosotros, es una estrategia que hemos traba­jado desde hace ya mucho tiempo y tenemos una relación muy cordial y seguiremos así”.

¿Pero en qué momento el torneo dio el paso definitivo para ser negocio? Javier Braun dice que eso ocurrió hace dos años, cuando tra­jeron por segunda ocasión a Rafael Nadal, ya con etiqueta de superestre­lla. “Ahí los patrocinadores se dieron cuenta de lo que podíamos conse­guir y nos empezaron a buscar otros bancos, otras empresas que eran competencia directa de nuestros socios y lo que hicimos fue renovar a nuestros sponsors estratégicos, pero lo hicimos a largo plazo, eso nos garantiza un buen futuro”, cuenta Braun. El valor de los contratos de patrocinios aumentó hasta 30% en los últimos cinco años.

Además, este fue el segundo torneo en disputarse en cancha dura. En el tenis hay tres superficies principales donde se juega: arcilla, pasto y dura. La tradición en el Abierto Mexicano era la arcilla, pero desde 2013 cambió a cancha dura y ahora se pueden ver otra clase de tenistas y que tienen un mejor puesto en el ranking mundial.

Hasta hace un par de años, el certamen estaba completamente do­minado por españoles y argentinos, especialistas del polvo de ladrillo, pero ahora no hay alguna nacionali­dad totalmente dominante.

“El cambio a cancha dura no tuvo que ver con el negocio, fue una apuesta a largo plazo del torneo. Estamos convencidos de que el futuro del tenis está en la cancha dura; las de arcilla y de pasto estarán acotadas a todo lo que es previo a Roland Garros y Wimbledon”, comenta Zurutuza sobre esta nueva aventura que, al menos en 2014 y 2015, les ha garantizado un buen negocio con Murray y este año con María Shara­pova, Marin Cilic, Grigor Dimitrov y Kei Nishikori.

“Los jugadores nos han dicho que tenemos un torneo de talla mun­dial”, presume Braun. “Siempre nos brinda sorpresas y grandes tenistas”, dice Gómez, de Telcel. El Abierto Mexicano no sólo recibe beneficios financieros para Grupo Pegaso, dueño de la franquicia, sino que además es uno de los eventos que mayor derrama económica le deja al estado de Guerrero. De acuerdo con el diario El Economista, entre 2009 y 2014, el impacto fue de 150 mdd, además de generar 700 empleos directos cada año.

En octubre de 2014, Zurutuza anunció en conferencia de prensa que Sharapova estaría en el Abierto Mexicano. Un mes después ella lle­vaba un vestido negro corto y ceñido a la cintura, zapatos de aguja donde se asomaban las uñas pintadas de rojo, tenía el pelo suelto y miraba a la cámara mientras recargaba la mano derecha en el nuevo Porsche Macan.

Aunque duró tres años el flirteo con los organizadores del Abierto Mexicano, la chica que ha sido capaz de conquistar al mundo se dejó seducir y engalanó Acapulco.

 

Siguientes artículos

Audemars Piguet: creatividad y técnica para crear un reloj
Por

Hablamos con Octavio García, director creativo de Audemars Piguet, sobre cómo crear un reloj hoy en día. El ingenioso di...