De repente nos preguntamos, por qué algunas empresas son altamente exitosas en detectar y explotar oportunidades globales, mientras que otras las administran mal o las pierden por completo. La respuesta podría estar en la visión de la compañía, en la importancia que le da a la forma en la que participa y está al pendiente de los sucesos mundiales. El término mentalidad corporativa se refiere a cómo la compañía ve el mundo y cómo esto afecta sus acciones. Para las compañías que operan a escala global y para los pequeños negocios, el desarrollo de una mentalidad corporativa global presenta un formidable desafío. La mentalidad corporativa determina hasta qué punto la administración alienta y valora la diversidad cultural, al tiempo que mantiene un cierto grado de cohesión estratégica. Desarrollar una mentalidad corporativa global se ha convertido en un requisito clave para competir con éxito y crecer en los mercados mundiales.

El panorama económico del mundo está cambiando rápidamente y, aunque últimamente hay quien defiende nacionalismos y regionalismos, se está volviendo cada vez más global. No podemos negar que las fronteras se están desdibujando. Gracias a la tecnología, hoy es más fácil viajar, enterarnos de lo que sucede en otros países, y hacer negocios en el extranjero. Prácticamente para todas las empresas medianas y grandes en economías desarrolladas y en desarrollo, las oportunidades de mercado, los recursos críticos, las ideas de vanguardia y los competidores acechan tanto en el mercado local, como en regiones distantes. A menudo las amenazas y las oportunidades llegan de regiones sorprendentemente lejanas y muy diferentes a la nuestra.

El éxito de una empresa en la explotación de oportunidades emergentes y la solución de los desafíos que la acompañan depende fundamentalmente de lo inteligente que sea para observar e interpretar el mundo dinámico en el que opera. Crear una mentalidad global es uno de los ingredientes centrales requeridos para construir tal inteligencia. Por lo tanto, es muy importante poner atención en entender por qué es importante la visión empresarial, qué es una mentalidad global, cuál es el valor de una mentalidad global y, finalmente, qué pueden hacer las empresas para desarrollar una mentalidad global.

Insisto, aunque recientemente han aparecido voces que pregonan a favor de los regionalismos, cada vez hay más pruebas de que la globalización a gran escala está haciendo que las formas tradicionales de hacer negocios vayan. Existe una creciente necesidad de que los ejecutivos se conviertan en directivos globales con una perspectiva mundial. Es decir, una visión global respaldada por habilidades y conocimientos adecuados.

Los ejecutivos tienen una serie de competencias que van aparejadas con un amplio espectro de opiniones que, según el estudio realizado por Ben Kedia y Ananda Mukherji, van desde el defensor de orientación nacional, y continúan con el explorador, el controlador y el integrador orientado globalmente. Para que los ejecutivos globales sean efectivos, necesitan desarrollar la mentalidad global de un integrador.

Una mentalidad global permite una estrategia global mundial significativa que requiere que los ejecutivos integren efectivamente las tres fuerzas globales que deben tenerse en cuenta:

  1. Negocios globales.
  2. Presiones regionales / nacionales.
  3. Funciones mundiales.

Un ejecutivo que buscan integrarse en la estrategia mundial debe tener en cuenta estos tres elementos, sin olvidar ninguno y sin descuidar estos aspectos. Estas tres fuerzas son como el banco de un lechero. Si falta alguna, el banco que da cojo y pierde estabilidad. De la misma forma, el ejecutivo que pierde de vista que los negocios hoy, por más regionales que sean, están afectados por lo que sucede en el mundo, pierde oportunidades.

De igual manera, un ejecutivo que por estar viendo el entorno se olvida del escenario nacional es como el caminante que por estar viendo la profundidad del bosque se olvida de ver el camino y se cae en un hoyo. No podemos desestimar lo que sucede en nuestra región, ya que ahí encontramos el primer abrevadero de insumos, las personas con las que trabajamos, las leyes a las que nos sometemos, los gobiernos con los que lidiamos, y seguramente los clientes a los que les vendemos.

Por supuesto, tenemos que entender cuáles son las funciones mundiales. Una persona con mentalidad global debe entender las funciones mundiales y visualizarlas como un tablero de control. Por ello, debe entender de política, de variables económicas, de finanzas, pero también de cultura, de usos y costumbres.

Una mentalidad global y una estrategia mundial holística deberían crear condiciones para construir la organización mundial caracterizada por la especialización, la interdependencia y la coordinación. Una perspectiva global es un proceso de mover la estructura, el proceso, las personas y la cultura de una organización de un conjunto de unidades de negocios altamente autónomas a una que se convierta en una red global integrada y efectiva.

Es importante entender la mentalidad global como la capacidad de un individuo para influir en otros a diferencia de ellos mismos. Esta definición se relaciona con dos enfoques de cómo desarrollar la mentalidad global.

  • Encontrarla en individuos con atributos asociados con él, por ejemplo, ciertos datos demográficos y antecedentes educativos, así como en empresas e industrias con atributos propensos a fomentarlo.
  • Cultivarlo con programas de desarrollo de liderazgo y coaching.

La gran cuestión es si debemos empezar a globalizar a las corporaciones o a los individuos. Se sabe mucho sobre cómo globalizar las corporaciones a través de tecnología, gestión logística y similares; es mucho menos conocido y practicado el modo de globalizar a las personas por sus roles globales. Lo importante es cultivar una mentalidad global corporativa ya que al hacerlo estamos desarrollando una competencia gerencial que nos ayuda a detectar oportunidades y riesgos que inciden directamente en nuestro desempeño.

 

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