Exponer un desacuerdo a tu jefe es un tema delicado. Tienes que ir construyendo una relación que te permita ver con claridad 4 aspectos que aquí te comparto.

 

¡Ni hablar!, no siempre podemos estar de acuerdo ni tener el mismo punto de vista. Sin embargo, no es equiparable discrepar con un amigo que con el jefe. Todos sabemos el papel tan importante que juega un superior. Su relevancia abarca el terreno profesional y el ámbito personal. Siempre es así desde el momento en que el desarrollo laboral depende, en gran parte, de esta figura y sus decisiones afectan la vida en todos sus aspectos. En sus manos puede estar una promoción o un despido, y eso puede pedirnos trabajar horas extras, fines de semana o enviarnos a una comisión al lugar más recóndito del mundo. Sin duda, afecta la cotidianidad. Por si esto fuera poco, un jefe tiene personalidad, características y situaciones particulares que requieren de manejo específico, especialmente si tenemos que decirle que hay algo en lo que no estamos de acuerdo.

Exponer un desacuerdo a una persona que tiene una jerarquía superior es un tema delicado por las repercusiones que puede desencadenar y, por lo tanto, merece una reflexión. ¡Cuidado, hay que estar alerta!, ya que la disyuntiva se presenta desde el instante en que somos conscientes de que algo anda mal. En ese momento se abren dos posibilidades: quedarse callado o hablar. Cualquiera pensaría que guardar silencio y agachar la cabeza es una buena opción, pero no siempre es así. Hay situaciones en las que nos podemos arrepentir de no elevar la voz y decir lo que estamos percibiendo. Sí, pero ¿cómo?

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Demostrar que no estamos de acuerdo no tiene que convertirse en una desavenencia ni es un motivo de ruptura. Según la profesora de Harvard Rosanne Badowski, experta en desarrollo organizacional, tenemos que ir construyendo una relación que nos permita ver con claridad los siguientes cuatro aspectos:

  1. Entender las presiones y prioridades que tiene el jefe. Entonces, si sabemos que para nuestro director es importante quedar bien con el dueño de la empresa y está a punto de cometer un error, lo peor que podemos hacer es quedarnos callados. Necesitamos decirle que no estamos de acuerdo con las cifras o con la estrategia que va a presentar, y explicarle las razones que sustentan nuestro punto de vista. Guardar silencio en una situación así es muy riesgoso; el jefe puede sentir que lo mandamos al despeñadero o que no le cubrimos la espalda. Incluso puede sospechar de mala voluntad.
  2. Debemos darle un tono positivo a la relación. Las relaciones de jerarquía son complicadas porque implican diferentes niveles de autoridad. Las bromas deben ser muy cuidadas, el lenguaje bien elegido y se debe ser consciente de que entre un jefe y un subordinado el respeto es la primera regla de intercambio. Si bien no debemos confundir el respeto con el miedo, tampoco es adecuado confundir la confianza con el abuso. Un jefe jamás es un amigo, incluso cuando lo sea. Los rieles de esa relación son distintos y deben ser llevados con profesionalismo. Cuando ése es el tono, se puede decir en forma fundamentada qué es aquello que nos hace estar en desacuerdo.
  3. Manejar con cuidado las expectativas y los egos. Sin temor a equivocarme, puedo afirmar que a nadie nos gusta que nos señalen un error. Cuando alguien evidencia que hicimos algo mal, lo más seguro es que despierte al monstruo que llevamos dentro, peor si quien lo hace tiene razón y ni cuenta nos habíamos dado del fallo. Por lo tanto, y en conocimiento de la situación, debemos tener cuidado al apuntar en esa dirección. El ego es un material radiactivo y peligroso que debe ser manejado con la pericia de un cirujano y la exactitud de un relojero. Por ello es necesario decir lo que se debe decir con la contundencia y la prudencia necesarias. Primero, para dejar claro cuál es nuestro punto de vista, y luego, para dar el espacio de entendimiento a lo expuesto. En todo caso, siempre es aconsejable mostrar los desacuerdos en privado.
  4. Forjar confianza y respeto. Para establecer un desacuerdo debemos unir dos piezas fundamentales: la seguridad de nuestro dicho y la oportunidad con que se expresa. Si no estamos seguros de lo que vamos a decir, el silencio es el mejor aliado. Para hacer notar que tenemos otro punto de vista debemos tener todos los soportes y evidencias posibles. Y, por otro lado, decir las cosas a tiempo es fundamental. De nada sirve abrir la boca en medio de la crisis cuando ya se desató la catástrofe; eso empeora la situación. Aquel que sabe apuntalar su opinión y que advierte a tiempo es un elemento que construye confianza y respeto. Es un integrante que cualquier líder quiere a su lado, ya que minimiza los riesgos y evita errores. A diferencia de los que joroban la espalda, bajan la vista y dicen “sí, señor”, son los que se convierten en piezas claves de los equipos de trabajo.

Estar en desacuerdo con un jefe no debe ser motivo de pánico o de retraimiento; de hecho, puede ser una gran oportunidad que debe ser aprovechada. Se pueden tener puntos de divergencia y ser expresados en forma constructiva, mostrando respeto por lo que piensa el otro y dejando claro que lo importante no es entrar a un concurso de egos, sino encontrar los mejores caminos de solución.

Es muy importante demostrar que se está tratando de colaborar. Por lo tanto, un buen principio es conectar nuestro punto de vista con las metas y objetivos del jefe. Por supuesto, el acierto radica en sustentar el desacuerdo y dar sugerencias y soluciones, en vez de dar una lista de objeciones. Hay que demostrar que el desencuentro es profesional, no personal.

Lo que buscamos es una postura flexible del jefe, una que muestre apertura y alcance de miras para que pueda ver y entender nuestro punto de vista. Para ello debemos predicar con el ejemplo; los primeros que tenemos que ser flexibles y abiertos somos nosotros. Es posible que al demostrar un desacuerdo terminemos convencidos de que el jefe era quien tenía la razón. ¡Ni hablar!, no siempre podemos estar de acuerdo ni tener el mismo punto de vista, y qué bueno que así sea. Las discrepancias nos presentan oportunidades para construir y forjar una solidez profesional.

 

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Blog: Las ventanas de Cecilia Durán Mena

 

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