Los mercenarios vendían su espada y servicios por oro, más que por honor y patria. Hoy en día vendemos nuestros servicios por dinero, más que por lo que dicta nuestro corazón.

 

Por Andrés Arell-Báez

De acuerdo con Empire Magazine, Tyler Durden, el personaje de la película Fight Club de David Fincher, interpretado por Brad Pitt, es el mejor en la historia del cine. Son muchos los motivos para escogerlo, pero seguramente el más llamativo sea su filosofía y ácida crítica sobre la sociedad occidental. Una de sus frases más recordadas es aquella en la que postula que “la publicidad nos tiene persiguiendo autos y ropa. Tenemos empleos que odiamos para comprar basura que no necesitamos. Somos los hijos mediocres de la historia. Ningún propósito o lugar. No tenemos ninguna Gran Guerra. No Gran Depresión. Nuestra gran guerra es una guerra espiritual. Nuestra gran depresión es nuestra vida. Todos hemos sido criados en la televisión para creer que un día seríamos millonarios, dioses de cine, y estrellas del rock. Pero no lo haremos. Y estamos aprendiendo poco a poco ese hecho. Y estamos muy, muy cabreados”.

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Es innegable que, para muchos, esta es una realidad. César Escobar, experto coach laboral, fue uno de ellos. “Al igual que muchas personas, en una etapa de mi vida estuve en algo que yo llamo un ciclo vicioso del trabajo, que llegó a poner mi propia vida en riesgo. Un ciclo vicioso del trabajo es cuando tenemos un empleo que no nos gusta. En ese momento, cuando salimos a buscar cambiarlo, terminamos consiguiendo uno igual, puesto que no sabemos buscar el trabajo con el que soñamos. Al trabajar y ser miembros funcionales de la sociedad tenemos gastos que nos obligan a generar ingresos. Cuando buscamos trabajo buscamos uno que nos pague lo que necesitamos, y sólo encontramos uno donde tengamos experiencia, y, por supuesto, ¿dónde tenemos experiencia? En el tipo de trabajo que veníamos haciendo. Y como cada vez nos piden más experiencia, nos volvemos dependientes del tipo de trabajo que no nos gusta.”

Para César, uno de los motivos de tanta infelicidad en nuestra sociedad es “que buscamos salario, no buscamos trabajo”. Así, dice él, “el mercenario era aquel que vendía su espada y su servicio por oro, más que por honor y patria. Hoy en día vendemos nuestro servicio por dinero, más que por lo que dicta nuestro corazón. Por supuesto, nos movemos en un mundo donde el dinero es una necesidad, pero eso no es razón para que debamos sacrificar nuestra vida, salud y sueños. Somos mercenarios del salario, cuando lo que debemos hacer es ver nuestra actividad laboral como un juego de adultos. La actividad central de los niños es jugar: hacen lo que más les gusta y son felices. Nosotros podemos escoger el juego que queramos hacer de adultos y ser felices. Este concepto nace de una frase: “El que es maestro en el arte de vivir reconoce pocas diferencias entre el trabajo y el juego. Él siempre hace ambas.”

Según la Organización Mundial de la Salud, América Latina es la segunda región del mundo que más alcohol consume, y sabemos, que en muchos sentidos, ésta es una forma de escape a una vida llena de insatisfacciones. Y es que tenemos trabajo para ganar dinero, con tal de poder disfrutar en actividades que nos hagan felices. Pero con trabajos que cada vez nos quitan más tiempo, las actividades de recreación y familiares van desapareciendo. Por eso, según César, lo más importante en la vida es encontrar SU trabajo. “Su trabajo quiere decir la actividad para la cual fue creado, donde más puede servir a la sociedad, donde se combina su pasión, su competencia o habilidad y el servicio o utilidad que puede tener. Es trabajar en lo que usted ‘fluye’, es decir que su naturaleza se presta para que lo haga mejor, más fácil y más rápido.”

Son varios los motivos por los que terminamos en trabajos que nos hacen la vida miserable. Uno, mencionado arriba, es el salario. Otro, es la idealización. “La falta de información en el mercado es evidente. Donde más lo veo es en el deseo de las personas de trabajar en una empresa sin saber realmente qué quiere decir eso. Muchos de ellos, para cuando logran insertarse, se arrepienten porque creían que era algo diferente. Como con las parejas sentimentales: muchas veces nos imaginamos cómo las queremos ver, en vez de verlas por lo que son.”

Siendo una de esas personas, y conocedor del caso de muchas en igual situación, César decidió cambiar su vida y hacer un emprendimiento que, además de innovador, posee mucho de noble, llamado 48 Días. Decidió convertirse en un coach laboral. “Yo siempre he pensado que mi interés innato en el tema y el sentido común hacen que pueda ver escenarios que otras personas no visualizan frente a su misma situación laboral. De ese diagnóstico arrancamos a trabajar para que ella tomé la decisión de buscar un empleo que haga de su vida una más feliz, más productiva y donde sus capacidades luzcan. Por mucho dinero que pague un salario, no hay más incentivo para el ser humano que hacer algo que lo inspire, que lo haga soñar. Según mi propia experiencia, un análisis superfluo me llevó al mundo de las finanzas porque tenía habilidad en matemáticas. Pero mi pasión está en las humanidades.”

Los resultados son impresionantes: más de 400 personas en los últimos cinco años, entre 30 y 35 años, han podido cambiar un trabajo que odian por una vida llena de pasiones a través de su actividad laboral. “Recuerdo mucho, en este momento, a una cliente que duró más de cinco años sin trabajar, después de ser mamá, un divorcio y una enfermedad de su hija. Se encontraba desmoralizada porque pensaba ‘qué trabajo voy a conseguir que me pueda sostener y tener el mediodía para mi pequeña. Trabajé en ella de manera especial, y hoy en día tiene tres trabajos; gana mucho más de lo que pudo imaginar de un trabajo de tiempo completo”.

La clave de su éxito: ayudarle a las personas a encontrar su pasión y entrenarlas para que puedan vivir de ella. “El problema que tenemos es la forma como buscamos trabajo. Nuestro lema es: ‘No importa lo que consiga, necesito ganar plata para vivir. Póngame a hacer lo que sea que yo aprendo rápido.’ Cambiando ese concepto, comenzamos con una estrategia para que usted se vea como un producto de valor y pueda insertarse en el mundo laboral del que realmente desea ser parte.” En el fondo, lo que César busca no es que sus clientes no trabajen o ganen menos. La realidad es que los resultados son todo lo contrario. Cuando se trabaja apasionadamente en algo, la entrega es mayor y los resultados son mejores.

Analizando el trabajo de César desde una perspectiva distanciada de la de sus clientes, puedo arriesgarme a decir que lo que se logra con él no es conseguir un mejor trabajo: es una mejor vida. Al entrenar a las personas para que busquen el trabajo que se merecen y no el que les toca, es mucho lo que cambia. No hay mejor forma de explicar esto, que con una frase que encontré en su libro: “Aprenda a encontrar trabajo.” “Es nuestro deber no conformarnos con la vida que se nos ha dado; necesitamos entregar un mundo mucho mejor al que recibimos, y está en nuestro poder transmitir la dicha que nos da el empleo a las nuevas generaciones, para que no seamos una sociedad que sobrevive en el día a día, sino que realmente vive y construye proyectos que dejan un legado a futuras generaciones.” Por increíble que parezca, César ha encontrado la forma de que muchos puedan ser así.

 

Andrés Arell-Báez es escritor, productor y director de cine. CEO de GOW Filmes.

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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