Si un hombre es amable y cortés con los extraños, mostrará que es un ciudadano del mundo. Esto pensaba Francis Bacon en el Siglo XVI y su idea apunta más a una queja social que evidencia la escasa receptividad de los grupos humanos, con todo y que el resultado sea autodestructivo.

El dominio de la naturaleza propia ha sido un arte para el cual no hemos fundado carrera universitaria aún: los políticos sonríen con la daga tras la espalda, los empresarios buscan oportunidades de escala en esta relación, mientras los filósofos se encargan de cuestionar si existe tal naturaleza propia.

Pero ser amable como país y saber dominar la naturaleza nacional podrían ser atributos resultantes del sentido común que hacen sentido en una realidad en la que la posición geográfica y la elegancia práctica se bautizan como “nearshoring”, concepto que no es nuevo, como sí lo es la necesidad de entenderlo y aprovecharlo.

Más allá de la condición geográfica del vecindario

Reimaginar el valor de las cadenas de suministro en cada uno de sus eslabones con la idea de acortarlas y acercar los corazones productivos con los mercados y usuarios no es tanto moda como necesidad, luego del alza del costo en la mano de obra china en la decada pasada.

Si un socio comercial cercano aprovecha la condición geográfica para producir, disminuir costos de envío y aminorar tiempos en la logística de entrega y almacenamiento, será ridículo no hacer el cambio en el modelo operativo.

De alguna forma es lo que ha hecho México con Estados Unidos desde hace 40 años, cuando se impulsó un frente maquilador y exportador con mano de obra competitiva en el norte del país.  

Pero ante la reconfiguración comercial generada por la pandemia y los nuevos frentes geopolíticos que trajo la guerra en Ucrania, el modelo de nearshoring adquiere reflector y México es uno de los espontáneos beneficiarios porque su vecindad con Estados Unidos mitiga riesgos de logísticas intercontinentales.

El país cuenta con un capital humano competitivo, desarrollo de infraestructura y más de tres mil kilómetros de frontera que en este caso —y con una óptica distinta a la migratoria— cada metro representa una oportunidad.

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La mesa puesta, ¿y los comensales?

La mesa está puesta, pero hay cenas en las que los anfitriones suelen pelear y sabotear el festín. Sin que esto se entienda en una reunión social o geopolítica, el drama innecesario habla más de un ego carente de perspectiva, que de carácter o aplomo.

Temas de seguridad, infraestructura, regulación y servicios —como electricidad y agua— adquieren una prioridad estratégica al abrirse una ventana que no es definitiva y que, como toda oportunidad, caduca. 

México necesita llevar a cabo estas actualizaciones prioritarias si busca madurar como país y sociedad.

Y lo tiene que hacer de manera ágil porque el nershoring no es la única vía para hacer resiliente una cadena productiva. Apple ha mostrado su intención de mudar operaciones de China a India, como parte de una estrategia de ally-shoring e Intel optó por hacer reshoring al reubicar operaciones dentro de Estados Unidos.

La palabra mágica: inversión

Si el desarrollo interno del país no fuera un tema lo suficiente motivador para las cúpulas decisoras empresariales y gubernamentales, este acelerador comercial y geopolítico debería tener al país enfocado para su cumplimiento cabal. 

La tarea: atraer inversión con un atractivo clima de negocio y certidumbre. Los requisitos: apertura, profesionalismo y genuino sentido de beneficio al país y a sus habitantes. El peligro: la soberbia política que pueda dejar pasar una ventana de oportunidad así.

México no va a suplir a China como proveedor industrial, pero esta coyuntura puede ser el detonador para diversificar los centros industriales y de exportación, integrar las cadenas de valor entre las grandes y medianas empresas y acelerar la madurez de transformación tecnológica de las organizaciones mexicanas.

Los vínculos comerciales, así como la infraestructura legal y regulatoria de la relación con el mercado más grande del mundo pueden servir como cimientos para que el nearshoring sea entendido como un nuevo capítulo de desarrollo en la economía mexicana.

De acuerdo con Plutarco, Alejandro Magno —de niño— rechazaba las conquistas territoriales a manos de su padre porque pensaba que iban a quedar pocas que él pudiera hacer en el futuro. Otra vez, la vigencia del dominio de la naturaleza propia.

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Contacto:

Eduardo Navarrete es Head of Content en UX Marketing, especialista en estrategias de contenido y fotógrafo de momentos decisivos.

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