Escuchaba las composiciones de Sebastian Bach a los dos años; hoy tiene 20 y estudia un doctorado en innovación educativa. Conoce la historia detrás del brillante mexicano que busca a otros sobredotados.

 

Andrew Almazán era un niño diferente. A los cuatro años quería realizar una cirugía. Entonces abrió el corazón de una vaca con ayuda de su padre, quien era médico de profesión. En su inusual curiosidad por la anatomía habitaba una explicación: era un niño sobredotado, pero él no lo sabía.

Un estudio dio como resultado que padecía trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH). Y en el proceso le informaron que poseía sobredotación intelectual.

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“Es como si le dijeras a alguien que tiene enanismo y gigantismo a la vez”, comenta Almazán en entrevista con Forbes México.

Este error es común, pues dos de cada tres niños diagnosticados con TDAH, en realidad son sobredotados.

Por su capacidad intelectual, Almazán estudiaba a un ritmo que las escuelas eran incapaces de ofrecerle; además, el rechazo y acoso (bullying) de sus compañeros, que no comprendían sus capacidades e intereses, lo llevaron a buscar otras vías de desarrollo educativo.

En tres años concluyó la primaria, la secundaria y la preparatoria en el sistema abierto; 10, 11 y 12 años, respectivamente. Entonces ingresó a la Universidad Panamericana para estudiar medicina, y de forma simultánea cursaría la carrera de psicología, que terminó a los 16, y dos años más tarde concluyó medicina, además de una maestría en educación sobre desarrollo cognitivo en el Instituto Tecnológico y Estudios Superiores de Monterrey, donde actualmente cursa un doctorado en innovación educativa.

La medicina y la psicología le permitieron  tener una mayor perspectiva del ser humano, y quiso que sus aportaciones a la sociedad fueran hacia un área que lo necesitaba y que conocía mejor que muchos: el campo de los sobredotados.

Con sólo 20 años, Almazán dirige el Departamento de Psicología del Centro de Atención al Talento (Cedat), el primer espacio en América Latina que diagnostica y atiende a niños y jóvenes sobredotados.

 

¿Qué es la sobredotación?

Esta condición se entiende como una mayor capacidad intelectual. La Organización Mundial de la Salud (OMS) refiere que para considerar a una persona con sobredotación se requiere un coeficiente intelectual (CI) igual o superior a 130 puntos en pruebas psicométricas estadísticamente validadas.

Esta norma es seguida por el Cedat, que cuenta con más de 15 pruebas de CI para medir la inteligencia de niños desde los 2 años de edad hasta los 20 años.

Almazán se encarga de la coordinación e identificación de pruebas psicométricas, además de las líneas de investigación en inteligencia superior. El CI es determinado en 50% por la genética, pero esto sólo se refiere al potencial de cada niño.

“Alguien puede tener los genes para crecer dos metros, pero se puede quedar de 1.50 si las condiciones no fueron las mejores.”

Para determinar el CI por región, explica Almazán, se hacen pruebas a 40,000 personas de cada país. El promedio en México es de 87. A nivel mundial es de 100.

Sin embargo, “éste se va modificando dependiendo de las políticas y de desarrollo educativo o social”.

En cuanto al perfil de los niños sobredotados, éste responde a signos de hiperactividad, manifestación que ocurre cuando el niño ya domina habilidades como leer y escribir, y que apenas se están enseñando en las aulas. Entonces ellos comienzan a moverse o molestan a otros compañeros.

Los profesores, sin elementos para detectar las capacidades de estos niños, los aíslan o buscan “ayuda” ante su supuesta hiperactividad, situación que desemboca en una pérdida del 95% de diagnósticos de niños con sobredotación (que en México, el Cedat estima en un millón de jóvenes), según Almazán.

 

En busca del talento

Desde su fundación en 2010, el Cedat ha recibido a más de 1,300 niños con sobrecapacidad intelectual. Actualmente atiende a 250 niños de lunes a sábado.

Las cuotas de los padres de familia hacen “autosustentable” al centro. El costo por programa es de aproximadamente 1,500 pesos, aunque puede elevarse dependiendo del número de asignaturas, idiomas y programas que curse.

Los cursos van desde astronomía y robótica hasta clases de piano y pintura al óleo. También reciben lecciones personalizadas de idiomas como chino mandarín. A diferencia de las clases escolares promedio, los niños reciben formación de docentes especializados que nutren las clases con mayor precisión.

“Si el niño recibe una clase de astronomía, no va a ser solamente que aprenda los planetas, sino una clase que contempla física, dada por un astrónomo que haya estudiado ese campo e incluso que sea investigador en esa área.”

Las clases han incrementado, según Almazán, hasta en 12% anual el CI de los niños, pero existen obstáculos que los sobredotados son incapaces de sortear por sí solos.

 

Bullying, la prueba más difícil 

Almazán recuerda que los principales factores que aquejan a los sobredotados son la incompresión y el acoso o bullying.

“Se perciben diferentes, pero no saben qué es lo que tienen. Incluso, muchos llegan a pensar que tienen un problema y deben cambiarlo.”

La discriminación de niños sobredotados, tanto de sus compañeros como de profesores, responde al factor de diferencia. Además, llega un momento en que el niño se deprime porque intenta adapatarse a la media, pero tiene intereses propios que no se van adecuando.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) estima que México ocupa el primer lugar internacional de casos de acoso y violencia escolar en educación básica, ya que afecta a 18.7 millones de alumnos de primaria y secundaria, tanto públicas como privadas.

Otro factor es el social. Si se le da un tratamiento porque los diagnostican con TDAH o síndrome de Asperger, estas etiquetas sociales hacen que el niño, aunado a los medicamentos, se sienta enfermo, que tiene que cambiar y no lo puede hacer. “Quedan daños psicológicos por baja autoestima.”

Investigaciones del Instituto Politécnico Nacional y de la Universidad Nacional Autónoma de México indican que de los 26.1 millones de estudiantes de los niveles preescolar, primaria y secundaria, entre 60 y 70% sufre acoso y violencia escolar. Además, la ausencia de políticas para prevenir la violencia y el acoso escolar ha influido en el aumento de suicidios.

 

El futuro de la sobredotación en México

El Cedat se encuentra en pláticas con instituciones como el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) para que los jóvenes prodigio se acerquen a un conocimiento aplicado desde instituciones con capacidad para ofrecer esos estímulos con especialistas.

En cuanto al tema de diagnóstico temprano, Almazán recomienda que si los padres observan patrones de hiperactividad, problemas de adaptación social a su entorno o aburrimiento académico,  consideren la posibilidad de dar atención especializada a su hijo, pues podría ser un niño con potencial extraordinario.

“Lo que importa es el interés por el conocimiento, que quizá no sea una edad común, pero si algún niño siente curiosidad, ¿por qué no darle la posibilidad de aprender?”

 

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