Por Juan Manuel Fernández

En noviembre de 2015 todavía se veían vallas y banderas de partidos polí­ticos en la Ciudad de Guatemala. Algunos postes cargaban el peso de hasta cuatro fotografías de candida­tos perfectamente peinados.

Al tiempo que se respiraba esa convulsa atmósfera electoral, la multinacional de home center, EPA, abría dos megatiendas en el país.

“En ningún momento pesó el tema político. La economía de Guatemala es muy estable y estudiar la operación nos confirmó que eso no nos iba a afectar”, dice a Forbes Javier García, vocero de la compa­ñía de retail en Guatemala. “En tres años esperamos tener de cuatro a cinco tiendas en el país”, añade.

Justamente, la llegada de EPA coincide con el buen año que tuvo el sector de comercio al por mayor y al por menor, que según el Banco de Guatemala (Banguat), creció 5.8% en 2015, por encima de lo que lo hizo la economía (4.1%).

Quien observe fríamente los números de crecimiento real en la economía guatemalteca, no notaría que fue un año de denuncias judicia­les y escándalos de corrupción.

La misma inercia dirige la eco­nomía. Y no sólo el retail tuvo un buen año. “Los servicios financieros son la actividad que proyecta mayor crecimiento para 2016: 9% contra 12% de 2015, y concentran 15% del PIB. Seguidamente, figura la gene­ración de energía eléctrica, con un crecimiento de 4.5%”, describe José González Campo, presidente de la principal gremial del sector privado, el Comité Coordinador de Aso­ciaciones Agrícolas, Comerciales, Industriales y Financieras (Cacif).

“La banca lleva unos cinco años como sector de mucha potencia, ren­tabilidad alta y liquidez. En 10 años se ha duplicado la bancarización de la economía”, complementa Enrique Godoy, comisionado presidencial de Desarrollo Urbano, Competitividad Local e Infraestructura Crítica.

“Para 2016 vemos (también) grandes oportunidades en los secto­res de servicios privados y manu­factura”, añade Acisclo Valladares, comisionado presidencial para la Competitividad e Inversión.

De manera que las empresas que prestaron servicios, maquinaria o bienes a los sectores que crecieron durante 2015 fueron las que mejor ini­ciaron 2016. Juan Pablo Carrasco, vi­cepresidente de la Cámara Americana de Comercio en el país, AmCham, enlista a empresas de maquinaria para el sector minero, textil, maquina­ria, equipo, material y artículos para la industria de alimentos y bebidas, maquinaria para la agricultura y servicios e insumos para el funciona­miento del sector comercial.

Por el contrario, los sectores de minas y canteras —asociado al tema de conflictividad social— y la cons­trucción frenarán su crecimiento. Este último tendría una proyección de apenas 2.8% de crecimiento (frente a 3.4% de 2015), principal­mente por un tema de permisos y burocracia, más que de mercado, estima Godoy.

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Inversión estancada

Una de las transacciones extranjeras más destacadas en Guatemala se dio a principios de 2016, con la com­pra por parte de la trasnacional IC Power de las distribuidoras de ener­gía eléctrica de Energuate, Deocsa y Deorsa. Esto inyectó dinamismo al mercado eléctrico.

Sin embargo, la Inversión Extran­jera Directa (IED) en su totalidad cayó en 2015. En 2014 se absorbie­ron 1,388 millones de dólares (mdd), mientras que el año siguiente el registro fue de 1,208 mdd, una caída de 13%.

Valladares, quien es responsable de la atracción de inversiones del país, explica a Forbes que “simple­mente, el país puso en pausa algunas inversiones, las cuales estamos reto­mando este año, por lo que espera­mos tener un incremento en la IED”.

Luego de un periodo dinámi­co para la inversión externa en electricidad, industria manufactu­rera y comercio, Valladares informó que buscan atraer inversión para el sector tecnológico y desarrollo in­formático, área donde el país cuenta con alto potencial.

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Componente corrupción

Con este contexto de inversión a nivel interno y externo, cabe la pregunta: ¿se ha mantenido la crisis política y de transparencia al margen de la economía?

Desde que la Comisión Interna­cional contra la Impunidad en Gua­temala (Cicig) desenmascaró, junto con el Ministerio Público, el caso de defraudación tributaria conocido como La Línea —abril de 2015—, una desbandada de capturas, casos de corrupción y procesos judiciales no ha sido indiferente al clima de negocios del país.

A nivel de inversiones, según el politólogo Renzo Rosal, se entrevén dos mensajes. Por un lado, dice, el país logró destapar cuerpos ilegales en el poder a todo nivel: empresarios, ex­ministros, diputados, alcaldes y hasta el expresidente. Pero, por otro, “se evidencia que este país está altamente contaminado” y que operar por medio de sobornos, por mucho tiempo, fue “pan de todos los días”.

Así que, pese a la dura transición política, la inversión siguió fluyendo y el consumo se mantuvo dinámico, sobre todo en un año que coincidió con la caída histórica en los precios de las materias primas.

Pero esto no quiere decir que la crisis política no afectó el bolsillo del empresario, aunque sea de for­ma indirecta. Emilio Méndez, uno de los emprendedores más emble­máticos, cree que los casos de co­rrupción denunciados sí afectaron los negocios. Al menos los suyos.

La marca Saúl es reconocida en el campo de la moda y la gas­tronomía en el país. Cuenta con 13 tiendas y 22 restaurantes en Guatemala y Costa Rica, y según Méndez, el ritmo que traían sus negocios entre 2013 y 2014, cayó el año pasado.

“El año fue marcado por el tema político y fue más difícil de lo que esperábamos. El 2016 inició con la misma inercia, con un crecimiento muy mesurado”, afirma.

González Campo, de Cacif, alerta también que, en los últimos dos años, la inversión ha represen­tado 14.5% del pib, “lo cual es aún insuficiente para hablar de inver­sión productiva que fomente mayor crecimiento. El problema es que la economía crece por consumo, no por inversión”.

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Disciplina ejemplar

Pese a los señalamientos y a la necesi­dad de que la inversión interna reciba mejores estímulos, la estabilidad macroeconómica del país ha sido alabada por las agencias calificadoras de riesgo. Sin embargo, éstas han en­fatizado que la inestabilidad política y la debilidad institucional —claves en los casos de corrupción recientes—, podrán atentar contra esa sanidad de la economía.

En la última evaluación de país, Standard & Poor’s consideró que “el reciente episodio de inestabi­lidad política no tendrá efectos económicos adversos que pudie­ran poner en riesgo la estabilidad macroeconómica del país. (Pero) la calificación podría reducirse, si el nuevo gobierno tiene dificultades en mantener la estabilidad política”.

Así que, según el Banguat, la economía tendrá un crecimiento de entre 3.1 y 3.9% en 2016, “congruente con el comportamiento del Índice Mensual de la Actividad Económica (IMAE), las remesas familiares y el crédito bancario al sector privado”.

Esta proyección es menor al 4.1% registrado en 2015, principalmente por ser un año de estreno de Go­bierno. “El primer año de cualquier gobierno tiene una baja ejecución presupuestaria”, justifica Godoy.

Claudia García, investigadora económica de la Asociación de In­vestigación y Estudios Sociales, con­sidera que “el cambio de gobierno siempre trae expectativas positivas al panorama económico. Luego del escándalo de corrupción de 2015, el Índice de Confianza de la Actividad Económica del Banguat mostraba una recuperación”.

El esquema de alianzas público­privadas resulta el más viable para el desarrollo de infraestructura, desde la perspectiva empresarial. En el caso de Guatemala, se coordinan a través de la Agencia Nacional de Alianzas para el Desarrollo de In­fraestructura Económica (Anadie).

En esta línea, Carrasco, de AmCham, señala que el Portafolio de Inversiones de Alianzas Públi­co-Privadas compila una cartera de proyectos, cuya inversión asciende hasta 9,000 mdd. Dichos proyectos incluyen desde un tren de cercanía, hasta un puerto seco intermodal (Tecún Umán), pasando por mejoras viales y aeroportuarias. También una red nacional de transporte de gas natural.

“Pero antes de ejecutar todos esos proyectos, hay que construir meca­nismos de gobierno y transparencia, porque cuando se vayan a licitar, la población no va estar tranquila de que se va a negociar sobre la mesa (y no debajo de ella)”, insiste Godoy.

Con tan sólo unos meses trans­curridos del nuevo gobierno, ya los empresarios resienten la ausencia de señales para incentivar la inversión.

González Campo, de Cacif, urge la promoción de clústeres producti­vos específicos y la selección de los territorios que pueden ser destinos de nuevas inversiones.

Sostener la credibilidad del Estado es, entonces, el primer reto de la economía para terminar de “desmarcarse” completamente del fantasma político de 2015. Con esto vendrá la certeza que tanto piden los empresarios. “Si tenías que pa­gar a alguien para poder instalarte en Guatemala, eso genera un gran desincentivo a la inversión”, añade Godoy.

El siguiente reto es duplicar en los próximos años el crecimiento que se espera en 2016. “Crecer entre 3 y 4% es insuficiente para reducir la pobreza. Guatemala debería crecer a una tasa de 6% en los próximos 20 años para alcanzar desarrollo”, señala el líder de Cacif.

La llegada de EPA en noviembre pasado no es el único buen aliciente con el que cuenta el país. El 6 de mayo de 2016, el Ministerio Público anunció que la empresa Aceros de Guatemala devolvió una suma cercana a los 100 mdd, por concepto del monto defraudado al fisco en los últimos tres años, más intereses. La noticia sorprendió al país y alivió por unos meses la brecha fiscal.

 

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