Por: Luis Felipe Martí Borbolla

En un mundo empresarial tan cambiante, desafiante y competitivo como el de hoy, una de las funciones vitales del director general es realizar una planeación cuidadosa y sistemática para instrumentar estrategias que le permitan atender mejor a sus clientes. 

El estudio The Strategy Crisis. Insights from the Strategy Profile, elaborado por Strategy&, el brazo de consultoría estratégica de PwC, encontró evidencia de mayor crecimiento y rentabilidad en compañías cuyos líderes habían definido claramente cómo agregar valor para sus clientes y habían delimitado muy bien sus capacidades y las cosas que necesitaban hacer mejor que los demás para ganar con su estrategia. Además, habían llevado a su empresa a enfocarse en desarrollar esas capacidades y a competir solo en los sectores en los que estaban preparados para ganar. Según el estudio, lo que distingue a estas organizaciones es que tienen una estrategia coherente y se aseguran de vivir esa estrategia todos los días y en todos los aspectos de su ejecución.

Como responsable de coordinar los esfuerzos de los colaboradores para alcanzar las metas de la empresa, el director general debe entender y dominar el arte de guiar y comandar a un grupo de personas para obtener resultados favorables. Y para ello, desde el principio debe tener una visión clara de lo que se quiere conseguir y qué pasos son necesarios para llegar ahí. 

Para alcanzar sus metas con éxito, hay tres pasos que las organizaciones y los directores generales deben seguir:

1) Determinar la misión y las metas de la empresa: el motivo de este primer paso es descubrir la razón de ser del negocio y qué es lo que aporta a sus clientes. La misión debe responder a preguntas como: ¿Quiénes son nuestros clientes? ¿Qué necesidades de los clientes están siendo satisfechas? ¿Cómo estamos satisfaciendo esas necesidades?

El director debe estar pendiente no solo de los resultados de su modelo de negocio actual, sino ir un paso adelante para prever posibles cambios futuros con estrategias efectivas. Muchas empresas han visto los peores escenarios por no ser capaces de adaptarse al cambio y permanecer en una zona de confort. 

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Después de definir claramente la orientación del negocio, se establecen las metas básicas que la organización debe cumplir. En la mayoría de las empresas, el director general es quien determina estas metas, pero siempre teniendo en cuenta los puntos de vista de sus gerentes y colaboradores. Esta visión debe ser compartida con todos o la gran mayoría de los colaboradores.

El director general debe estar genuinamente motivado y apasionado por su visión. Si el director tiene un apetito de riesgo considerable, deberá tener capacidad de persuasión para que todos sus colaboradores estén dispuestos a correr el mismo riesgo. Lo mismo si mantiene una postura más conservadora y tradicional.

También es importante que los objetivos sigan la metodología SMART (Specific, Measurable, Achievable, Realistic and Time-Bound); es decir, deben ser específicos, medibles, alcanzables, realistas y con un lapso de tiempo definido. De esta manera podrán conseguirse de una forma más efectiva. 

2) Formular las estrategias: después de tener claros los objetivos, se deben evaluar las fuerzas internas y externas de la organización para entender el contexto en el que se está compitiendo y con qué recursos se cuenta. Tradicionalmente se hace uso del análisis FODA (Fortalezas, Oportunidades, Debilidades y Amenazas) para determinar la capacidad de la empresa para afrontar los retos y objetivos planteados. Un desarrollo lógico del proceso de formulación de estrategias efectivas exige planear acciones encaminadas a aprovechar oportunidades y fortalezas, y contrarrestar tanto debilidades como amenazas.

En la mayoría de las grandes empresas las estrategias se desarrollan en tres niveles: corporativo (crecimiento y desarrollo de la organización para maximizar capacidad y generar valor a largo plazo), de negocio (aprovechamiento de las oportunidades favorables y búsqueda de formas de contrarrestar las amenazas a fin de competir en el sector), y funcional (mejora de la capacidad de crear valor de los distintos departamentos de la organización).

3) Implementar la estrategia: implica que la visión y las metas se ejecuten en la práctica en toda la pirámide. El director general debe asignar responsabilidades con los planes de acción respectivos, en los que se indique cómo debe implementarse la estrategia. Para ello, es indispensable calendarizar las actividades con plazos de tiempo definidos, y asignar a los responsables los recursos necesarios para la ejecución.

Recuerda que en los negocios, los objetivos claros son importantes y así, serán sus estrategias efectivas. 

Contacto:

Profesor del área de Factor Humano de IPADE Business School.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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