La capacidad de innovación de la industria a nivel mundial se acelera rápidamente, y esto se convierte en todo un reto para las industrias locales que no han adoptado la estandarización internacional.

 

Tuve la oportunidad de asistir y participar en la 79 Asamblea General de la International Electrotechnical Commision (IEC), que se realizó en octubre (de 2015) en la ciudad de Minsk, Bielorrusia. En el foro participaron delegaciones de los 83 países más destacados en el campo de la tecnología aplicada a los campos eléctrico y electrónico.

Fundada en 1906, la IEC es una de las tres organizaciones hermanas globales (IEC, ISO, UIT) que desarrollan las normas y estándares internacionales. Más de 15,000 expertos de la industria, el comercio, el gobierno, de las pruebas e investigación en laboratorios, de instituciones académicas y de grupos de consumidores participan en sus actividades.

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En este entorno pude entender y comprender algunas situaciones y conceptos sobre mercados y globalización que quisiera compartir con ustedes.

El mundo de la normalización (estandarización) se expande cada vez más gracias a las líneas de comunicación que tienden a estrecharse en el WSC (World Standards Cooperation) entre los entes normalizadores más importantes del planeta: además de la IEC, existen la International Organization for Standardization (ISO) y la International Telecommunication Union (ITU).

La capacidad de innovación de la industria a nivel mundial se acelera rápidamente, y este elemento se convierte en todo un reto para las industrias locales que no están cercanas a los procesos de estandarización globales.

Las tendencias son muy marcadas en sectores productivos como manufactura, ciberseguridad, ciudades y redes inteligentes, internet de las cosas y eficiencia energética, tendencias que dominan el panorama. Lo relevante es que detrás de estas tendencias hay un sinnúmero de nuevas tecnologías y rubros a atender; miles de nuevos productos se están desarrollando con nuevas estructuras electrónicas y capacidades de interconexión.

En la asamblea de la IEC se estableció que la electrotecnología representa el 12% del comercio mundial, siendo la única forma de participar exitosamente en el mundo actual y futuro la utilización de los estándares establecidos para desarrollar este tipo de productos.

Con la expansión de la globalización es cada día más evidente que las empresas no pueden subsistir si no incorporan e integran a sus procesos una serie de elementos y factores que permitan impulsar su competitividad y acelerar su velocidad en la asimilación de los cambios.

Hoy, la competitividad ya no se basa sólo en la eficiencia de la empresa y su tecnología. Ahora la experiencia demuestra que la competitividad se sustenta en el óptimo desempeño y el funcionamiento del ecosistema que se crea entre la empresa y sus proveedores, y el entorno del sector industrial en su conjunto; es decir, en la excelente operación de la cadena de abastecimiento que debe asumir los cambios y su rápida adaptación relacionada con la extrema reducción del tiempo de vida de los productos.

El reto es enorme, ya que debe buscarse el balance adecuado entre el costo y la ejecución de la cadena de valor. Ahora, una de las tendencias que podemos apreciar es que este tipo de actividades en la cadena productiva tienden a automatizarse gradualmente, lo que provoca que los procesos y sus sistemas se conviertan en un cúmulo de tecnologías de la información entrelazados que generan una nueva interacción con los seres humanos que los operan, independientemente de su ubicación física.

Tenemos muchos ejemplos en la industria de la manufactura: en Japón surgió el concepto e-factory, en Alemania el Industrie 4.0 y en China el Intelligent Manufacturing. Todos tienen en común el uso del internet para controlar la producción automatizada, además del análisis de datos en tiempo real, para maximizar la eficiencia de la producción.

Esto es necesario por el uso de sensores y diversas aplicaciones de tecnologías con las que se generan miles de datos que se convierten en una fuente de información de las funciones principales de los procesos, convirtiéndose así en el elemento clave de competitividad en este sector productivo.

Otro ejemplo son los sistemas computacionales. Por todos lados escuchamos sobre la vulnerabilidad y ataques a los sistemas de las empresas, y es claro que el número y el grado de sofisticación de los ciberataques está aumentando al mismo tiempo que crece nuestra dependencia del internet y de otras redes para obtener servicios e información críticos.

Si a esto sumamos la consolidación de las redes inteligentes que ofrecen aplicaciones como la computación en la nube, las redes de automatización industrial, los sistemas de transporte inteligentes, la ciberadministración y la banca electrónica, que se están interconectando, los riesgos crecen aritméticamente.

La ciberseguridad se ha convertido en uno de los grandes desafíos para la sociedad digital, lo que le validó obtener un lugar preponderante en la agenda de administraciones públicas, empresas y ciudadanos de todo el mundo.

El modelo integral de ciberseguridad, basado en los estándares ISO, contempla tres escenarios o niveles posibles: seguridad, continuidad del negocio y de infraestructuras críticas, de menor a mayor alcance. Para estos escenarios existe un estándar específico que da respuesta eficaz para cada amenaza.

Tal vez 2016 sea ante todo el año de tener esta aproximación integral de seguridad, implicando y uniendo todas las piezas del rompecabezas: la gente, las políticas, la protección y el nivel de preparación en todos los niveles, al mismo tiempo que se equilibra la gestión de riesgos, las necesidades de una economía digital y los desafíos que se desarrollan en ciberseguridad.

En lo relativo al internet de las cosas (IoT), como personas debemos entender que en el futuro cercano estableceremos una interacción digitalizada con los objetos que nos rodean a través de la utilización de sensores. Diferentes tipos de estos mecanismos permitirán identificar miles de factores en nuestra vida diaria, como pueden ser la temperatura, la ubicación, la presión y la velocidad.

Al tener la posibilidad de subir cada una de esas lecturas de los sensores a internet, siguiendo una aplicación adecuada, podremos controlar los objetos desde una ubicación remota. En pocas palabras, el internet de las cosas representa una realidad emergente donde los objetos y dispositivos de uso diario se conectan a internet para poder interactuar con los seres humanos, para construir el concepto de “smart everything”.

Las empresas y profesionales técnicos de los países miembros de organizaciones internacionales como la IEC, que participan en el desarrollo de estos estándares, tienen de su lado la tecnología y las herramientas necesarias para adecuar los productos a las tendencias del mundo actual.

En cada uno de sus comités se unifica el conocimiento de las cosas para hacer que operen a nivel global.

Por eso es tan importante para países como México poder participar y sacar el máximo provecho de la visión que tienen los representantes de los países líderes en estos campos. La adopción de los estándares internacionales por parte de las empresas en los países en desarrollo puede permitir que éstas capten una parte importante de la participación del total del mercado internacional.

 

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Páginas web: NYCE / IMECE

 

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