El cine y la televisión tienden a mostrar a esconder a la mujer madura. Pasados los años de juventud, el mundo del espectáculo está listo para encontrar a la nueva gran estrella y olvidar lo anterior. Las arrugas, con contadas excepciones, están prohibidas en las grandes pantallas. Ésa, quizá, sea la razón por la cual una película como ¿Cómo matar a un esposo muerto? (2017) resulte atípica en el panorama cinematográfico mexicano, aun teniendo en cuenta sus fallas.

Más cercana a Mirada de mujer (1997) que a Alguien tiene que ceder (Something’s Gotta Give, 2003) -a la televisión, pues-, la película cuenta las peripecias de Carolina (Mara Escalante), una mujer madura que un buen día se harta de las infidelidades de su marido, Germán (César Évora), y amenaza con dejarlo, sólo para comprobar que el poder financiero él y el hermano de éste (Eduardo España) son suficientes para complicarle la vida por la eternidad. Ni la muerte de Germán la volverá al lado de sus hijas, una revaloración de su persona se hace inminente.

La comediante Mara Escalante llevaba un par de años robándose escenas en comedias mexicanas (o siendo uno de los puntos rescatables de dichos bodrios), generalmente en plan de matriarca de familia graduada en eso del lenguaje florido. Recuerden su participación como la suegra antagónica de ¿Qué culpa tiene el niño? (2016) o madre con acento veracruzano en El tamaño sí importa (2016).

Si sumamos a eso su popularidad como figura de la pantalla chica gracias a María de todos los ángeles (2009, 2014), el haber obtenido su primer protagónico en cine resulta lógico. Es una lástima que su talento se pierda entre una historia a media cocción y un libreto lleno de lugares comunes, aunque éste haya nacido de una anécdota real sucedida a uno de los guionistas.

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Por eso lo más rescatable es la postura de la cinta respecto a una mujer que no intenta esconder su edad o su situación como madre de dos niñas. Su cambio de vida no se debe a una actitud más “jovial” o de comportamiento adolescente, sino a entender su existencia misma. A abrazar su lugar en el universo, encontrar su independencia como mujer respecto a su pareja, sus hijas o la cartera de alguien más.

Hay en el personaje de Escalante una revalorización de la figura femenina que pocas veces se da en el cine mexicano, enfocado en comedias románticas chatas o películas de exportación festivalera. No se trata de una revolución sexual, ni mucho menos, y es muy probable que la calidad en general de la cinta tire al traste las buenas intenciones o la convierta en un producto pasajero. Es un disparo al aire esperando encontrar destino. A veces eso es todo lo que hay.

 

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