Yalitza Aparicio es la mujer del momento. No sólo por la importante e histórica nominación al premio Oscar como Mejor Actriz; sino por los paradigmas y estereotipos que ha vencido primero con Cleo, ahora siendo ella misma.

Durante años el rol de la mujer en el cine ha sido circunscrito a los estereotipos de belleza establecidos en el marco del American Dream.

Yalitza ha desafiado los cánones y los estereotipos, el rostro cándido de Cleo fue lo que cautivó a un mundo acostumbrado a moldes, proporciones, facciones y estilos. En el marco de la historia, Cleo fue el espejo de miles de mujeres alrededor del mundo, fue la voz de quienes no tienen voz y fue el rostro de quienes han sido despojados del rostro mismo.

La mujer, que no es actriz, transgredió el mundo perfecto en el que el deber ser, requiere mujeres perfectas, inalcanzables y que representan el glamour del American way of Life.

Ser mujer en el siglo XXI sigue encontrando caminos de desarrollo más complejos que aquellos a los que se enfrentan los hombres. El mundo para la mujer tiene más desafíos, más discriminación y menos equidad. Ahí justamente está el éxito de mujeres como Yalitza, que piensan que no lucir como lucen los estereotipos occidentales de belleza no es un pecado; por el contrario, ser diferente es “la cereza del pastel”.

Yalitza y Cleo, le han mostrado al mundo que es real, el límite te lo pones tú. Se han convertido en un nuevo modelo aspiracional para las mujeres alrededor del mundo, para todas quienes hemos enfrentado estigmas, limitaciones, y obstáculos por nuestra condición de género; o simplemente, por ser diferentes a las expectativas marcadas por el pesado lastre de patrones culturales preestablecidos.

Su triunfo ha generado un sinnúmero de debates y de apreciaciones estéticas (no solamente desde el punto de vista artístico y cultural), y ha expuesto la condición del mexicano racista, clasista, y discriminador que disfruta del fracaso del otro, porque es mejor que “no triunfe alguien que no soy yo”. La sobrevaloración de los estándares impuestos por otras culturas siempre ha alejado al mexicano de la autorrealización, pareciera que disfrutamos ver ganar a otros, pero no a nosotros mismos. Y si, además, quien gana es una mujer, tristemente de manera natural surge la incredulidad acerca de las capacidades, el valor, y el desempeño de aquellas que se atreven a desafiar los paradigmas.

Yalitza Aparicio es una mujer mexicana, valiosa por su condición de mujer. Sus raíces indígenas hoy han sido revaloradas a los ojos de un mundo que parecía inalcanzable y exclusivo para aquellos a los que la suerte siempre les sonrió. En la actualidad sabemos, gracias a ella, que la mujer puede triunfar cuando se abre la puerta de la oportunidad, cuando la confianza llega a los ojos de alguien que puede ver lo que muchos no han querido ver.

Roma ha sido el vehículo para darle color y figura a una parte nuestra que, por muchos años (décadas y siglos), se insistió en ignorar; que siempre ha estado ahí y que ha padecido de manera sistemática discriminación, marginación, y que hoy debe ser atendida para que cada niña y cada mujer encuentre el espacio de oportunidades necesario para su propio desarrollo.

Seguramente, los alumnos de Yalitza recordarán sus clases, sus bailables, sus tareas, su letra en el pizarrón; ahora, recordarán además que la maestra llegó a donde nadie creyó que podía llegar, y el cambio de vida que hoy experimenta, definitivamente será el detonador de aspiraciones y sueños que necesitan los espacios y las oportunidades para poderse concretar. Desde la portada de una revista, con los ojos iluminados por el éxito, con una sonrisa sencilla y serena, Yalitza le dice a las niñas y a las mujeres del mundo: créelo, el poder está en ti.

En un momento en el que la violencia contra las mujeres arranca vidas, destroza sueños, y lastima almas, la historia de Cleo en los ojos de Yalitza Aparicio ha atraído la mirada hacia los grupos más vulnerables, y ha demostrado que la resiliencia es la capacidad que necesitamos desarrollar para enfrentar la vida en un mundo hecho y pensado para los hombres; pero en el que el talento de la mujer se abre paso firme, a pesar de las adversidades.

 

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