Esta es la historia de Inroads, una organización que ha cambiado el futuro profesional de más de 1,000 estudiantes de bajos recursos de universidades públicas, al darles la oportunidad de convertirse en altos directivos de empresas. ¿Cómo lo hace? 

 

Realización y edición de video: Julio Hernández

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La carrera académica y profesional de Daniela Barragán Lara parecía estar destinada al éxito desde su niñez. Su paso por escuelas privadas desde la educación básica hasta la media superior eran el camino más cómodo para alcanzar sus metas. Pero la tranquilidad no duró para siempre. Una enfermedad consumió la vida de su madre durante 12 años y los recursos económicos de la familia. La vida de aquella joven de 18 años cambió para siempre.

La única forma de concluir sus estudios profesionales era de la mano de una universidad pública. Así fue como Daniela decidió estudiar la carrera de Ingeniería Industrial en el Instituto Politécnico Nacional (IPN), donde descubrió un espacio con altos estándares de calidad  académica, pero también una gran incertidumbre para sus egresados.

El estudio Mercado Laboral de Profesionistas en México, elaborado por  la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES), asegura que existe un millón 980,000 jóvenes egresados en los últimos 10 años, de los cuales más de 800,000 no han encontrado trabajo o están laborando en áreas ajenas a su campo de estudio, la mayor parte de instituciones públicas, debido a que son el grueso de la oferta.

“En el IPN me di cuenta de la necesidad de los alumnos por obtener un espacio para estudiar lo que quieren, pero también me di cuenta de muchas oportunidades que se cierran en las empresas por venir de una escuela pública, a pesar de la buena calidad de los conocimientos que se imparten”,  asegura Barragán.

Cuando la incertidumbre sobre su futuro era una constante, una visita inesperada le dio otro giro a su vida. En 1999 conoció en la escuela un programa llamado Inroads, mediante el cual adquirió habilidades de comunicación, aprendizaje de otros idiomas y conocimientos gerenciales.

Así fue como Daniela logró ingresar a la consultora Deloitte, una puerta al sector privado, al que tal vez no hubiera tenido oportunidad de entrar proveniente de una universidad pública. Con el paso del tiempo ingresó a Sabritas, donde fue consultora y encargada de áreas de marketing durante 7 años.

Hoy, Daniela Barragán es gerente del área Respiratoria de Glaxo Smith, la franquicia más importante de la farmacéutica en México.

Inroads es una organización no lucrativa que permite a los alumnos de universidades públicas y de bajos recursos capacitarse de manera gratuita en habilidades distintas de las que se brindan en las aulas, y forma un puente para que los participantes se acerquen a empresas trasnacionales con las que el programa tiene convenios de colaboración.

El acceso a una carrera de éxito no es nada fácil. Éstas son las historias de cuatro jóvenes que de estudiar en universidades públicas pasaron a la alta dirección de grandes empresas internacionales.

 

“Tengo un sueño”

“Desde que entré a Sabritas me di cuenta que en el proceso de reclutamiento estaban negados los egresados de UNAM y Politécnico. Se cierran las oportunidades para las personas que vienen de instituciones de educación pública”, dice Daniela Barragán Lara al evocar su paso por Sabritas antes de ingresar a su actual empleo en Glaxo.

El apoyo de Inroads hizo que la ingeniera industrial escribiera una historia distinta de la que se perfilaba en un principio. La misión de Inroads “es detectar talento entre jóvenes mexicanos de escasos recursos económicos, para promover su formación integral como líderes comprometidos con la sociedad y encauzar oportunidades para su desarrollo”, dice el informe de la organización no lucrativa nacida en Estados Unidos (EU).

El 28 de agosto de 1963, el monumento a Abraham Lincoln y una manifestación de 200,000 personas fueron testigos del discurso de Martin Luther King a favor de los derechos civiles de la población afroamericana en EU. Las palabras dichas por el pastor de la iglesia bautista se resumían en un título: “Tengo un sueño.”

Ese discurso inspiró al estadounidense Frank Car, quien 7 años más tarde fundó Inroads.

La idea, en un principio, fue apoyar a los jóvenes de los barrios para que continuaran sus estudios de preparatoria. Un programa de verano que tomó un curso distinto en México.

Lorenzo Tovar trajo el proyecto a México, y en 1995 convenció a los empresarios de impulsar el proyecto enfocado a las minorías hispanas, idea que no era atractiva para los industriales mexicanos.

Sin embargo, Lorenzo decidió ajustar las tuercas de su modelo para el país, y enfocó Inroads a los jóvenes mexicanos que contaban con escasos recursos económicos. Así fue como en marzo de 1996 inició operaciones Inroads de México.

Desde esa fecha, Inroads ha apoyado en el país a más de 1,000 estudiantes provenientes de escuelas públicas, asegura Javier Delgado Ayala, director general de Inroads en México.

El plan es sencillo: Inroads debe elegir a los alumnos con los mejores promedios que se postulen para ser becarios del programa, que les dota de cursos gratuitos y una conexión directa con las más de 50 empresas en el portafolio de la organización, entre las que se encuentran Credit Suisse, Colgate Palmolive y MetLife.

La historia de Daniela Barragán es sólo un botón de muestra del poder de un programa que funciona a partir de los recursos que le destinan las empresas asociadas.

“A veces me encuentro a jóvenes egresados de Inroads, que a veces ni los reconozco por su edad y su puesto, o porque traen un mejor carro que yo. Para mí, ésa es una señal de éxito del programa”, dice Javier Delgado, quien este año cumplirá 16 años como encargado del proyecto en México.

 

Diamantes en bruto

Roberto Reyes Sánchez aún no olvida los días en que el temor a hablar en público podía más que sus ganas de crecer profesionalmente. Hoy habla frente a la cámara de Forbes México sin miedo a ser visto por miles de personas.

Reyes Sánchez comprendió, como miembro de Inroads, que debía dar un paso adelante para vencer sus miedos. Durante dos años trabajó en los cursos paralelos que la organización le ofrecía, mientras estudiaba la carrera de Ingeniería Mecánica en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

“Todos los que venimos de escuelas públicas padecemos de tener un escaloncito abajo. Nosotros tenemos que luchar un poquito más”, explica Roberto Reyes, consultor TSM de Toyota y antes coordinador de Garantías de la firma en México.

El directivo logró quitarse el miedo a hablar frente a grandes auditorios, pero también obtuvo clases de inglés que complementaron su preparación.

“Estar un pasito abajo de escuelas privadas también debería ser un aliciente para estar al mismo nivel. No siempre el éxito llega a la primera”, dice.

Sin embargo, el directivo de la automotriz sabe que ningún esfuerzo es sencillo.

Guadalupe Eduardo Balderas es estudiante de la Ingeniería en Gestión Empresarial en el Instituto Tecnológico de Tlalnepantla y es miembro de Inroads. Su día comienza a las cuatro de la mañana. Su horario matutino lo dedica a realizar su trabajo como becario en el Centro Médico ABC, el cual concluye a las 14:00 horas. La hora de entrar a la universidad llega en ese momento, una jornada de estudio que termina  hasta las 21:00 horas.

Eduardo continúa su día estudiando y haciendo tareas por la noche. En el mejor de los casos, su jornada diaria terminará entre la una y dos de la mañana. A las cuatro de la mañana volverá a sonar el reloj de nuevo, como toda la semana.

“Tal vez el cansancio es muy fuerte, pero creo que vale la pena. Mi principal motivación es mi familia y saber que puedo hacer un cambio desde una empresa”, comenta el joven.

 

La ruta pendiente

Javier Delgado es un hombre que no pierde de vista el camino transitado y la ruta pendiente por andar. Al principio, la organización apoyaba a un promedio de 30 estudiantes cada cuatro años, mientras que en 2014 alcanzó cerca de 200 jóvenes en un año.

Para 2015, Inroads se ha fijado la meta de alcanzar 500 alumnos al año, lo que podría ser impulsado por la tecnología: aulas virtuales e instructores en línea son los brazos que podría tener la organización para alcanzar a más estudiantes.

“Esto nos podría permitir desarrollar jóvenes en todo el país, y tal vez hasta en otros países, ya que con la tecnología se pueden hacer muchas cosas”, dice el capitán de Inroads en México.

Esta nueva etapa requiere de mayores presupuestos, los cuales pueden ir hasta los 10 millones de pesos para generar la plataforma y los contenidos virtuales que requieren los estudiantes mexicanos.

El objetivo está en abrir nuevas sedes de Inroads en Guadalajara, Monterrey y Puebla, siempre que las oficinas sean sostenibles.

“El reto es tener presencia física en toda la República Mexicana para impulsar profesionalmente a nuevos candidatos de Inroads”, dice Delgado Ayala.

La mirada de Daniela pasea por cada rincón de su oficina. Sus ojos se humedecen un poco al recordar el pasado, y sus labios revelan una leve sonrisa frente a su puesto actual, así como la enseñanza que Inroads le mostró. “Yo no sé si hubiera podido tener este mismo desarrollo y plan de carrera si no hubiera existido la oportunidad de ingresar a Inroads. Al final, aprendí que no importa de qué escuelas provengas, porque siempre hay personas capaces en todas partes, y simplemente se trata de un tema de oportunidades a las que puedes acceder. Los egresados de escuelas públicas tienen una oportunidad.”

 

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