¿Tener un trabajo temporal mientras buscas algo permanente es bueno o malo? ¿Qué debo esperar del mundo laboral mientras soy un trabajador independiente? Una freelancer veterana responde éstas y otras preguntas.

 

Por Deborah L. Jacobs

 

Un amigo baby boomer (es decir, parte de la generación nacida entre 1943 y 1964), quien recientemente fue despedido, acaba de conseguir un excelente trabajo como consultor, pero le preocupa que éste le coma tanto tiempo que no le quede nada para buscar otro puesto de tiempo completo. “¿Te ayuda o daña tener un trabajo temporal mientras buscas algo permanente?”, me pregunta.

Es una cuestión que preocupa a muchas personas de esa generación que estaban acostumbradas a ser parte de una organización y de repente han sido empujadas al autoempleo. Los avisos de empleo están escritos en código para disuadirlos de aplicar, pidiendo por lo menos “cinco años de experiencia”, por ejemplo, cuando tienen dos décadas más que eso para ofrecer. Algunos piden a los solicitantes de empleo revelar su último sueldo; una trampa, considerando que la cifra que ofrezca el entrevistado lo catalogará como demasiado caro o demasiado calificado (que también pueden ser eufemismos para “demasiado viejo”).

Aunque yo no desanimaría a mi amigo en su búsqueda de empleo, el panorama es sombrío. Tendrá que trabajar duro para convencer a los empleadores de que su edad es un activo, no un pasivo. E incluso, si consigue su objetivo, pronto podría enfrentar prejuicios por motivos de edad en la oficina.

Aun así, mi amigo tiene algo que celebrar: su nueva asignación como consultor es un gran primer paso para convertirse en un profesional independiente exitoso. Le da anclaje a un cliente que puede proporcionarle una fuente constante de trabajo e ingresos, mientras que él puede buscar otros clientes y continuar su búsqueda de empleo.

Antes de unirme al equipo de Forbes, hace tres años, yo estuve felizmente autoempleada durante 23 años. Durante la mayoría de ese tiempo tuve al menos un cliente ancla. Cada una de esas relaciones laborales duró entre uno y cinco años. Disfruté la mayoría de ellos inmensamente. Generalmente fui tratada con un enorme respeto y estaba libre de la lucha política interna que afecta a las organizaciones. De hecho, un colega que trabajaba para una ONG y fue mi cliente durante cinco años, ocasionalmente comentaba con nostalgia que yo tenía “halo de consultora”.

Mis clientes ancla demandaban mucho del esfuerzo de trabajar por cuenta propia, pero había otros beneficios. Aprendí acerca de nuevos temas, incluyendo algunos a los que nunca habría estado expuesta, y recibí un curso rápido. Gané experiencia laboral trabajando con muchos tipos diferentes de personas, y lo disfruté. Cuando, por cualquier razón, el trabajo terminaba, era mucho más fácil hacer la transición hacia otros clientes ancla de lo que parece ser para aquellos boomers despedidos recientemente encontrar un nuevo trabajo.

A diferencia de mis colegas que han permanecido durante años en una misma empresa, no esperaba que un cliente en particular se quedara conmigo por siempre. Había demasiadas fuerzas que trabajan en contra de ello: recortes presupuestarios, la movilidad laboral (o fragilidad) de la persona que me había traído, la duración de un proyecto o una nueva estrategia de negocios que eliminó mi papel. Así que incluso cuando yo estaba alimentando las relaciones comerciales actuales, estaba buscando nuevas.

Como profesional independiente, yo veía el mundo del trabajo como una serie de oportunidades, una filosofía que pocos cazadores de talento comparten. Las conexiones casuales pueden llevar a relaciones comerciales fructíferas. Eso reforzó positivamente mi fe en el autoempleo. ¿No me creen? Éstos son ejemplos de los tipos de clientes ancla que tuve en los últimos años, y algunas de las historias de fondo detrás de ellos.

 

Una cita especial

A veces las organizaciones tienen protocolos misteriosos para atraer asesores o empleados temporales. Me topé con uno de ellos cuando me estaba preparando para hacer la transición de la abogacía hacia el periodismo.

Sucedió en un almuerzo de negocios al que asistí, organizado por mi alma mater, la Escuela de Derecho de Columbia. Todavía trabajaba como abogado, había sido admitida en la Escuela de Periodismo de Columbia y no estaba segura de cómo iba a pagar por ello. Mi mentor me había invitado a asistir a un evento donde yo estaba sentada al lado de una recaudadora de fondos que dirigía el boletín de ex alumnos de la escuela. Llegó totalmente agotada porque el editor acababa de renunciar. Mientras la escuchaba describir la situación, tuve una idea.

“¡Qué casualidad! –dije en el arranque de valor más raro e improvisado de mi vida–, acabo de ser admitida en la Escuela de Periodismo y estoy buscando trabajo que me ayude a pagar la colegiatura.”

Ella me miró con incredulidad (y también lo hizo mi mentor, por cierto), me entregó su tarjeta, y dijo: “Llámame mañana.” A la semana siguiente ella había organizado una cita universitaria especial que yo ni siquiera sabía que existía cuando sugerí la idea. Yo asumiría mi labor como editora del boletín, recibiría un pago igual a aproximadamente la mitad de mi sueldo como abogada, tendría seguro de salud mientras fuera a la escuela, y no tendría que pagar ni un centavo por la matrícula.

Técnicamente yo era estudiante de tiempo completo, pero de vez en cuando escribía historias que cumplían una doble función: me permitían tener feliz a mi cliente y aun así obtener una maestría con honores. Lo más importante, aprendí una lección crucial del negocio que me ha servido bien desde entonces: hay pocas cosas más poderosas que estar en el lugar correcto en el momento adecuado.

 

Trabajos académicos temporales

En contraste con el arreglo poco convencional que financió mis estudios de periodismo, muchas personas no asalariadas encuentran trabajo académico de medio tiempo. He tenido mi dosis de ese empleo también, enseñando escritura legal a estudiantes de derecho y reporteo legal a estudiantes de periodismo. Normalmente, éstos son puestos auxiliares muy mal pagados, pero tuve uno durante dos años: era un trabajo de media jornada, me pagaban la mitad del salario y beneficios de salud completos por realizar la mitad de la carga habitual. (Una vez más, ésta fue una idea que propuse, y un miembro de la facultad, con la facultad de contratar, me ayudó con el resto.)

El problema con este tipo de trabajos académicos es que, en comparación con los colegas que están bajo la nómina, siempre serás un ciudadano de segunda clase. Ni siquiera estarás aislado de las intrigas y pugnas que habitan en esas instituciones; sólo recibirás un pago mucho menor por enfrentarlas.

 

Consultor in situ de tiempo completo

Ser un agente libre te da la libertad de firmar lo que sea. Esto podría hacerte atractivo para una organización que no quiere aumentar su plantilla o está tratando de reducir los costos. Del mismo modo es posible que estés dispuesto a aceptar un empleo que sea el equivalente perfecto de un cliente ancla, pero que no te gustaría como un trabajo de tiempo completo.

Esa oportunidad se presentó en mi camino después de escribir un artículo para The New York Times, en 1990, sobre la resolución alternativa de conflictos. Una ONG que mencioné en el artículo editaba un boletín mensual sobre el tema, y ​​cuando el editor renunció abruptamente (sí, eso comenzaba a verse como un patrón), me llamó para preguntarme si estaba interesada en el trabajo. En esa época yo tenía una buena variedad de clientes independientes que no quería perder, así que sugerí ser la editora, pero sobre una base de consultoría más que como una empleada.

Era, en la jerga de la resolución de conflictos, un “ganar-ganar”. Ellos no tenían que pagarme prestaciones, yo podía contar con una cierta suma cada mes, y yo acudía a sus oficinas todos los miércoles para asistir a la reunión semanal del personal. Conocí a mucha gente interesante, aprendí mucho acerca de la negociación y resolución de conflictos, y perfeccioné mis habilidades de editor al supervisar el trabajo de profesionales destacados en su campo. También trabajé en estrecha colaboración con algunos colegas cuya amistad todavía conservo.

 

Personal virtual

La nueva tecnología permite a muchas nuevas empresas (y a empresas más grandes) confiar en los equipos virtuales independientes, en lugar de empleados a tiempo completo para fines específicos. He trabajado de esa manera con una gran cantidad de nuevas empresas. Una de éstas fue Bloomberg, antes de que se convirtiera en el gigante de noticias que es ahora.

Así es como sucedió: un editor con el que yo había trabajado en otra startup me llamó para decirme que Bloomberg lo había retenido como consultor para ayudarle a lanzar dos nuevas revistas. Él me pidió cubrir planeación de patrimonio como trabajadora independiente.

En el momento en que empecé a escribir para esas revistas —Bloomberg Personal Finance y Bloomberg Wealth Manager (ninguna es parte de Bloomberg actualmente)—, muy pocas personas fuera de la comunidad financiera habían oído hablar de Michael Bloomberg. De hecho, un destacado abogado de planificación de sucesión bromeaba conmigo cuando le llamaba para solicitar una entrevista, refiriéndose a la compañía como Blumberg, una firma que produce formas jurídicas.

Yo fui parte de ese equipo virtual durante cinco años. En ese tiempo desarrollé gran pericia sobre una amplia gama de temas de gestión de patrimonio y de nuevo hice muchos contactos valiosos.

 

Tú y asociados

Aunque muchas personas asocian a los clientes ancla con las empresas de otras personas, también es posible iniciar una empresa propia y convertirla en tu cliente de ancla para ti o para otros. Lo hice cuando abrí una compañía editorial independiente en 2009 para publicar mi libro Estate Planning Smarts. En una época en que las grandes editoriales estaban recortando personal experimentado, conservé el mejor talento para la edición, gráficos, producción y diseño de páginas web como trabajadores independientes. Este equipo virtual ha sido un sistema de apoyo muy leal y confiable a través de tres ediciones de mi libro.

Para la gente acostumbrada a un trabajo estable (¿aún existe realmente tal cosa?), tener una serie de clientes ancla puede sonar como estar a la deriva en un mar de incertidumbre, pero actualmente no hay garantías en la vida corporativa. Ya sea que seamos autónomos por elección o circunstancia, un mundo de posibilidades aguarda.

 

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