Es posible destacar y alcanzar todas nuestras metas, pero nadie dijo que fuera fácil. 

 

Por: Jesús González*

 

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El ejecutivo del siglo XXI no podrá cambiar el entorno en donde se desenvuelve. El ambiente regularmente será altamente demandante, desde sus tareas y metas organizacionales, hasta la demanda de tiempo personal-familiar. Sin embargo, nadie dijo que sería fácil.

Hace muchos años, cuando aún era un niño, recuerdo que recurrentemente solicitaba a mi padre que pasara más tiempo con nosotros. Él, irremediablemente llegaba de la oficina de noche, además de trabajar los sábados. En esa época recuerdo que él todavía comía diario en casa, conforme pasaron los años y se complicó el tráfico de la ciudad, esas comidas disminuyeron hasta desaparecer.  Eso sí, los sábados en la tarde y domingo eran nuestros. Sin embargo, dicho tiempo me parecía corto.

Conforme pasaban los años, y buscaba educarme en temas laborales, alguna vez me dijo “Trabajar enaltece al hombre – No conozco a nadie que se haya muerto por trabajar mucho”. Ese comentario fue a finales de los 70.

Finalmente crecí, estudié, trabajé, me casé, tuve hijos y hoy considero que me veo similar a como era mi padre. En este momento me doy cuenta de lo siguiente:

1. Trabajo, esfuerzo, enfoque y constancia, efectivamente son necesarios para sobresalir y para permanecer en el mundo laboral. En eso siempre me educó bien con su ejemplo.

2. En algo sí estuvo equivocado o al menos, hoy, ha cambiado. La gente sí muere por temas como estrés, sobre carga laboral, descuido personal cardiovascular, etc. y en otros casos, trunca carreras. Lo anterior en relación a un desbalance en el ambiente laboral-personal.

3. Ahora existen cambios sociales relevantes. Por ejemplo, la mujer se ha vuelto un pilar activo del mundo laboral. Por esto el rol del padre se busca evolucione de un proveedor económico, a un participante activo de la educación de hijos y asistencia en el hogar. También, la madre ejecutiva tiene expectativas contrapuestas donde existen exigencias laborales con una gran presión para cumplir en lo familiar.

Siendo realista y sin intención de glorificar el presente o el pasado, es claro que el ambiente económico-laboral se ha transformado radicalmente en las últimas décadas.  Nuestro mundo HOY es dinámico, cambiante, exigente y retador.

Las empresas, buscando ser competitivas, intentan siempre generar más invirtiendo menos.  Se busca lograr mismos o mejores resultados pero con menor personal. Se exigen cargas laborales relevantes, pero con obligaciones de viajes que representan gran cantidad de tiempo y desgaste físico.

Todos queremos más, el único problema es que somos 7,000 millones de personas en el mundo. Muchos buscando lo mismo. La competencia es fuerte y las oportunidades pocas. Ésta no es una queja, simplemente es aceptar el modelo económico-laboral actual, el cual nosotros como sociedad hemos generado.

 

El ejecutivo

La innovación constante, la maximización de resultados, la reducción de costos, la gestión regulatoria y tantos otros temas, alguien los tiene que manejar en una forma rápida y a bajo costo. Ése es el rol del ejecutivo. Esta gran exigencia ha venido a impactar la calidad de vida del ejecutivo del siglo XXI y sus expectativas.

En lo laboral, éstas son regularmente económicas, de crecimiento, reconocimiento, aprendizaje y movilidad. Por otro lado también se tienen expectativas en lo personal como la familia, tiempo de esparcimiento, cuidado personal, crecimiento personal/espiritual y otros relacionados. El gran reto, es cómo lograr balance en todos los ámbitos.

El ejecutivo del siglo XXI, cual si fuera una empresa, debe integrar a su plan de vida: estrategia, planeación, enfoque, constancia y respeto.

Estrategia. El Ejecutivo debe tener claro qué quiere de su vida, qué significa la palabra “éxito y logro” ya que no tienen el mismo significado para todos.

Planeación. Una vez que se sabe qué quiere lograr en el largo plazo, debe contar con un plan. Por lo mismo es relevante que identifique en su camino: actividades a desarrollar, personas y conocimientos/habilidades clave.

Enfoque y Constancia. El éxito no es alcanzar la cima, sino permanecer en la misma. Un análisis recurrente de dónde está, a dónde va, y posibles desviaciones es crucial.

Ahora bien, posiblemente el más relevante pero también el más ignorado:

Respeto. Regularmente encontramos ejecutivos que se olvidan totalmente del respeto a su entorno y su persona. Este es uno de los puntos clave para lograr largo plazo en el ambiente empresarial-laboral.  El respeto a su persona y entorno tiene diversas aristas y necesidades como sigue:

Cuidado personal. El ejecutivo ha cultivado su mente, es educado y estudiado. Sin embargo, ejecuta a través de su cuerpo. Es por lo tanto relevante que mantenga su templo en estado óptimo. Ejercicio y distracciones son requeridas para asegurar que el tiempo que dedica al trabajo es óptimo y eficiente. Hacer mucho no es valioso. El valor se centra en aterrizar y lograr.

El tiempo que dedique a su cuidado personal no debe ser negociable. Una visión de corto plazo en el respeto a su persona, si bien puede resolver algo en el “hoy”, puede tener afectación relevante en el “mañana”. Ejecutivos de gran nivel tienen reglas claras e inamovibles en este punto. Es una práctica para los ejecutivos formalizar en su agenda y rutina sus sesiones de ejercicio. Fortalecen su cuerpo y liberan de estrés su mente.

Energía. La alimentación se considera altamente relevante. Nuestro cuerpo es una máquina que requiere de cuidados y combustible para lograr su mejor desempeño. El ejecutivo del siglo XXI debe asegurar que cuenta con la energía suficiente y balanceada, es clave para garantizar el mejor desempeño en cada una de sus actividades.

Relaciones afectivas. Al menos para un muy alto porcentaje de personas y ejecutivos, el objetivo final de su esfuerzo radica en aportar y balancear la vida de sus seres queridos. El asegurar que existe tiempo suficiente para compartir y departir con dichas personas, motiva para continuar el esfuerzo.

El ejecutivo del siglo XXI tiene que aprender a gestionar y transformar la energía. Mientras más motivadores y factores positivos tenga, le será más fácil enfrentar los retos cotidianos de su trabajo. Es muy importante recordar que el valor está en el camino, y no sólo en la meta. Hay que enfocarse más en el camino para tener más posibilidades de éxito y se divertirá mucho más.

La sugerencia final es que el ejecutivo del siglo XXI sea ético, empático con el negocio, analítico, tenga visión de futuro y acción de presente. Sin embargo, no hay que olvidar el objetivo final. Aportar, servir, generar, pero todo en tres vías: la empresa, sus seres queridos y su persona. Si se tiene más de un pilar, el día que alguno se tambalee, habrá otros dos que detendrán la estructura, para ayudar a continuar el camino.

 

 

Contacto:
Socio a Cargo del área de Sustentabilidad, Gobierno Corporativo y Gestión de Riesgos KPMG en México
[email protected]
www.delineandoestrategias.com

 

*Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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