En tiempos de incertidumbre financiera –como la que vivimos–, las empresas en el mundo suelen invertir menos. Hoy, todo indica que debemos reinventar esa receta, que realmente no ha funcionado.

 

Vivimos en un mundo que se transforma radicalmente día a día. Muchas de las historias más clásicas hubieran sido totalmente diferentes de haber contado con la tecnología que tenemos hoy.

24 de diciembre en la actualidad: Los pastores reciben un meme con la foto del Arcángel anunciándoles el nacimiento del Niño. José y María reservan un cuarto en Airbnb. El diablo no hace aparición, pues probablemente en las profundidades del infierno no hay señal de celular. El Niño es fotografiado generando XXX TB sólo durante la Noche Buena, que es transmitida por Periscope.

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Día de Reyes en la actualidad: Melchor, Gaspar y Baltasar cuentan con GPS o Waze, así que no tienen que parar con Herodes y no existen los Santos Inocentes…

Permanecer en la vanguardia tecnológica nos permite, como personas y sociedades, reinventarnos, protegernos, autocriticarnos, sanarnos, ser más eficientes y aumentar la productividad. Para las empresas y las personas es de vital importancia mantenerse a la vanguardia; si no lo creen y no tienen Snapchat, intenten comunicarse con alguien de menos de veinte por Facebook, Twitter o WhatsApp, y, sin duda, recibirán una de esas miradas fulminantes que te hacen sentir “del siglo pasado”.

Hace unos meses pudimos leer en Forbes las 10 tendencias tecnológicas que predice Gartner para el recién nacido 2016. Recomiendo que le den una buena leída, pues si su idea es mantener la innovación en su empresa, comenzar un startup o mercadear productos las deben tomar en cuenta. Gadgets y apps interconectados, enfocados en mejorar la experiencia del usuario. El Internet of Things más real que nunca: impresión 3D, máquinas capaces de hacer trabajos antes hechos por humanos, requieren una mayor especialización y nos exigirán mayores competencias.

En tiempo de incertidumbre financiera, como el que vivimos, las empresas suelen ser cautelosas en sus inversiones, reducen gastos y pretenden mantener sólo el statu quo. Es la receta que se ha seguido siempre, pero que realmente no ha funcionado. El 90% de las 500 empresas más grandes del mundo en 1960 no existen más. Para subsistir en este mundo revolucionado es quizá necesario reinventar esa receta, invertir en innovación, capacitación, tecnología, en explotar mejor la información que tenemos para transformar nuestros negocios y redireccionar el efectivo para subirnos a la nueva ola: retailers sin inventarios, empresas de taxis sin autos, hoteles sin propiedades, etc.


Les deseo un Feliz 2016, que esté lleno de salud, trabajo, amor, pero sobre todo INNOVACIÓN, REDEFINICIÓN, ROTURA DE PARADIGMAS y mucha diversión.


 

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