Científicos de la Universidad Atlántica de Florida piensan haber identificado el proceso de adquisición de la intencionalidad en las acciones humanas.

Sus hallazgos, publicados este lunes en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences, abren una ventana a la psicología de los bebés, que son su principal objeto de estudio.

Ya en el siglo IV antes de Cristo, Aristóteles escribía en su Ética a Nicómaco: “Todo arte y toda investigación e, igualmente, toda acción y libre elección parecen tender a algún bien”. Pero, ¿cómo surge esa tendencia?

Según los autores del estudio (Significado a partir del movimiento y la quietud: características de la dinámica de la coordinación revelan la intencionalidad en infantes), la clave no está solo en las acciones de los bebés, sino en los momentos en los que no actúan.

“Los bebés de nuestro estudio han demostrado algo realmente profundo: que hay acción en medio de la inacción, e inacción en medio de la acción. Ambas ofrecen información importante al bebé que explora el mundo y su lugar en él”, dijo en un comunicado el neurocientífico J. A. Scott Kelso, autor principal del estudio.

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Para llegar a esta conclusión, Kelso y sus colegas pusieron en marcha un curioso experimento: pusieron un celular sobre la cabeza de varios bebés y, al principio, les dejaron observar cómo se movía, siguiendo un patrón circular.

Después, conectaron el celular al del pie de los pequeños, de tal forma que cuando el bebé daba patadas, el objeto se movía. De esta forma pudieron observar (y medir) el momento en que los movimientos dejaban de ser aleatorios y se volvían intencionales.

Este momento, según Kelso, se caracteriza por un cambio en el patrón de los movimientos del bebé, que se vuelven mucho más intensos.

Una de las claves del estudio está en el papel que los investigadores le dan al entorno, que consideran una parte fundamental del proceso a través del cual surge la intencionalidad.

Las bases de esta idea surgen de la teoría de la dinámica de la coordinación, desarrollada por Kelso y sus colegas, que entiende el movimiento coordinado no solo como los patrones que lo constituyen sino como el resultado de un sistema de ecuaciones capaces de describir desde células hasta sociedades.

En este sentido, realizando un análisis pormenorizado de los movimientos de los bebés, los investigadores vieron que había patrones no solo en sus acciones, sino también en sus pausas.

“La dinámica de la coordinación de movimiento y quietud constituyen, conjuntamente, la unidad de la consciencia del bebé -que pueden hacer que sucedan cosas en el mundo, de manera intencional”, explicó Kelso en el comunicado.

Los investigadores esperan que la información sobre los patrones que siguen los bebés a la hora de aprender a actuar de manera intencional ayude a desarrollar mejores tratamientos médicos infantiles.

Con información de EFE

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