Por Mónica Cordero Sancho

Coca-Cola y Florida Ice and Farm (FIFCO) son acérrimos com­petidores cuando se trata de conquistar consumidores de bebidas. Jamás se sentarían a com­partir detalles de las fórmulas de los productos o sus estrategias comercia­les. Pero este paradigma entre dos de las gigantes del mercado de bebidas en Centroamérica se rompe cuando se trata de idear un plan para elevar la sostenibilidad ambiental.

Ambas compañías están conside­rando un proyecto para apoyar los centros de acopio de desechos sólidos, que ayudarían a reutilizar casi 6,400 toneladas de botellas, latas y empaques como los que recupera­ron el año pasado.

De concretarse la idea, estos centros podrían recibir apoyo con infraestructura y transferencia de conocimiento para optimizar los procesos de clasificación y el uso del espacio de almacenamiento. El ambiente para que estos dos rivales valoren esa idea es parte de las oportunidades que brinda la Alianza Empre­sarial para la Sostenibilidad.

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El grupo se creó en febrero de 2015 gracias a una invita­ción de Walmart de México y Centroamérica a 17 de pro­veedores, a quienes se unieron seis más al segundo año de iniciar.

El proyecto cuenta con la guía académica del Centro Latinoame­ricano para la Competitividad y el Desarrollo Sostenible (Clacds) del Incae Business School.

No es la primera alianza impul­sada por la multinacional. En Esta­dos Unidos opera la organización no gubernamental Consorcio de Sostenibilidad, con el apoyo tam­bién de la academia, para reducir los impactos ambientales y sociales asociados con el consumo.

En Costa Rica, la Alianza Em­presarial para la Sostenibilidad trabaja como una plataforma donde cada miembro comparte con los otros sus experiencias para inte­grar el concepto de sostenibilidad al negocio, aprende y tiene espacios para desarrollar proyectos juntos. Se trata de fabricantes de alimentos, tex­tiles y productos de limpieza, de higiene y cuidado personal que durante el primer año trabajaron en el tema hídrico y energético.

El informe del primer año de labores se presentó en febrero durante el Foro de Sostenibilidad organizado por Walmart. Víctor Umaña, director del Clacds, explicó que la mayoría de estas empresas ya contaba con programas de eficien­cia energética, manejo de residuos, uso eficiente de agua y medición de gases efecto invernadero.

“Algunas de estas compañías son líderes a nivel mundial aplicando el concepto de sostenibilidad, como Unilever, que se enfoca a la cadena de valor, o FIFCO, que destaca por el manejo de la huella hídrica”, desta­có Umaña.

Por ejemplo, el ahorro energéti­co acumulado por los 17 primeros miembros de la alianza en 2015 equivale a iluminar 2,000 hogares durante un año, mientras con la reducción del consumo de agua se podría abastecer a 3,000 individuos en el mismo lapso.

Estos logros no pueden contabi­lizarse como un efecto de la alianza, pero muestran el peso que tiene el grupo y las posibilidades de am­pliar su impacto. “La idea es mover a todo el sector de consumo masivo hacia la sostenibilidad. Entre más empresas se unan, se logrará un impacto mayor porque irán influ­yendo a sus proveedores”, añadió el académico del Incae.

 

Evolución verde

La sostenibilidad es un concepto jo­ven. Surgió en 1987 en el seno de las Nacionales Unidades (ONU) que la define como el desarrollo que sa­tisface las necesidades del presente sin poner en peligro la capacidad de las generaciones futuras para atender sus propias necesidades.

Y aunque en un inicio este con­cepto se asoció al tema ambiental, también tiene un componente eco­nómico y social. Andrew Winston, economista que asesora a las juntas de sostenibilidad de grandes firmas como Kimberly Clark y Hewlett Packard, asegura que la supervi­vencia de los negocios depende del manejo adecuado de los temas ambientales y sociales.

Winston dice que la materia pri­ma para producir bienes y servicios viene de la naturaleza y que la ayu­da que las compañías brinden a las personas para superarse repercute en futuros clientes, proveedores y empleados. Las empresas no pue­den crecer si no hay una sociedad que las respalde”.

El consultor conside­ra clave hacer alianzas y colaborar entre empresas, incluso competidores, ante situa­ciones que son sistémicas, como el clima.

En este sentido, Gustavo Gui­llén, gerente de Asuntos Públicos y Comunicaciones de Coca-Cola Company para Centroamérica, explicó que al trabajar con un com­petidor como FIFCO se genera un impacto de mayor escala en temas de interés común.

A esto se suma que las empre­sas se enfrentan a un consumidor cada vez más comprometido con la sostenibilidad. El Reporte Global de Nielsen sobre Sostenibilidad 2015 revela que los factores relacionados con la salud y el bienestar, la confia­bilidad de la marca y las cualidades de sus productos influyen en la decisión de compra.

 

Ejes esenciales

En los primeros 12 meses de tra­bajo, los miembros de la Alianza Empresarial para la Sostenibilidad conocieron, entre sí, las iniciativas que venían desarrollando princi­palmente en el manejo del agua y la energía.

“Uno podría consultar a un experto en mejores prácticas, pero el valor de compartir entre em­presas que operamos en el mismo mercado son las lecciones apren­didas. Podemos reducir la curva de aprendizaje”, dice Gisela Sánchez, directora de Relaciones Corporati­vas de FIFCO.

Para la empresa de capital costarricense, el agua es su prin­cipal activo. Hace 15 años, FIFCO utilizaba 14 litros de agua para producir un litro de bebida. Hoy sólo requiere cuatro litros para fabricar la misma cantidad.

Sánchez explicó que operan bajo el concepto de agua neutrali­dad. Este concepto tiene tres pa­sos fundamentales: primero saber cuánta agua estamos usando; segundo, ver qué hacemos para reducir el consumo, y tercero, un pro­ceso de compensación.

Actualmente, FIFCO, como em­presa, está certificada en huella de agua con la norma ISO 14046.

Por su parte, Walmart compartió su experiencia para alcanzar altos niveles de eficien­cia energética. La corporación tiene como meta que sus opera­ciones en todo el mundo utilicen únicamente electricidad de fuen­tes renovables.

Aquileo Sánchez, director de Asuntos Corporativos y Sostenibili­dad para Walmart Centroamérica, comenta que la factura eléctrica es uno de los gastos más grandes de la empresa después de la planilla. “Es significativo, hemos invertido en tecnología de refrigeración, ilumina­ción y de aires acondicionados. Tres aspectos que impactan el consumo de electricidad en la operación.”

Según la consulta a las empresas realizada por Forbes, la posibilidad de escuchar la experiencia de los demás permite identificar áreas de mejora y de quién se puede aprender.

“Nos interesa aprender lo que las otras empresas están haciendo, luego traerlo, verlo con nuestros empleados, formar equipos y dejar que sean ellos mismos, que están en el piso de producción, desarrollen las iniciativas”, señala Teddy Men­doza, gerente de Asuntos Ambien­tales para Latinoamérica de HanesBrands.

De los 65,000 emplea­dos que tiene Hanes­Brands en el mundo, 50% está Centroamérica y el Caribe. “La parte comercial no es tan significativa en Centroamérica como lo es en Estados Unidos, pero necesitamos tener una buena rela­ción con las comunidades alrede­dor de las fábricas de producción, mantener una buena reputación con los gobiernos y la reputación y admiración de nuestros empleados”, detalla Mendoza.

El ejecutivo espera aprender, en este segundo año, sobre la medición de la huella hídrica. Dos de las tres grandes plantas de producción textil se encuentran en El Salvador y República Dominicana. Allí se utiliza agua para teñir la tela.

 

El siguiente paso

La Alianza Empresarial para la Sostenibilidad no es única. Existen otras redes que trabajan en la sos­tenibilidad de los negocios. La par­ticularidad de la alianza impulsada por Walmart es su enfoque hacia la industria de retail.

Su segundo año inicia con seis nuevos miembros. Uno de ellos es el fabricante de productos de limpieza amigables con el ambiente Florex. Silvia Chaves, vicepresiden­ta de la empresa tica, considera que aportarán la experiencia de un ne­gocio cuyo corazón es la sostenibili­dad misma. La idea, según la ejecu­tiva, es explorar formas novedosas para la distribución de productos en un momento que están saliendo al mercado centroamericano.

El Incae propone a las empre­sas utilizar el Índice de Progreso Social. La herramienta mide los progresos en la calidad de vida de la gente y la viabilidad de la base de recursos naturales, así como evaluar la eficiencia en generar bienestar social y económico. Esto facilitaría, según Umaña, priorizar e identificar problemas concretos y crear acciones.

“En algunos casos, las com­pañías delegan la sostenibilidad de sus operaciones a iniciativas, pero no convierten la operación en una actividad sostenible”, adiverte Manfred Kopper, director ambiental de la Asociación Empresarial para el Desarrollo, para quien el gran desafío es que las empresas logren integrar, si no lo han hecho, el tema de sostenibilidad como parte de la estrategia de negocio.

 

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