La concentración en el mercado de emisión de tarjetas de crédito en México ha transitado en los últimos años de un estado de concentración moderada a un estado de concentración alta.

 

 

Por Víctor Pavón-Villamayor*

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El Banco de México (Banxico) presentó recientemente un reporte sobre las condiciones de competencia en el mercado de tarjetas de crédito, que representa un buen punto de partida para discutir diversos temas asociados a este segmento del mercado crediticio.

El primer punto clave se refiere a la contracción del crédito asociado a tarjetas de crédito que derivó de la crisis financiera de 2008. La cartera total asociada a tarjeta de crédito alcanzó los 350,000 millones de pesos (mdp) en 2008; en tanto que, al cierre de 2012, este monto ascendió a 250,000 mdp.

Simultáneamente, el número de tarjetas en circulación permaneció constante entre 2008 y 2012, implicando que, en el agregado, el saldo promedio por tarjeta de crédito no sólo observó una importante contracción a consecuencia de la crisis, sino que este saldo promedio no ha logrado alcanzar los niveles crediticios observados en 2008.

El segundo tema a destacar se relaciona con las barreras de entrada que enfrentan los agentes económicos que incursionan por primera vez al mercado de emisión de tarjetas de crédito. Si bien es cierto que la creación de la figura de Sociedades Financieras de Objeto Múltiple (Sofomes) ha facilitado el ingreso de instituciones no bancarias al segmento de la emisión de tarjetas de crédito, también es cierto que la entrada y presencia de estas instituciones aún no es lo suficientemente importante como para representar una restricción competitiva significativa para las instituciones que históricamente han dominado este segmento del mercado.

Al cierre de 2012, la institución no bancaria más exitosa en la emisión de tarjetas de crédito, Coppel, poseía no más de 2.5% de la cartera crediticia total del sistema; mientras que su más cercano competidor en este segmento del mercado, Wal-Mart, no superaba 0.77% de esa misma cartera.

Otro aspecto importante de la competencia en este mercado se refiere a la necesidad de las instituciones no bancarias de tener acceso a dos insumos esenciales: a la red de procesadores de pago (switches) y a los sistemas de información crediticia. El acceso a ambos, controlados hoy en día por dos consorcios de grandes bancos, plantea un reto importante: sin un acceso expedito, no discriminatorio y competitivo a estos insumos, resulta imposible competir en el mercado de la emisión de tarjetas de crédito.

Un tercer tema clave se refiere al análisis de los diversos indicadores de rentabilidad y concentración del mercado analizados en el reporte. Banxico encuentra que el precio promedio del crédito a través de tarjetas (tasa activa) se ubica alrededor de 30%, con una tendencia ligeramente decreciente en los últimos años; mientras que la rentabilidad de los bancos emisores (rentabilidad antes de gastos administrativos) ha mostrado cierta estabilidad en niveles cercanos a 9%.

Por otra parte se destaca que, desde 2008, los índices de concentración en este mercado se han incrementado hasta alcanzar niveles que fluctúan entre 2,100 puntos (medido por el número de tarjetas emitidas) y 2,400 puntos (medido por el saldo en cartera) del índice de Herfindahl, como resultado de una creciente participación de mercado de los grandes bancos emisores que pudieron resistir mejor la contracción de crédito derivada de la crisis financiera.

Con estas cifras, la concentración en el mercado de emisión de tarjetas de crédito en México ha transitado en los últimos años de un estado de concentración moderada a un estado de concentración alta.

En virtud de la estabilidad observada en los niveles de rentabilidad, el ligero descenso en las tasas activas y el relativo incremento en los niveles de concentración, Banxico concluye que las condiciones de competencia en este mercado no son un motivo de preocupación inmediata. Si bien esto puede ser cierto, una debilidad evidente del reporte del Banco Central es la ausencia de puntos de referencia más robustos que permitan concluir, con mayor certeza, que las condiciones de competencia en ese mercado no son preocupantes.

Por ejemplo, hubiera sido deseable incorporar en el reporte algún benchmark de las tasas activas que se observan en mercados similares al mexicano o, en su defecto, alguna estimación del nivel de las tasas activas que se proveen en condiciones de competencia efectiva, ajustadas por niveles de riesgo crediticio.

No obstante, el reporte cumple cabalmente su principal objetivo: abrir el debate respecto a las condiciones de competencia prevalecientes en un segmento importante del mercado crediticio mexicano.

 

 

*Víctor Pavón-Villamayor es experto en regulación y competencia. Es director general de Oxford Economics.

 

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