México tiene mucha tarea para contar con infraestructura de comunicación terrestre a la altura de sus necesidades de desarrollo e, incluso, a la de otros países con los que tiene que competir.

 

 

Por Julio A. Millán*

 

 

México tiene mucha tarea para contar con infraestructura de comunicación terrestre a la altura de sus necesidades de desarrollo e, incluso, a la de otros países con los que tiene que competir.

Los datos son contundentes. La red nacional de carreteras y caminos abarca 374,000 kilómetros, de los cuales 49,000 son de jurisdicción federal. La red ferroviaria, utilizada para transporte de materiales, contabiliza 27,000 kilómetros de vías (aproximadamente 22,000 están operando); cabe señalar que si bien prác­ticamente se ha modernizado toda la red, contamos con los mismos kilómetros que a mediados del siglo pasado.

La red aeroportuaria está formada por 76 instalaciones (12 son internacionales y 64 nacionales), que están altamente concentradas; en tan sólo 17 de ellas se da servicio a 86% de los pasajeros.

En cuanto a puertos, México goza de 57 en el Pacífico y 58 en el Golfo y el Caribe. No obstante, todos estos datos muestran una insuficiencia del sistema en función de la plataforma de exportaciones y de los movimientos, tanto de mercancías como de personas, que se realizan al año; carencia que nos ha lle­vado a perder competitividad.

De acuerdo con el Reporte en Competitividad Global 2012-2013 del Foro Eco­nómico Mundial, nuestro país ocupa la posición 68 (de un total de 144 naciones evaluadas) en la categoría “competitividad en infraestructura global”. Dentro de ésta, ocupa la posición 65 en “calidad general de la infraestructura” y la 50 en “calidad de carreteras”, lo que tiene severas implicaciones para una nación que aspira a ser una de las diez primeras del mundo; el pobre desempeño en estos rubros frena el progreso del país.

El recién lanzado Programa de Inversiones en Infraestructura destinará un monto estimado de 1.28 billones de pesos, durante los próximos cinco años, cifra equivalente a 8.25% del PIB de un año. El programa considera ejecutar en el lapso de 2013-2018 un total de 216 proyectos, una medida que sigue siendo limitada.

El reto es enorme, ya que no sólo se trata de crear nueva infraestructura física a través de un programa de esta naturaleza; también se debe considerar su mantenimiento, ya que la carencia de éste en las obras ha sido uno de los grandes agravantes para nuestro desarrollo.

Lo anterior implica que existe la necesidad de atender dos frentes, como una pinza: lo nuevo que hay que construir y lo viejo que hay que reparar. Éste es verdaderamente un desafío y las cantidades que se mencionan, por muy significativas que parezcan, resultan insuficientes ante el panorama actual.

Basta revisar que el programa de mantenimiento carretero destinará, para los próximos cinco años 103,000 millones de pesos, lo que apenas equivale a 17.7% del total estimado que se requiere para man­tener en buen estado los miles de kilómetros con los que contamos.

Este tema es de una importancia crítica: sin mantenimiento oportuno y de calidad, las obras de infraestructura, existentes y proyectadas, se volverán ineficientes por no brindar el servicio con la eficacia requerida; no caigamos en el error de construir ruinas.

Ahora bien, este desafío no sólo consiste en qué hay que construir, el cómo hacerlo también implicará una labor titánica. El proyecto de infraestructura de comunicación terrestre agregó un elemento determinante para un manejo eficiente y productivo: las disposiciones, reglamentos, controles, supervisión y evaluación que integran el andamiaje jurídico, la normatividad de su operación y el desempeño del personal.

Este marco, diseñado para los niveles Federal, Estatal y Municipal, implica un reto gigantesco que supondrá la coordinación entre los diferentes actores jurídicos con los operadores empresariales y sociales; de alcanzarse ésta, se lograría un verdadero cambio a largo plazo ya que la acción coordinada e integral entre todos los participantes es una condición necesaria para sacar adelante este tema.

¿Será éste el gobierno que logre retomar un proyecto de esta dimensión? O, ¿nos quedaremos nuevamente a nivel de cosmética declarativa retrasando la solución a esta área estratégica para el desarrollo económico de México?

 

 

*Julio A. Millán es presidente de Consultores Internacionales.

 

 

 

*Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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