Podemos aprender de Hemingway para ser mejores comunicadores en nuestras vidas profesionales y personales. ¿Cómo lograrlo?

 

 

Ernest Hemingway (EU 1899–1961) tenía la gran habilidad de poner mucho impacto y significancia en frases sencillas. Sus párrafos eran cortos y sucintos. Expresaba lo preciso, sin muchos adjetivos innecesarios.

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Creo que podemos aprender de Hemingway para ser mejores comunicadores en nuestras vidas profesionales y personales. La palabra escrita es un arte como la fotografía o el diseño de interiores. Escribir bien implica que uno está escribiendo consciente de quien está leyendo (o leerá) sus palabras. Escribir bien es dar algo relevante –y tal vez un poco provocador– a su público: sus lectores, sus clientes, sus inversionistas, sus seguidores, su familia, sus amigos y su comunidad.

Comunicar como Hemingway implica elegir bien nuestras palabras. Con poco tiempo para reuniones o para la lectura de correos electrónicos o para interacción de negocios, todos podemos apreciar el hecho de que ser un poco más concisos y selectivos en nuestra elección de palabras puede traer beneficios positivos –como ahorro de tiempo y evitar una mala comunicación- para nosotros y para nuestras organizaciones.

Hemingway habla en positivo. En vez de usar dobles negativos o decir lo que no hacemos, Hemingway continuamente se ponía el desafío de hablar en positivo, es decir, hablemos de metas, detallemos los recursos y talentos que tenemos y seamos francos con nuestro público para decirles cómo agregamos valor. Hablemos del futuro, pidamos la venta, seamos transparentes.

Hemingway tenía una idiosincrasia: trabajaba –escribía– de pie. Dicen que Hemingway prefería escribir de pie a causa de una herida en la pierna que sufrió en la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, Hemingway mismo explicaba: “Me gusta escribir de pie para bajar la tripa y porque de pie uno tiene más vitalidad.” Otros famosos líderes que escribían de pie son: Thomas Jefferson, Winston Churchill y Donald Rumsfeld.

Todos tenemos nuestras peculiaridades cuando se trata del trabajo y de la creatividad. Somos creadores –creamos proyectos, presupuestos y presentaciones todos los días como colaboradores y como gerentes. Hemingway nos enseña que hay que abrazar nuestros defectos e idiosincrasias para poder lucir nuestros talentos y no dejar que la vagancia nos gane.

Hemingway era muy impulsivo. Escribía, borraba lo que escribía y escribía de nuevo. Esta práctica no sólo muestra un tipo de perfeccionismo (que es un tema para otro artículo de opinión) sino que –hablando en positivo– una determinación para seguir adelante con su visión, a pesar de todo. Es la misma determinación (en inglés decimos grit) que yo veo en los emprendedores de América Latina, en mis socios y en mis colegas de trabajo. El grit y la determinación les sostienes tanto en los momentos difíciles como en los momentos de éxito.

Hemingway tenía un talento que no se puede negar. Si nos esforzamos en adoptar lo bueno de sus cualidades como comunicador –palabras precisas, frases positivas, sucintas, bien trabajadas, de acuerdo al público y a sus características– podemos también mejorar la forma en que se perciban y reciban nuestros proyectos en las comunidades de América Latina y del mundo.

 

 

Contacto:

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Blog: www.hiponaconsulting.wordpress.com

 

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