El cambio en la composición del gasto de los hogares señala un deterioro en el bienestar. Hoy se destina una mayor proporción a los alimentos que en 2006.

 

Por Marcelo Delajara

Que en México haya aumentado la pobreza desde 2006 es noticia que parece no aludir a algunos… quizá piensen que es problema de aquellos del México profundo: de “los más pobres”. Sin embargo, el análisis de la Encuesta de Ingreso y Gasto de los Hogares (ENIGH) arroja que el ingreso laboral real de todos los hogares es, en promedio, un 10% más bajo que en 2006. Más aún, la reducción en el ingreso laboral real es casi del 30% entre el 40% más pobre de los hogares. (Ver nota de opinión “¿Sabe México a qué lo obliga la agenda de desarrollo pos-2015?”)

Así, estamos ante un problema de percepción. Si unos pierden más ingresos que otros, estos últimos pueden llegar a sentir que están aún mejor que antes. Sin duda se trata de un espejismo: nos comparamos con los demás en términos relativos. Esa discrepancia que existe entre nuestra opinión sobre la clase económica a la que pertenecemos y la realidad económica que vivimos es lo que no permite ver el deterioro generalizado en el bienestar de los últimos años. Si existen dudas sobre dicho deterioro por el lado de los ingresos, podemos revisar lo que pasó con el gasto.

Los datos de la ENIGH indican que, en términos reales, el gasto de los hogares en 2014 fue en promedio 17% menor que en 2006. Entre los más pobres (hogares del decil I de ingreso) la reducción del gasto fue menor, 4%. Ello es razonable, ya que el gasto a ese nivel es de por sí muy pequeño… tal vez no admita una mayor reducción. Son los hogares de ingresos medios y altos los que más ajustaron a la baja su gasto. Por ejemplo, desde 2006 el gasto real se redujo 18% en los hogares del decil VI y 19% en el decil X.

En este contexto es importante resaltar los siguientes puntos:

  1. Las reducciones en el gasto corriente total y en el ingreso corriente total ajustados por inflación entre 2006 y 2014 son de magnitud similar (17% y 15%, respectivamente). Ello indica que los hogares no interpretaron la caída en los ingresos reales como transitoria, sino como permanente.
  2. La teoría económica señala que una reducción en el ingreso trae un ajuste en la composición del gasto en favor de los bienes esenciales. Esto es claro en los datos de la ENIGH. Los hogares, en promedio, elevaron la proporción del gasto que dedican a alimentos y bebidas de 37.1% en 2006 a 41.5% en 2014. Dicho aumento es visible en los hogares de todos los niveles socioeconómicos. Aun entre los hogares del decil X de ingresos, la parte del gasto destinada a alimentos aumentó de 21.3% en 2006 a 26.8% en 2014 (ver gráfica). Todos estos cambios son estadísticamente significativos.
  3. Vale la pena mencionar que estos cambios ocurrieron en dos etapas. Entre 2006 y 2012 los hogares de todos los niveles económicos incrementaron la proporción del gasto destinado a alimentos. Entre 2012 y 2014, en cambio, esta señal de empobrecimiento sólo se profundizó entre los hogares del nivel medio-alto (deciles VII, VIII y IX). En los hogares más pobres y en los más ricos dicha señal se mitigó, si bien ligeramente, como se observa en la gráfica.

MarceloDelajara-GastoAlimentos_Página_2En conclusión, pareciera que son los hogares con nivel de ingreso medio-alto los que han tenido que modificar en mayor medida su patrón de gasto en alimentos estos últimos 8 años, para adecuarlo a una situación económica menos favorable.

Asimismo, un análisis más detallado de la ENIGH parece sugerir que estos hogares han sacrificado el gasto en vivienda y combustibles, en artículos y servicios para la vivienda, y en cuidados personales, para preservar parte de su gasto privado en salud, educación y transporte. Si bien estos servicios se ofrecen, de hecho, por el Estado, y los hogares los pagan con sus impuestos, lo que reciben es de un nivel y calidad insuficientes.


Marcelo Delajara (@MarceloDelajara) se doctoró en Economía en la Universidad Pompeu Fabra (Barcelona, 1999). Fue profesor, investigador y consultor en diversas instituciones (UDLA-P, CIDE, BID, PNUD, Banco Mundial y Banco de México, entre otras). Actualmente es investigador del Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY). Las opiniones de Marcelo Delajara son a título personal y no representan necesariamente el criterio o los valores del CEEY.

 

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