Multifacético Resistencia Catarsis.
Premio de novela Elena Poniatowska / Literatura 1971, Acapulco.

Un artista se entrena toda la vida para una determinada obra. Julián Herbert sabe que lo hizo para Canción de tumba, una novela que relata la historia de su madre, quien se dedicó a la prostitución cuando él era niño y adolescente. Mientras ella convalecía de leucemia en el hospital, el escritor nacido en Acapulco comenzó a desarrollar la historia como una catarsis.

Esta publicación dio un giro radical a su vida, pues ganó el Premio Jaén de Novela (2011) y el Premio Iberoamericano de Novela Elena Poniatowska (2012), además de que fue traducida al portugués, al francés y al italiano y, en los próximos meses, al inglés, para los mercados británico y estadounidense.

Pero, desde antes de esta novela, los sucesos de su vida ya estaban estrechamente ligados a su trabajo literario. A los 25 años, tras su “primer enganche con la cocaína”, después de haber estado convaleciente, escribió el libro de relatos Cocaína (manual de usuario), que, seis años más tarde, ganaría el Premio Nacional de Cuento Juan José Arreola.

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Peleas limitadas

Herbert es un escritor obsesionado con abrir las formas. “No me gustan los libros que terminan todos cerraditos y bien acomodaditos; tampoco me gusta la escritura que sólo incorpora escritura”. Por eso hace música, pega ligas en internet, ha realizado videos o publica textos en una página impresa, los cuales luego llevan a un co-relato en un sitio web.

Él y sus obras van de un lado a otro. En un inicio, cuando tenía 16 años, escribía canciones y quería ser músico de rock. Luego trabajó 14 años como burócrata en el área de cultura de la ciudad en la que vive desde 1998: Saltillo. Estudió Letras Españolas y dio clases durante 15 años en la Universidad Autónoma de Coahuila. Luego llegó a la poesía, cuando, en 1999, publicó El hombre de esta casa, al que le siguieron otros libros como La resistencia y Pastilla camaleón.

“Para mí, el proceso de la creación es ir buscando estos entrecruzamientos entre material que está disponible y ver cómo ese material se va volviendo, poco a poco, armónico. Para mí, escribir también tiene que ver con un proceso casi de meditación, de cómo esos materiales se van reuniendo y se van mezclando. Por eso no me importa si la información viene de la cultura popular o viene de la alta cultura”, explica.

Herbert cree que, al igual que un boxeador, un escritor tiene una cantidad determinada de peleas. Sabe que, a sus 46 años, no le quedan tantas, por lo que vive en una constante lucha por vencer a uno de sus más grandes sufrimientos: no poder escribir.

Por lo pronto, recientemente publicó el libro de relatos Tráiganme la cabeza de Quentin Tarantino, y ya trabaja en otra novela de autoficción que, en parte, estará ambientada en Shanghai, ciudad en la que estuvo hace un par de meses.

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