Por Thomas Fox-Brewster

Muchos estadounidenses sienten cierta aprehensión por la victoria de Donald Trump, especialmente porque durante su campaña amenazó con “The Cyber” (una referencia a internet y las herramientas de hackeo del gobierno de EU) para calmar a sus enemigos. Ese miedo se manifiesta y esparce rápidamente en redes sociales…

Pero, sea cual sea el futuro de los ciudadanos no blancos, las mujeres, el clima de tolerancia y la libertad de prensa en Estados Unidos, el estado de vigilancia del país no se expandirá inmediatamente como resultado de su ascenso al poder, al menos desde la perspectiva de las 17 agencias de inteligencia más poderosas. Al menos es lo que opinan los ex empleados de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA), incluyendo al ex director adjunto Chris Inglis, quien dijo a Forbes antes de las elecciones que la NSA no cedería a demandas excesivas de cualquier presidente: su primer deber, dijo, era observar la Constitución, no ceder ante demandas locas. “Si se me da una orden ilegal debo decir ‘no’”.

Dave Aitel, ex científico informático de la NSA, dijo que es poco probable que la NSA vea algún cambio en el futuro cercano. “No hay razón para entrar en pánico… aún. Es mucho menos preocupante el tema de la NSA que el del Departamento de Justicia (DoJ)”, dijo, señalando el apoyo abierto por parte de Trump a los intentos de las agencias federales para obligar a compañías tecnológicas como Apple a romper sus propias medidas de seguridad para obtener datos sobre sospechosos.

 

FBI, un amigo de Trump

De hecho, la relación de Trump con el FBI será de especial preocupación dada la muy criticada medida de James Comey sobre reactivar el escándalo en torno al correo electrónico de Clinton una semana antes de las elecciones y eliminando toda amenaza sobre otra investigación dos días antes de la votación. Al parecer, el FBI estará contento con un presidente que luce tan dispuesto en echar luz sobre el problema de la “oscuridad” y la encriptación. El plan de Hillary Clinton, dijo Aitel, era no hacer nada.

Susan Hennessey, ex consejera de la NSA, dijo a Forbes que también cree que es preocupante la manera como Trump podría usar al DoJ. La NSA, afirmó Hennessey, tenía más candados que el FBI en cuanto al espionaje a individuos respecta.

“El Departamento de Justicia puede investigar a casi cualquier persona que desee”, me dijo, señalando la amenaza de vendettas personales y búsquedas injustificadas en propiedad particular. “Creo que podría hacerse un daño tremendo con el DoJ. Hay una posibilidad más inmediata de un abuso en el DoJ y el FBI que en la NSA… No debemos bromear sobre el poder y la confianza que otorgamos a nuestro presidente.”

 

Miedo y esperanza sobre The Cyber

Pero, dijo Aitel, algunas de las órdenes ejecutivas diseñadas para frenar a la NSA a raíz de las filtraciones de Edward Snowden podrían ser desechadas el 1 de enero. Eso es algo que ha preocupado a Jay Healey, investigador principal en la Escuela de Asuntos Públicos e Internacionales de la Universidad de Columbia, especializada en conflictos cibernéticos. Healey dijo que, aunque hay controles y equilibrios, en dos años sería fácil para Trump comenzar a cambiar las leyes para doblegar a la NSA y hacer su voluntad. “Con un Congreso amistoso, después de dos años, las leyes podrían ser fácilmente modificadas para darle mucho más alcance”, dijo. Trump podría, por ejemplo, rescindir algunas de las restricciones impuestas a la Ley Patriota o las limitaciones de espionaje telefónico masivo de la NSA.

Hennessey dijo que, si Trump comenzara a revertir los cambios de Obama, el objetivo más fácil sería la orden ejecutiva 28 de la Directiva Presidencial, que buscaba ofrecer más protección a los ciudadanos extranjeros ante la vigilancia masiva de la NSA. “Debido a que es más reciente, es más fácil de deshacer.” De cualquier forma, el régimen de Obama fue acusado el mes pasado por la Electronic Frontier Foundation de no cumplir con ese apartado.

Sea lo que sea que venga, la agencia de inteligencia podría ser puesta a prueba por el régimen de Trump, presagió. “La NSA tiene una protección institucional tremendamente fuerte, y lo más importante es que cuenta con personal respetuoso de la ley y honorable. Esas instituciones y esas personas podrían estar a punto de ser probadas de una manera que nunca han sido probadas antes”, dijo Hennessey, que ahora trabaja en la Brookings Institution. “Mientras espero y rezo para que pasen esa prueba, no creo que nadie sepa lo que va a ocurrir.”

Aitel tiene una perspectiva distinta, señalando que Obama tuvo una buena oportunidad de tomar decisiones en ciberseguridad y no lo logró en absoluto. Trump podría cumplir su promesa de revigorizar el Comando Cibernético de Estados Unidos, más conocido como CyberCom, un departamento cibernético ofensivo actualmente ubicado dentro de la NSA. Trump podría estimular la separación de CyberCom de la NSA y hacerlo correr a toda velocidad dado que hasta ahora sido criticada por su lentitud, sugirió el especialista.

Y añadió: “Tenemos la oportunidad de dar pasos importantes. Mucha gente tiene miedo de cuáles podrían ser esos pasos. Ambos candidatos realizaron campañas sin políticas, es hora de que algo comience a ocurrir.”

Probablemente se necesitará de un gran desastre para que Trump comience a flexionar lo que él llama “The Cyber”, dijo el experto en seguridad Robert Graham. “La NSA estará bien –hasta que haya algo como otro 9/11–. El populismo de Trump tendría pocas restricciones para transformarlo en un Estado policial masivo”, me dijo Graham.

Snowden mismo ha insinuado un argumento similar, publicando un video del año que filtró los archivos de la NSA. En él, advirtió acerca de una “tiranía con llave en mano”, donde un nuevo líder podría “dar la vuelta a un switch” y adjudicarse un enorme poder de ciberespionaje. La gente, agregó, sería incapaz de detenerlo.

 

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