La demanda colectiva presentada en su contra ha motivado que la editorial prescinda de becarios, quienes los acusan de prácticas cercanas a la explotación laboral.

 

Por Susan Adams

 

La semana pasada Condé Nast anunció el cierre de su programa de pasantías. Una portavoz de la compañía, Patti Rockenwagner, confirmó la noticia pero declinó dar más detalles sobre las razones detrás de la decisión o incluso decir cuántas de las revistas de la compañía han estado confiando en sus becarios. Condé Nast posee 25 publicaciones, incluyendo Vogue, The New Yorker y Vanity Fair. En la mayoría de los casos sus becarios ganan créditos académicos, pero reciben poca remuneración.

Lauren Ballinger y Matthew Leib, ex becarios de W y The New Yorker, presentaron demandas en junio en la Corte Federal de Distrito en Manhattan alegando que las revistas incumplían leyes laborales federales y estatales. Leib acusó a The New Yorker de haberle pagarle mucho menos del salario mínimo durante los veranos que trabajó allí. Su trabajo consistía en corrección de estilo de los artículos. Ballinger dijo en la demanda que se le pagaban sólo 12 dólares al día por turnos de 12 horas o más en la revista de moda.

Justin Swartz, socio de Outten & Golden, el bufete de abogados de Nueva York que representa a los becarios de Condé Nast, dice que la decisión de la compañía de cancelar el programa de pasantías no tendrá ningún efecto sobre la demanda pendiente. “Su decisión parece bastante infantil. Si no pueden jugar con sus propias reglas toman su pelota regresan a su casa”, dijo Swartz, quien también representa a los ex becarios de Movie Studio Fox Searchlight Pictures, los cuales se impusieron en la fase inicial de una demanda alegando que Fox Searchlight tampoco pagaba el salario mínimo federal. Acerca de Condé Nast, Swartz agrega: “parece demostrar el débil compromiso que Condé Nast tenía con los estudiantes y la educación.”

Los casos de Condé Nast y Fox Searchlight son sólo dos de una ola de más de media docena de demandas presentadas recientemente por demandantes de campos creativos como el editorial, de moda y el cine, basada en el precedente dejado por casos similares en la Suprema Corte en la década de 1940. De acuerdo a esa jurisprudencia, una pasantía no remunerada es legítima si el empleador “no obtiene ninguna ventaja inmediata de las actividades del becario”. También dice: “La experiencia de la pasantía es para el beneficio del becario.” En otras palabras, el objetivo de la pasantía debe ser entrenar y enseñar al becario, en vez de proporcionar mano de obra gratuita para el empleador. Si el empleador no cumple con seis criterios, se supone que debe pagar el salario mínimo o más.

Aunque esas normas tienen décadas de antigüedad, al igual que las prácticas no remuneradas, es hasta ahora que abogados y demandantes se presentan ante los tribunales. Hasta el momento dos casos se han abierto camino en la corte federal de apelaciones del Segundo Circuito, que incluye a Nueva York, donde el caso de Fox y otro de la revista Harper’s Bazaar de Hearst, serán dirimidos.

Los abogados de los demandantes como Swartz dicen que la prueba es clara. “Cuando la empresa recibe un beneficio directo del trabajo del becario, tiene que pagarle el becario”, dice. “No hay ningún argumento serio que Condé Nast o cualquier empresa pueda presentar para no pagar el salario mínimo.”

Swartz añade que las organizaciones no lucrativas no están exentas. Aunque en algunos casos, como en un museo, es posible ser voluntario, si los becarios hacen trabajo de fondo como investigación, la institución tendría que pagar a alguien para hacerlo y la ley establece que el empleador debe pagar el salario mínimo. La única institución que está exenta de la ley es el gobierno.

Outten & Golden también están representando a un grupo de personas que se ofrecieron a participar en fiestas en las ligas mayores de béisbol  pero que dicen que merecen al menos el salario mínimo. “No hubo ningún elemento de experiencia educativa, la MLB hizo mucho dinero de esas fiestas y no puede aceptar el trabajo gratuito.”

Un argumento en contra de las prácticas no pagadas es que sólo los jóvenes cuyos padres tengan los medios para mantenerlos serán capaces de darse el lujo de tomarlas.

 

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