La abundancia de minerales en este país sudamericano hace que los ojos del sector público y privado brillen, al tiempo en que se ha convertido en la nación con más conflictos mineros de América Latina.

Hasta septiembre de 2016, existían 39 disputas en este sector productivo a lo largo del país gobernado por Pedro Pablo Kuczynski, indica el Observatorio de Conflictos Mineros de América Latina (OCMAL), por encima de economías como la de Chile y México con una amplia tradición minera y que tampoco están exentas de pugnas.

Hoy, las inversiones proyectadas para exploración, explotación y ampliaciones mineras rebasan 63,000 millones de dólares (mdd), según cálculos del Ministerio de Energía y Minas de Perú, pues tan sólo en 2013 el país superó el récord de inversiones del sector minero al rebasar 9,400 mdd.

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Casi 100 años después, en la década de los años 1970, bajo el gobierno militar de Juan Velasco Alvarado, las empresas estatales se hicieron cargo de la minería del país sudamericano, con la expropiación de la firma estadounidense Cerro de Pasco Corporation.

“Desafortunadamente, las empresas estatales que asumieron los centros mineros no cuidaron el tema ambiental y generaron pasivos ambientales muy serios, de ahí se re- monta parte del problema”, explica el experto minero y catedrático de la Pontificia Universidad Católica del Perú, Carlos Eduardo Aramburú López de Romaña.

El problema fundamental es el agua, dice la profesora asociada del departamento académico de Derecho de la Pontificia Universidad Católica del Perú, Patricia Urteaga Crovetto.

“La importancia del agua es usualmente minimizada, pero creo que es el principal punto de conflicto con las poblaciones. La principal queja de las poblaciones locales y la más sentida es la afectación de sus fuentes de agua, ya sea por calidad, cantidad u oportunidad.

Las minas se ubican por encima de los 3,000 metros sobre el nivel del mar, con lo cual, las cabeceras de las cuencas suelen coincidir con sus zonas de producción. “Ello afecta a las poblaciones que se ubican en la cuenca media o baja”.

Además, el fortalecimiento de las organizaciones campesinas andinas y amazónicas, el incremento exponencial de la inversión privada, así como la falta de una intermediación entre ambas fuerzas es la fórmula que hace que esto sea bastante explosivo y complicado, advierte el académico con una maestría en ciencias por la London School of Economics en Inglaterra.

 

Bonanza peruana

Al cierre del siglo xx, con la reactivación económica de Perú, esta industria pasó a manos de los grandes capitales. En la década de 1990 y principios de 2000, la inversión minera de Perú se multiplicó por 10 con la llegada de las multinacionales, recuerda Aramburú López.

La cartera estimada de proyectos mineros contempla las regiones de Cuzco, Cajamarca, Moquegua, Tacna, Ica, Lima, Arequipa, Junín, Piura, Ancash, Huancavelica y Lambayeque.

Perú se encuentra entre los primeros productores del mundo y de Latinoamérica de oro (sexto del mundo), plata, cobre (segundo global), plomo, zinc, hierro, estaño, molibdeno, teluro, entre otros.

“Es reflejo no sólo de la abundancia de recursos y de la capacidad de producción de la actividad minera peruana, sino de la estabilidad de las políticas económicas en nuestro país”, afirma el Ministerio de Energía.

Hasta julio de 2016, la producción de cobre nacional creció 29.9%, que obtuvo 201,867 toneladas métricas finas (tmf) de concentrados, consolidando la tendencia de los resultados en el acumulado anual que a la fecha alcanza un crecimiento interanual de 47.7% y un volumen de 1.32 millones de tmf.

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En el caso del oro, la producción nacional acumulada en el mismo periodo fue de 89 toneladas finas. Su producción estuvo concentrada en las regiones La Libertad (25.8 toneladas finas) aportante de la producción total en 28.8%; Cajamarca cooperante con 23.4% (20.9 toneladas finas) y Madre de Dios (10.9 toneladas finas) aportante de 12.2%. Estas regiones acumulan 64.5% de la producción aurífera nacional, según el Ministerio de Energía.

A nivel empresarial, la minera Yanacocha lidera la producción oro nacional, pues obtuvo 12.21 toneladas finas en el acumulado anual en sus unidades Chaupiloma y Chaquicocha en la región Cajamarca, volumen que es menor en 28.8% respecto a lo producido en el mismo periodo de 2015, lo que explica la reducción a nivel general; mientras que, en segunda y tercera ubicación se encuentran Barrick Misquichilca y el consorcio minero Horizonte con 11.30% y 4.81% de participación, respectivamente.

En la producción nacional de plata destacan en las primeras posiciones las regiones Junin (491,625 kg finos), Ancash (466,525 kg finos) y Lima (454,819 kg finos), asociada a las explotaciones polimetálicas del centro del país.

Perú es el segundo productor de plata a nivel mundial y ostenta las mayores reservas probadas y probables de este precioso metal en el mundo.

Si bien Perú ya no es un país cuya renta se basa en el sector primario, que sólo representa 16.8% del producto interno bruto (PIB), sí es un exportador relevante porque 78% de las exportaciones corresponden a actividades primarias (como extracción de metales y otros commodities).

“Este dato por sí solo no explica la intensidad de los conflictos. La principal causa de los mismos, creo, es la inequidad entre las partes y el convencimiento de los diversos gobiernos (desde la época de Fujimori en 1990) de que estas actividades deben realizarse a pesar de conculcar los derechos de las poblaciones adyacentes al proyecto”, considera Urteaga Crovetto.

Y mientras el optimismo de las autoridades peruanas continúa, la polémica se ha incrustado en la región de Cajamarca por la empresa minera Yanacocha, que explota la mina de oro más grande de América Latina y la segunda del mundo.

 

Problemas dorados

Esta compañía pertenece a la multinacional Newmont Mining, que llegó en 1990 al departamento de Cajamarca, al norte de Perú, y en 1993 comenzó sus operaciones en el yacimiento del mismo nombre.

Newmont, de origen estadounidense, posee un valor de mercado de 16,600 mdd y ocupa el lugar 997 de lista de empresas globales de Forbes. Además de Yanacocha en Perú, la firma que dirige Gary Goldberg tiene operaciones en México, Canadá, Australia, Indonesia y Nueva Zelanda.

Su actividad minera ha provocado el retiro de 600,000 toneladas de tierra y roca cada día.

La mina, que consume 900 litros de agua por segundo, comenzó a generar impactos ambientales, en particular la eliminación de canaes de agua que servían a comunidades agrícolas para sus sistemas de riego, detalla OCMAL.

“Los impactos de Yanacocha siguen afectando e irrumpiendo la vida social y ambiental de Caja- marca. Pero la lucha que se ha dado no les ha hecho el camino fácil. La oposición a la explotación del Cerro Quilish (por parte del proyecto Yanacocha) y del proyecto Conga son manifestaciones que dan cuenta de esta situación”, menciona el organismo en su sitio web.

Conga, un proyecto de Yanacocha en Cajamarca estimaba, hasta 2012, la extracción de seis millones de onzas de oro, tenía una inversión planeada por 4,800 mdd, lo que representaba 9% de la cartera estimada de proyectos mineros para Perú, según la Cepal.

En 2014 las autoridades judiciales ordenaron casi tres años de cárcel para Máxima Acuña por usurpar un terreno de 30 hectáreas cerca del área del proyecto, sin embargo, en diciembre del mismo año fue absuelta.

En abril de 2016 recibió el premio estadounidense Goldman, el más importante en materia ecológica, por su defensa del medio ambiente.

La empresa ha perdido el caso en el Poder Judicial, pues Acuña y su esposo probaron con documentos la propiedad de su terreno de 18 hectáreas, adquirido en 1994. Sin embargo, continuamente reciben acciones de intimidación, alegando que la familia Acuña, siembra en su propiedad privada.

En septiembre de este año se añadió otro capítulo. La minera Yanacocha destruyó sembradíos en el terreno de Acuña, el pasado 18 de septiembre.

“Su esposo e hijos reportaron que debido a los golpes que sufrió la mañana del domingo, por parte de trabajadores de la minera, requería urgente atención médica en la ciudad”.

La minera compró tierras colindantes a las de la familia Acuña en la última década en la región Cajamarca para extraer oro y cobre. La concesión que obtuvo la firma incluye lagunas que surten de agua a comunidades.

Yanacocha argumentó que removió sembríos en un área de 200 metros cuadrados dentro de su propiedad y a 300 metros de la casa de la familia Acuña, invasión detectada el 5 de septiembre.

“Máxima Acuña y suesposo, Jaime Chaupe Lozano, quisieron impedir esta acción legal arrojando piedras con hondas, e incluso utilizaron una vara con clavos para golpear a quienes en ese momento estaban encargados de realizar la defensa. Asimismo, la pareja sacó una cámara y un trípode y filmó el evento”, detalló la empresa en un comunicado.

 

Minería informal

Otro de los grandes conflictos mineros en Perú es la informalidad. Los trabajadores formales en minas se estiman en 195,000, mientras que aquellos en situación irregular llegan a 450,000, según datos de la Federación Nacional de Trabajadores Mineros, Metalúrgicos y Siderúrgicos del Perú (FNTMMSP).

Desplazamientos, impacto ambiental y trabajo informal son los estragos que ha generado el sector minero en Perú.

“Son básicamente sectores populares que no han tenido la posición política de las grandes mineras”, explica el catedrático.

Esto cobra relevancia al recordar el accidente de 2012 ocurrido en la mina informal Cabeza de Cobre, en la región de Ica, al sur de Lima, en donde quedaron nueve trabajadores atrapados, según reportó la cadena BBC.

Pero el caso más emblemático es el Departamento de Madre de Dios, que tiene una de las minas informales más representativas del país.

“Tiene un efecto paradójico. El Departamento de Madre de Dios, tiene la menor tasa de pobreza del país. La minería ilegal, que tiene una serie de conexiones de prostitución, bares, hoteles, es muy inclusiva. No se requiere ser doctor en Harvard para ser minero informal”, dice Aramburú López.

Además, este segmento informal posee un efecto redistributivo que no tiene la gran minería corporativa, pues esta sólo da empleos directos a menos de 0.8% población económicamente activa y gran parte esos recursos se queda en un sector pequeño de la población peruana.

Por si fuera poco, los impuestos que pagan las grandes mineras y que se destinan a inversiones locales y regionales, pero no caen en las manos que de la población en general.

“Pocas veces esas inversiones han sido manejadas de forma correcta, por un problema combinado de competencia y corrupción. Una de las tragedias es que el impuesto que pagan las mineras no llega al poblador de a pie y al campesino, por lo tanto, para ellos la minería es un problema y no una oportunidad”, lamenta el docente peruano.

 

Los caminos posibles

El gobierno de Kuczynski ha reiterado su intención de intermediar e incluso ha dicho que acudiría él mismo a las negociaciones entre las empresas y las comunidades de ser necesario.

Otra de las soluciones viables, según la profesora de Derecho, es la diversificación productiva como meta de mediano plazo. “No depender de las actividades primarias debería ser un objetivo a mediano y largo plazo”.

Para Carlos Eduardo, las empresas que quieran participar en la minería peruana deben hacer la inversión social antes de empezar los proyectos, para deshacerse de buena parte del impacto social.

“La hipótesis es que los activos de las comunidades locales deben ser mayores durante y después de la extracción minera, como indicador de responsabilidad social y efecto redistributivo”, recomienda el catedrático peruano.

 

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