Es sabido que para los partidos políticos y, en general, las y los políticos, las circunstancias que vive la infancia en el país no son relevantes porque no votan y, en ese sentido, nunca han visto en ese a un sector rentable.

Por eso, frente a las cifras de la Red por los Derechos de la Infancia, que reportan la desaparición en México de 9 mil niñas y niños en los últimos 23 años, el asesinato de 3 niñas y niños diariamente y que el 18% de las personas desaparecidas en México son menores de edad, lo que hay es indiferencia y silencio de la clase política. Resulta evidente que no les interesa explorar cuáles son las circunstancias sociales que están favoreciendo esta situación que, más allá de estar inmersa en la terrible violencia que sabemos existe en México, afecta a este particular grupo de la población, vulnerable en múltiples dimensiones y desatendido desde el punto de vista de las políticas públicas.

En ese sentido, resulta alarmante el recorte presupuestal que se está dando en materia de Guarderías y Estancias Infantiles en la nueva administración federal, pues además de confirmar la ausencia de la perspectiva de género del gobierno que encabeza el presidente López Obrador, lo que nos muestra es que los diagnósticos simplones, de blancos y negros, están dominando las políticas públicas que trascienden los programas de transferencias monetarias.

Las guarderías y estancias infantiles son elementos fundamentales de las políticas públicas orientadas a construir sistemas de cuidados eficientes que permitan a las madres y padres de familia realizar sus labores profesionales y mantener sus vidas personales y familiares en la mayor armonía posible, con la tranquilidad de que sus hijas e hijos estarán bien atendidas en instituciones que promuevan su desarrollo sano e integral. Estos programas están plenamente asociados a logros en materia de igualdad de género en países en donde son robustos y garantizados por el sector público.

Pero además de este factor, el desarrollo infantil es de gran importancia, pues las y los niños que acuden a guarderías y estancias, particularmente de familias con menores recursos económicos, pueden acceder a mejores oportunidades de nutrición y desarrollo, sentando bases para que puedan partir de una mejor situación hacia el futuro, desde temprana edad.

Nadie niega que, en efecto, los manejos de estos programas puedan haber sido equivocados, poco transparentes e incluso hayan podido caer en corrupción, llevando a tragedias como las de la Guardería ABC u otras que permanecen en el anonimato. Nadie niega que presenten muchos problemas de ejecución, como la falta de acceso democrático a sus servicios. Eso, como en todos los demás programas de gobierno, puede y debe ser revisado, corregido y deben sancionarse los abusos. No obstante, es injustificable la reducción de recursos cuando estamos tratando de construir una sociedad más igualitaria entre géneros, cuando estamos tratando de impulsar políticas que velen por el interés superior de las y los menores de edad y prevenir que niñas y niños en el país sean dejados a su suerte, mientras sus madres y padres tratan de sacarles adelante y ofrecerles vidas más dignas y decorosas. ¿No sería lo justo que el Estado les acompañe en estos esfuerzos? ¿O es que estamos regresando con López Obrador al paradigma de que las madres deben estar en casa cuidando a sus hijas e hijos sin importar sus proyectos y sin importar que el sueldo no alcance?

Hace unos meses, el hashtag #ConLosNiñosNo se hizo famoso por la defensa que Beatriz Gutiérrez hizo de la integridad de su hijo (hijo menor, también, del presidente de la República). Él, como niño, tuvo la fortuna de contar con cuidados y apoyos de terceras personas mientras su padre hacía campaña para la presidencia de la República recorriendo todo el país y su madre lo apoyaba y realizaba también sus proyectos profesionales personales. Eso es un privilegio que pocas familias en el país tienen porque no existen sistemas de cuidado accesibles y seguros para las familias.

Las mamás, los papás y la infancia de todo México merecen contar con esas mismas posibilidades si de verdad queremos construir círculos familiares más seguros y un tejido social más sano, en el que el estatus económico no determine si una madre o un padre pueden seguir sus responsabilidades económicas y proyectos de vida, o impida que niñas y niños tengan la posibilidad de contar con un piso parejo que les garantice integridad y desarrollo mientras sus madres y padres trabajan.

 

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