Por Omar Camacho Martínez*

El boom de la digitalización actualmente resuena a gran escala en el mercado tan claro y fuerte que muchas organizaciones ya la adoptaron, o están en proceso de hacerlo. Sin embargo, es indispensable tener en cuenta esto: la tecnología, por sí sola, no representa una ventaja competitiva sobre los demás y no nos coloca a la vanguardia en el mercado.

Muchas de estas empresas, que ya están inmersas en la digitalización, piensan que el valor de las nuevas herramientas sólo radica en procesos más eficientes y resultados mejor medidos. Si bien es cierto que estas ventajas son las que recibimos de primera mano, pocas veces tomamos en cuenta que la tecnología también debe influir y apoyar movimientos estratégicos a partir de sí misma.

Una estrategia digital debe ser recibida y cobijada por una organización adaptable a ella y a su entorno, para que realmente se hable de una ventaja competitiva sostenible, entendiendo que las nuevas tecnologías transforman las relaciones, tanto en el trabajo como fuera de él.

Pero también las personas tienen una influencia en la tecnología, pues al asumir que es sólo una herramienta podemos darle un uso que quizá no estaba contemplado, como sucede en ocasiones, pero que resulta ser de un alto beneficio para nuestra organización.

En otras palabras, hay posibilidades ocultas en la digitalización. Existe más de una forma “correcta” de usar la tecnología para apoyar objetivos. Nuestro desafío como empresa justamente será encontrar ese uso distinto, lo que sólo se descubre a través de la cotidianeidad, cuando el equipo se apropia de estos recursos y experimenta con ellos para sacarles mayor ventaja.

Para cuestionar nuestra estrategia digital, debemos entender cuál es su objetivo. Si estamos en una etapa inicial de digitalización, lo natural será usar la tecnología para mejorar nuestros procesos de venta y servicio al cliente. Si ya hay algo de camino recorrido, normalmente buscaremos innovación y una mejor la toma decisiones de negocio.

Si este diagnóstico nos posiciona en una etapa temprana, debemos dar suficiente tiempo de adaptación para el cumplimiento de objetivos; por el contrario, si nuestro nivel de digitalización está en punto de madurez, el siguiente paso lógico será que la propia estrategia descubra vicios ocultos, antes imperceptibles, lo que impacta en los costos y revela posibilidades para innovar.

Es importante tener en cuenta que existen “falsas posibilidades”, es decir, medios y estrategias digitales que no cumplen con sus objetivos primarios, y que sin embargo pueden dar la percepción de una madurez aparente. Si no es totalmente funcional, si sólo se utiliza como método de control y no aporta en todos los niveles de la organización, habrá que evaluar su efectividad.

Pero aportar en todos los niveles del negocio, implica también homologar los objetivos y los procesos en todos ellos. Las nuevas tecnologías nos brindan su máximo potencial, si logramos que todos los que trabajan alrededor de ella conozcan sus propios alcances y responsabilidades.

Si consideramos que “lo digital” abarca casi todas las áreas de nuestra vida, generar un espíritu de experimentación y curiosidad al interior de nuestra empresa, puede ayudarnos a descubrir nuevas posibilidades para ampliar y diversificar el uso de la tecnología y aprovecharla en beneficio del negocio.

*Socio Líder de Customer & Marketing en Deloitte Digital, Deloitte México.

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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