Por Luis Javier Álvarez Alfeirán

El turismo, ha estado en la agenda del gobierno y los medios de comunicación durante los últimos meses, mucho se ha hablado ya en relación con el aeropuerto de la CDMX y el Tren Maya. Están también en la agenda la cancelación o no de inversiones en eventos como la Fórmula 1 o el partido de temporada regular que la NFL programa en nuestro país, el patrocinio de Pemex al piloto mexicana Sergio “Checo” Pérez, así como la reasignación de recursos del Fondo de Promoción Turística.

La realidad es que la actividad turística ha posicionado a México en un pedestal de liderazgo en la región. Internamente las cifras son también alentadoras, el 2018 ha sido un año récord para el turismo en México con 41.5 millones de turistas internacionales, 22.5 mil millones de dólares en divisas internacionales (5.5% más que en 2017) dejando un saldo favorable en la balanza de 6.8% más que el año anterior (11.20 mil millones de dólares). Es evidente que el turismo para la economía nacional ocupa un lugar sumamente importante y por tanto debe seguir como un punto prioritario en la agenda del gobierno federal y de los gobiernos estatales.

Pero el otro aspecto del turismo es su capacidad de desarrollo para las comunidades locales. México no sólo es rico en recursos naturales que claramente forman parte del atractivo turístico; sus playas, bosques y selvas atraen a miles de turistas a nuestro territorio. Ha ido creciendo un sector del turismo basado en la riqueza y atractivos locales como lo son por ejemplo los avistamientos de luciérnagas en el estado de Tlaxcala, la ruta del café o la ya consolidad ruta del vino en baja California.

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El desarrollo de México como potencia turística tiene que ver con la cultura y las tradiciones. La riqueza gastronómica de nuestro país es sin duda un anzuelo que brilla de manera diferente en los catálogos vacacionales internacionales; la arqueología y las ciudades coloniales, las haciendas, los colores, textiles, la danza y tantas otras expresiones culturales, forman parte del mosaico incomparable que, sumado a nuestra ya reconocida hospitalidad, nos privilegia como nación y como oferta turística.

A su vez, México no puede dejar de ser una nación moderna y desarrollada, el gran reto es preservar las tradiciones culturales, pero con la mirada puesta en el futuro, donde viajar sea cada vez más fácil y más seguro, ya sea por mar, aire o tierra; acercar toda la riqueza del país a través de infraestructura carretera, aeroportuaria, ferroviaria o portuaria según sea el caso, no puede recibir cuestionamientos ni abandonarse. La conectividad de las comunicaciones abre las puertas al desarrollo turístico y comunitario, la seguridad y certeza en las inversiones del empresariado nacional e internacional son necesarias para generar más turismo y, por ende, más riqueza y desarrollo.

Hay posibilidad para nuevos y grandes proyectos; a su vez, los grandes polos turísticos ya consolidados tienen aún, grandes desafíos; el crecimiento y la consolidación deben hacerse de forma sostenible y en beneficio de la comunidad local, del turismo y del turista. La entendida justicia social debe ser compartida entre todos para que el todo se de en equilibrio y por lo tanto perdure. Si, como potencial turístico de México, tomamos en cuenta sólo la riqueza del lugar y no la riqueza de su gente no sólo perdemos parte de su valor sino también la posibilidad de preservarlo en el tiempo. El cuidado de nuestros recursos turísticos, de su consolidación y crecimiento están en primer lugar en los habitantes de aquellas comunidades que hasta hoy los han hecho ricos, también, en los distintos órganos de gobierno, –en especial los locales–, que tienen la obligación de preservar su identidad única, igualmente, en las empresas que, a través del aporte económico y la experiencia, ayuden a las mismas a convertirse en un atractivo de dimensiones internacionales.

México pues, no puede detenerse: el crecimiento turístico debe acompañarse del desarrollo comunitario, no nos vaya a pasar como a la ya famosa fábula –atribuida a Esopo–: la gallina de los huevos de oro.

*Director de Le Cordon Bleu Anáhuac

 

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