Las marcas y productos tienen mucho que aprender del amor a la hora de interactuar con sus consumidores. Hay amores a primera vista y seducciones lentas con el paso del tiempo, coqueteos inesperados o desilusiones profundas. Como ejemplo tenemos el incremento meteórico de los sitios en línea y aplicaciones de telefonía celular de citas y ligues. Simplemente en Estados Unidos es una industria que sobrepasa los 2 mil millones de dólares de ingresos anuales y 40 millones de usuarios. Mientras los usuarios a nivel global llegan a los 100 millones.

Estamos en la era en la que contamos con mayor conectividad, mayor interactividad y mayor selección disponible como nunca lo habíamos tenido. Revisamos nuestro teléfono celular más de 50 veces al día. Según datos de la Asociación de Internet de 2018, en México pasamos más de ocho horas conectados diariamente a internet y 89% del uso es para revisar cualquier tipo de red social, asimismo, ocho de cada 10 personas duermen con su celular a menos de 30 centímetros de distancia.

Con tantas marcas y productos compitiendo en el mercado por el mismo consumidor y tratando de abarcar los diversos medios publicitarios, hacer conexiones reales, íntimas y significativas con nuestros clientes, se vuelve más importante que nunca para el crecimiento empresarial. De hecho, recordemos que la palabra marca, tiene su origen en eso, en cómo se marcaba al ganado para demostrar la propiedad. Es tiempo de retomar ese significado y dejar una huella profunda en nuestros consumidores y preguntarnos ¿cómo podemos enamorar realmente a nuestros usuarios? Para ello, existen tres leyes de atracción que los sitios y apps en línea nos han enseñado:

  • Honestidad: El ser claro y transparente sin engaños u ofertas increíbles permiten una relación más abierta. Evitemos la típica foto con retoques para que a la hora de la verdad aparezca un susto totalmente distinto. Seamos francos. Las marcas que sufren por no poder transmitir su esencia en tan solo una foto o una oración serán borradas de la mente del consumidor.
  • Dales lo que piden: Se trata tanto de datos como de magia. Están bien las estadísticas e indicadores de productividad, así como de realizar estudios de mercado para optimizar nuestro producto, pero también usemos los algoritmos escondidos que influyen en la decisión, vayamos más allá de los datos e investiguemos sus deseos más ocultos e insights y démosles a nuestros clientes lo que piden sí, pero también lo que desean, recordemos que los clientes no siempre compran lo que necesitan sino solo lo que quieren.
  • Desnúdate: Haz tu mensaje tan llamativo y directo como sea posible, la atención es un bien preciado y cada vez más se reduce en tiempo, si lo ponemos bajo capas de ropa (diseño y texto en demasía para ganar premios) seguramente perderemos al cliente, las ventas se hacen en caliente, si dejamos pasar el tiempo se enfrían los deseos y la necesidad. Dejemos el pudor y vayamos directo al grano, el cliente lo agradecerá. Nuestro sistema cognitivo se está entrenando a tomar decisiones rápidas y fáciles basadas en información limitada.

Las marcas en lugar de anuncios publicitarios deberían de pensar en hacer perfiles de ligue para que sus consumidores los elijan, enfoquémonos en ser simples, directos y sexys como el nuevo consumidor de esta era lo está demandando.

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