Por Máximo Santos Miranda

En los pronósticos de casi todos los analistas internacionales se coincide en que el año 2019, además de ser un año complejo en lo económico y lo geopolítico, será un año en que el crecimiento económico mundial tenderá a la desaceleración. El grado de desaceleración, sin embargo, es algo en que los economistas no se ponen de acuerdo y es que las variables a considerar son muchas y muy variadas y la ponderación que se quiera otorgar a las mismas depende de multitud de elementos subjetivos que, por su propia naturaleza, dependen del sesgo que cada uno de los estudiosos decida otorgarles.

Uno de los estudios más importantes al respecto es el que hizo público el Banco Mundial el pasado 8 de enero. En dicho análisis se remarcaba que el crecimiento mundial medio decrecería en una décima en relación al del ejercicio previo y que volvería a rebajarse en otra décima el próximo año. El decrecimiento no parece ser demasiado relevante a tenor de estas cifras, ya que se pasaría de un crecimiento medio mundial en el 2018 del 3 % al 2,9 % en el 2019, pero sí que marca un cambio de tendencia. Entre las claves que el organismo multilateral cita para explicar este menor crecimiento económico subraya dos de forma explícita y principal: el debilitamiento del comercio y la inversión. Me voy a centrar en el primero de los dos puntos con el objeto de poner sobre la mesa las claves que nos permitan valorar cómo será la senda del crecimiento del comercio mundial en el ejercicio actual y en los sucesivos.

El primer elemento a considerar es la ralentización del crecimiento de la economía china. Dicho freno a sus rampantes niveles de crecimiento se puede explicar atendiendo a diversos motivos:  sus elevadas cotas de endeudamiento, la guerra comercial que mantiene con Estados Unidos y cuyo desenlace en estos momentos presenta numerosas incógnitas, los cada vez mayores recelos a las inversiones chinas por parte de diversos gobiernos y colectivos, el agotamiento de su modelo de crecimiento económico, etc. Estos y otros factores conllevan a que el gigante asiático verá como el crecimiento de su economía se vaya deteniendo, aunque la intensidad de su ralentización es algo en lo que existen divergencias entre los economistas y los principales organismos multilaterales. Sin embargo, lo que sí que podemos tener claro es que dicha ralentización económica impactará, como no puede ser de otro modo, en el crecimiento del comercio mundial.

Por otro lado, también existe un consenso bastante generalizado en que el marco geopolítico está empeorando de forma paulatina. A las comentadas tensiones entre Estados Unidos y China, se unen crecientes problemas en ciberseguridad en un mundo cada vez más dependiente de todo lo que tiene que ver con la electrónica, conflictos como el de Siria que no terminan de resolverse o la tensa situación que se vive en zonas como el mar del sur de China, Ucrania o Irán, configuran un mapa geopolítico de elevados riesgos políticos e incertidumbres que no son precisamente lo que el comercio mundial necesita para que continúe su expansión. Junto a estos hechos se unen otros muchos como el auge de los populismos a nivel internacional, el Brexit o el auge de nuevas formas de hacer política cuyos efectos en la vida económica y en el comercio internacional no están claros en estos momentos.

Otro aspecto que retraerá el comercio mundial son las crecientes medidas proteccionistas que se están tomando a nivel internacional. Según datos presentados por la OMC en el mes de diciembre, los países miembros de esta organización aplicaron 137 medidas que restringían el comercio entre octubre del año 2017 y octubre del 2018. Estas decisiones suponen un importante incremento en relación con aquellas adoptadas en el periodo inmediatamente anterior e incluían, entre otras, restricciones cuantitativas o la elevación de aranceles. Si analizamos estas restricciones desde un punto de vista cuantitativo, el organismo multilateral estimó que éstas afectaron a un volumen de comercio de 588.3000 millones de dólares o lo que es lo mismo una cantidad que supone siete veces la del mismo periodo del ejercicio precedente.

Sin embargo, junto a los elementos anteriores, existen otros que impulsarán y dinamizarán el comercio internacional. Entre estos destacan el impacto que tendrá la digitalización sobre el comercio internacional y es que ésta facilitará la reducción de costes de las transacciones comerciales internacionales a través de una mejor gestión y planificación de las rutas comerciales y una administración más eficaz de las existencias. Adicionalmente a esto, se producirá un aumento de la eficiencia como consecuencia del desarrollo de la Inteligencia Artificial, la robótica y el empleo del blockchain en lo que se refiere a la simplificación y abaratamiento de la logística y los trámites aduaneros. Por lo tanto, fenómenos como el blockchain, la Inteligencia Artificial o la robótica también están actuando como catalizadores que dinamizan e impulsan las transacciones comerciales transfronterizas como puso de manifiesto la OMC en el World Trade Report del año 2018.

Finalmente, se mantendrá el intenso crecimiento del comercio electrónico internacional en el año 2019 y se espera que en los próximos ejercicios este tipo de comercio pueda incluso acelerar su ya robusto crecimiento. Al contrario de lo que pudiera llegar a pensarse, el comercio digital transfronterizo puede ser especialmente beneficioso para pequeñas y medianas empresas, no sólo para las grandes corporaciones, ya que internet constituye un gigantesco altavoz para poner a estas empresas de escaso tamaño en el foco del tablero comercial mundial.

Como conclusión a todo lo anterior podemos señalar que existen elementos dinamizadores y ralentizadores en la expansión del comercio internacional, pero de todos ellos será el mayor o menor desarrollo de la tecnología el que marque la senda del crecimiento del comercio exterior en los próximos años. Hoy en día nos resulta difícil imaginar hasta qué punto fenómenos como la robótica o la Inteligencia Artificial se pueden llegar a desarrollar, pero lo que sí que podemos tener claro en el día de hoy es que estas nuevas tecnologías van a llevar a los fundamentos del comercio internacional a nuevos e ignotos territorios. En definitiva, el comercio internacional no es más que un nuevo campo de desarrollo de la revolución industrial a la que estamos asistiendo.

No obstante, en el desarrollo de la Inteligencia Artificial y la robótica aplicados al mundo del comercio internacional habría que hacerse una serie de preguntas con fundamento ético que sería preciso dar respuesta antes de que dichas soluciones tecnológicas aparezcan en el mercado si no lo han hecho ya: ¿Un robot podría firmar un contrato comercial en nuestro nombre?, ¿Podría vender un robot productos o servicios de una empresa una vez que tenga en su memoria los productos ofertados, sus precios, descuentos y márgenes previstos en cada operación, así como las características técnicas y utilidades de cada producto sin que existiera ninguna intervención humana?, ¿Podría un robot comprender las necesidades de cada cliente en cualquier parte del mundo a través de un listado de preguntas preconfigurado y ofrecerle , sin ningún otro condicionante, aquello que mejor se ajusta a sus necesidades?

*Doctor en Economía y experto en temas de banca, finanzas y hacienda.

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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